Quintín, Santo
Mártir, 31 de octubre…
Hoy también se festeja a:
- • Quintín, Santo
- • Irene Stefani, Beata
- • María de la Purísima de la Cruz Salvat y Romero, Santa
- • Cristóbal de Romagna, Beato
- • Domingo Collins, Beato
Una escucha activa de Dios
Por: H. Francisco J. Posada, LC | Fuente: www.somosrc.mx
En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo.
Amén.
Cristo, Rey nuestro.
¡Venga tu Reino!
Oración preparatoria (para ponerme en presencia de Dios)
Señor, dame la gracia de tener una convicción tan fuerte en tu amor que me lleve a hacer lo impensable.
Evangelio del día (para orientar tu meditación)
Del santo Evangelio según san Lucas 13, 31-35
En aquel tiempo, se acercaron a Jesús unos fariseos y le dijeron: «Márchate de aquí, porque Herodes quiere matarte».
Él les contestó: «Vayan a decirle a ese zorro que seguiré expulsando demonios y haciendo curaciones hoy y mañana, y que al tercer día terminaré mi obra. Sin embargo, hoy, mañana y pasado mañana tengo que seguir mi camino, porque no conviene que un profeta muera fuera de Jerusalén.
¡Jerusalén, Jerusalén, que matas y apedreas a los profetas que Dios te envía! ¡Cuántas veces he querido reunir a tus hijos, como la gallina reúne a sus pollitos bajo las alas, pero tú no has querido!
Así pues, la casa de ustedes quedará abandonada. Yo les digo que no me volverán a ver hasta el día en que digan: ‘Bendito el que viene en nombre del Señor'».
Palabra del Señor.
Medita lo que Dios te dice en el Evangelio
La misión de Cristo implicaba también su muerte. Él la había aceptado, sabiendo que su vida estaba en juego, porque tenía la firme convicción de que el Padre no lo abandonaría. Ante la amenaza de Herodes, Jesús, teniendo el poder divino, se muestra sereno porque el plan que el Padre le ha dado es de su conocimiento y lo quiere cumplir como debe. El momento de su muerte llegará, pero no ahora. Él mismo da la señal de los tres días en los que la obra divina tendrá lugar, pero al tercero terminará y algo más tendrá inicio, un tiempo renovado de alegría.
En la figura de Herodes, Jesús ve cómo la gente de Jerusalén se ha cerrado a su mensaje y se conmueve porque quería que todos llegasen a convertirse en hijos de Dios, no solo de nombre, sino también de hecho. Es de notar cómo se matizan los sentimientos de Cristo que se expresan en la figura de una gallina que reúne a sus críos bajo sus alas; esta figura nos habla de la ternura divina que se muestra comprensiva con los que quiere, aun en los momentos difíciles. Cristo es como una madre que no se cansa de amar a sus hijos y sufre cuando ellos sufren; este sufrimiento que Cristo experimenta se debe a que hay gente que se pierde, en lugar de seguir su mensaje, y no podrá encontrar su felicidad.
La muerte de Cristo nos ayuda a comprender nuestro propio sufrimiento humano y cómo la historia no se quedó allí; nos ayuda a saber que Dios nos hizo para ser felices y no para sufrir; por esto Cristo resucitó y nos comunicó el gozo de su nueva vida.
«Les recomiendo vigilar no sólo individualmente, sino colegialmente, dóciles al Espíritu Santo, sobre este permanente punto de partida. Sin este núcleo languidecen los rasgos del Maestro en el rostro de los discípulos, la misión se atasca y disminuye la conversión pastoral, que no es otra cosa que rescatar aquella urgencia de anunciar el Evangelio de la alegría hoy, mañana y pasado mañana, premura que devoró el Corazón de Jesús dejándolo sin nido ni resguardo, reclinado solamente en el cumplimiento hasta el final de la voluntad del Padre. ¿Qué otro futuro podemos perseguir? ¿A qué otra dignidad podemos aspirar?».
(Discurso de S.S. Francisco, 7 de septiembre de 2017).
Diálogo con Cristo
Ésta es la parte más importante de tu oración, disponte a platicar con mucho amor con Aquel que te ama.
Propósito
Proponte uno personal. El que más amor implique en respuesta al Amado… o, si crees que es lo que Dios te pide, vive lo que se te sugiere a continuación.
Rezar el rosario por los cristianos perseguidos en el mundo.
Despedida
Te damos gracias, Señor, por todos tus beneficios, a ti que vives y reinas por los siglos de los siglos.
Amén.
¡Cristo, Rey nuestro!
¡Venga tu Reino!
Virgen prudentísima, María, Madre de la Iglesia.
Ruega por nosotros.
En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo.
Amén.
¿Por qué la Iglesia Católica tiene tantos santos?
Por: Redacción | Fuente: CatolicoDefiendeTuFe.org
Son muchas las personas que preguntan: ¿por qué la Iglesia Católica tiene tantos Santos? Ya sea por curiosidad o mala fe, ésta pregunta tiene un común denominador: la ignorancia. Todos los seres humanos somos ignorantes en mayor o menor medida, pero cuando ésta pregunta viene de personas que se consideran conocedoras de la Biblia, sólo podemos concluir dos cosas: en realidad no conocen la Escritura o lo que los mueve es la mala fe. Para dar respuesta, primero debemos preguntarnos:
¿QUIÉNES SON LOS SANTOS?
