
Casimiro de Polonia, Santo
Memoria Litúrgica, 4 de marzo …
Hoy también se festeja a:
- • Humberto de Saboya, Beato
- • Pedro I de Cava, Santo
- • Madre San Luis (María Luisa Isabel de Lamoignon), Beata
- • Zoltán Lajos Meszlényi, Beato
- • Juan Antonio Farina, Santo
La experiencia del amor de Dios
Santo Evangelio según San Lucas 4, 24-30. Lunes III de Cuaresma.
Por: Michael Vargas, LC | Fuente: somosrc.mx

En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo.
Amén.
Cristo, Rey nuestro.
¡Venga tu Reino!
Oración preparatoria (para ponerme en presencia de Dios)
Señor Jesús, ayúdame por favor a experimentar tu amor en cada instante de mi vida.
Evangelio del día (para orientar tu meditación)
Del santo Evangelio según san Lucas 4, 24-30
En aquel tiempo, Jesús llegó a Nazaret, entró a la sinagoga y dijo al pueblo: «Yo les aseguro que nadie es profeta en su tierra. Había ciertamente en Israel muchas viudas en los tiempos de Elías, cuando faltó la lluvia durante tres años y medio, y hubo un hambre terrible en todo el país; sin embargo, a ninguna de ellas fue enviado Elías, sino a una viuda que vivía en Sarepta, ciudad de Sidón. Había muchos leprosos en Israel, en tiempos del profeta Eliseo; sin embargo, ninguno de ellos fue curado, sino Naamán, que era de Siria». Al oír esto, todos los que estaban en la sinagoga se llenaron de ira, y levantándose, lo sacaron de la ciudad y lo llevaron hacia un precipicio de la montaña donde estaba construida la ciudad, para despeñarlo. Pero él, pasando por en medio de ellos se alejó de allí.
Palabra del Señor.
Medita lo que Dios te dice en el Evangelio
En la vida, es bueno aprender a tener certezas, fundamentos; una roca firme en la cual nos podemos sentir seguros, afianzarnos, sin que cambie nuestra manera de amar, o sin dejarnos abatir por las dificultades o inconvenientes que van surgiendo día a día.
Teniendo en cuenta este fundamento en nuestra vida, notaremos que pocas cosas cambiarán. Sí cambiarán las circunstancias, los lugares, los momentos, incluso las personas, pero no cambia el hecho de que somos amados por Dios, pues la mayor certeza y fundamento que podemos tener en la vida, es el experimentar y gozar de este amor que no sólo es temporal, sino que se vive para toda la eternidad.
Al experimentarlo, como lo experimentaron la viuda y el leproso del Evangelio de hoy, vemos que en primer lugar, no es un amor en multitud, ya que no somos un número más en el mundo, al contrario, es un amor personal, de un padre que vela, que ama a cada uno de sus hijos y que sale al encuentro de aquél que se siente necesitado. Otro aspecto que podemos descubrir es el hecho de que es un amor sin medida, pues Dios se dona a nosotros aun en los momentos en que experimentamos la fragilidad humana. Para experimentarlo debemos dejar abierta la puerta de nuestro corazón, recogernos interiormente e intentar escuchar la dulce y suave voz de Dios, que susurra, ¡te amo!, en cada momento de la vida.
«Dios no nos ama porque nosotros tengamos ninguna razón que suscite amor. Dios nos ama porque Él mismo es amor, y el amor tiende, por su naturaleza, a difundirse, a entregarse. Dios tampoco vincula su benevolencia a nuestra conversión, más bien es una consecuencia del amor de Dios».
(Catequesis del Papa Francisco, 14 de junio de 2017).
Diálogo con Cristo
Ésta es la parte más importante de tu oración, disponte a platicar con mucho amor con Aquel que te ama.
Propósito
Proponte uno personal. El que más amor implique en respuesta al Amado… o, si crees que es lo que Dios te pide, vive lo que se te sugiere a continuación.
Demostraré mi amor a Dios viviendo con alegría ante las dificultades e imprevistos que surjan en la vida.
Despedida
Te damos gracias, Señor, por todos tus beneficios, a ti que vives y reinas por los siglos de los siglos.
Amén.
¡Cristo, Rey nuestro!
¡Venga tu Reino!
Virgen prudentísima, María, Madre de la Iglesia.