“Pedro, que andaba recorriendo todos los lugares, bajó también a visitar a los santos que habitaban en Lida” Hechos 9,32.
“A todos los amados de Dios que estáis en Roma, santos por vocación, a vosotros gracia y paz, de parte de Dios nuestro Padre y del Señor Jesucristo” Romanos 1,7.
“¿No sabéis que los santos han de juzgar al mundo? Y si vosotros vais a juzgar al mundo, ¿no sois acaso dignos de juzgar esas naderías?” 1 de Corintios 6,2.
Los Apóstoles llaman a los miembros de la Iglesia “Santos”, y tienen razón, la Iglesia somos nosotros los fieles y así como dice San Pablo:
“En efecto, así como por la desobediencia de un solo hombre, todos fueron constituidos pecadores, así también por la obediencia de uno solo todos serán constituidos justos” Romanos 5,19.
El pecado de Adán nos convirtió a todos en pecadores, pero por la Sangre y la Muerte de Cristo todos fuimos hechos Santos:
“Maridos, amad a vuestras mujeres como Cristo amó a la Iglesia y se entregó a sí mismo por ella, para santificarla, purificándola mediante el baño del agua, en virtud de la palabra, y presentársela resplandeciente a sí mismo; sin que tenga mancha ni arruga ni cosa parecida, sino que sea santa e inmaculada” Efesios 5,25-27.
Jesucristo santificó a su Iglesia, es decir a nosotros, y su Iglesia debe ser “santa e Inmaculada”, pero eso no significa como equivocadamente creen los “cristianos evangélicos”, que como Jesús ya lo hizo todo, nosotros ya no debemos hacer nada, sino, sólo “tener fe y aceptar a Cristo como tú Señor y salvador”, pues Cristo mismo dice:
“No todo el que me diga: «Señor, Señor, entrará en el Reino de los Cielos, sino el que haga la voluntad de mi Padre celestial” Mateo 7,21.
“¿Por qué me llamáis: «Señor, Señor», y no hacéis lo que digo?” Lucas 6,46.
Y ¿QUÉ FUE LO QUE JESUCRISTO NOS MANDÓ QUE HICIÉRAMOS?
“Vosotros, pues, sed perfectos como es perfecto vuestro Padre celestial” Mateo 5,48. En clara referencia a Levítico 19,2.
“Habla a toda la comunidad de los israelitas y diles: Sed santos, porque yo, Yahveh, vuestro Dios, soy santo” Lv. 19,2.
TODOS ESTAMOS LLAMADOS A SER SANTOS
“A la Iglesia de Dios que está en Corinto: a los santificados en Cristo Jesús, llamados a ser santos, con cuantos en cualquier lugar invocan el nombre de Jesucristo, Señor nuestro, de nosotros y de ellos” 1 de Corintios 1,2.
“como dice la Escritura: Seréis santos, porque santo soy yo” 1 de Pedro 1,16.
Jesucristo ya ganó para nosotros la salvación y la vida eterna, ahora nos toca a nosotros realizar nuestra parte y ser dignos de tan hermoso regalo, esforzarnos por ser Santos e irreprochables, porque si no somos Santos no podremos estar con él Señor.
“Para que se consoliden vuestros corazones con santidad irreprochable ante Dios, nuestro Padre, en la Venida de nuestro Señor Jesucristo, con todos sus santos” 1 de Tesalonicenses 3,13.
“Procurad la paz con todos y la santidad, sin la cual nadie verá al Señor” Hebreos 12,14.
Una vez entendido a la luz de la Biblia que no basta con decir a Cristo “Señor, Señor” y que todos tenemos el deber de ser Santos para ir al cielo, borrando la falsa idea de que un Santo es una persona que nunca peca, pues todos los Santos también cometen pecados, pues “Si decimos: «No tenemos pecado», nos engañamos y la verdad no está en nosotros” 1 de Juan 1,8. Podemos entender que la Iglesia Católica en realidad no tiene muchos Santos, y sólo conocemos la punta de iceberg, a unos pocos canonizados, de los cuales la Iglesia tiene la certeza de que ya están en el cielo:
“Y asamblea de los primogénitos inscritos en los cielos, y a Dios, juez universal, y a los espíritus de los justos llegados ya a su consumación” Hebreos 12,23.
La gran mayoría de los Santos nos son aún desconocidos y sólo son conocidos por Dios, pero al fin del mundo vendrán desde el cielo con Jesucristo.
“…Y vendrá Yahveh mi Dios y todos los santos con él” Zacarías 14,5.
“…con santidad irreprochable ante Dios, nuestro Padre, en la Venida de nuestro Señor Jesucristo, con todos sus santos” 1 de Tesalonicenses 3,13.
Sólo quien no conoce la escritura puede cuestionar que la iglesia católica tiene muchos santos, ¡¡ojalá seamos todos!!
Santos todos, rogad por nosotros…
Pax Et Bonum