Ruega por nosotros.
En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo.
Amén.
La alegría de anunciar el Evangelio en Cuaresma
La Cuaresma es un tiempo propicio para renovar nuestra alegría de anunciar el Evangelio.
Por: Redacción | Fuente: Catholic.net

Jesús es la alegría
El mensaje cristiano, como hemos escuchado de las palabras que el ángel dirige a los pastores, es el anuncio de «una gran alegría» (Lc 2,10). ¿La razón? ¿Una buena noticia, una sorpresa, un bonito suceso? Mucho más, una persona: ¡Jesús! Jesús es la alegría. Es Él el Dios hecho hombre que ha venido a nosotros.
Cómo anunciar a Jesús
La cuestión no es por tanto si anunciarlo, sino cómo anunciarlo, y este “cómo” es la alegría. O anunciamos a Jesús con alegría, o no lo anunciamos, porque otro camino para anunciarlo no es capaz de llevar la verdadera realidad de Jesús. Es por eso que un cristiano infeliz, un cristiano triste, un cristiano insatisfecho o, peor todavía, resentido y rencoroso no es creíble. ¡Este hablará de Jesús, pero nadie le creerá!
El Evangelio no es una ideología
El Evangelio no es una ideología: el Evangelio es un anuncio, un anuncio de alegría. Las ideologías son frías, todas. El Evangelio tiene el calor de la alegría. Las ideologías no saben sonreír, el Evangelio es una sonrisa, te hace sonreír porque te toca el alma con la Buena Noticia. La alegría de tener a Jesús resucitado.
El encuentro con Jesús
El encuentro con Jesús siempre te lleva a la alegría y si esto no te sucede a ti, no es un verdadero encuentro con Jesús. Los primeros que deben ser evangelizados somos nosotros, cristianos: somos nosotros. Y esto es muy importante. Debemos vivir la experiencia de un Cristo vivo en su Iglesia y en el prójimo, y compartir esa experiencia con los demás.
El Evangelio es esperado
El Evangelio es esperado también hoy: el hombre de hoy es como el hombre de todo tiempo: lo necesita, también la civilización de la incredulidad programada y de la secularidad institucionalizada; es más, sobre todo la sociedad que deja desiertos los espacios del sentido religioso, necesita de Jesús. Este es el momento favorable al anuncio de Jesús.
La Cuaresma, tiempo de alegría
La Cuaresma es un tiempo propicio para renovar nuestra alegría de anunciar el Evangelio. No es un tiempo de tristeza depresiva, de caras largas; sí, es un tiempo de penitencia, de renovar nuestro corazón, pero es preciso “perfumarse la cara”. Llorar por nuestroe pecados en este timpo de conversión no está peleado con la realidad de anunciar el Evangelio con alegría. Este es un tiempo de gracia, de conversión, de preparación para la Pascua. Es un tiempo de acercarnos más a Jesús, de dejarnos transformar por su amor, de salir al encuentro de los demás con el testimonio de nuestra fe. Es un tiempo de alegría, porque la alegría del Señor es nuestra fuerza (Neh 8,10).
¿De qué manera práctica puedo anunciar con alegría el Evangelio en mi día?
Hay muchas maneras prácticas de hacerlo, algunas de ellas pueden ser:
* Ora por las personas a las que quieres anunciar el Evangelio. Pídele al Señor que te dé sabiduría, amor y valentía para compartir tu fe con ellos.
* Da testimonio de tu vida cristiana con coherencia, humildad y alegría. Muestra con tus palabras y obras que Jesús es el centro de tu vida y que te hace feliz.
* Dialoga con respeto, interés y apertura con las personas que tienen otras creencias o dudas sobre el Evangelio. Escúchalas con atención, respeta sus opiniones y comparte con ellas las razones de tu esperanza.
* Invita a las personas a participar en alguna actividad de tu comunidad, como una Misa, una oración, un grupo de reflexión, un servicio solidario, etc. Así podrán conocer más de cerca el Evangelio y la Iglesia.
* Ofrece recursos que puedan ayudar a las personas a profundizar en el Evangelio, como un libro, un folleto, un video, un podcast, una página web, etc. Puedes recomendarles algunos que te hayan gustado o que creas que pueden interesarles.
(Reflexión basada en la catequesis del Papa Francisco sobre El anuncio es alegría).