- • Luigi della Consolata (Andrea) Bordino, Beato
- • David Lewis, Santo
- • Domingo de la Madre de Dios Barberi, Beato
- • David Lewis, Santo
- • Cesáreo de Arlés, Santo
- • Crisanto (Casimiro González García), Beato
¡Estad en vela no sabes el día ni la hora!
Tiempo Ordinario
Por: P. Clemente González | Fuente: Catholic.net

Del santo Evangelio según san Mateo 24, 42-51
En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: Estad en vela, porque no sabéis qué día vendrá vuestro Señor. Comprended que si supiera el dueño de casa a qué hora de la noche viene el ladrón, estaría en vela y no dejaría abrir un boquete en su casa. Por eso estad también vosotros preparados, porque a la hora que menos penséis viene el Hijo del Hombre. ¿Dónde hay un criado fiel y cuidadoso, a quien el amo encarga de dar a la servidumbre la comida a sus horas? Pues dichoso ese criado, si el amo, al llegar, lo encuentra portándose así. Os aseguro que le confiará la administración de todos sus bienes. Pero si el criado es un canalla y, pensando que su amo tardará, empieza a pegar a sus compañeros, y a comer y a beber con los borrachos, el día y la hora que menos se lo espera, llegará el amo y lo hará pedazos, como se merecen los hipócritas. Allí será el llanto y el rechinar de dientes.
Oración introductoria
Oh Dios, que llenaste los corazones de tus fieles con la luz del Espíritu Santo; concédeme que, guiado por el mismo Espíritu, sienta la urgencia de estar siempre preparado, viviendo de cara a la eternidad y que esta oración me capacite para conocerte, encontrarte y amarte.
Petición
Señor, ¡aumenta mi fe!
Meditación del Papa Francisco
Después termina el día, estamos todos cansados, pero la oración, hacemos la oración. Eso es un paso a la santidad. Después llega el domingo, vamos a misa a tomar la comunión, a veces una cuando una confesión que nos limpie un poco. Y después la Virgen, tan buena, tan hermosa, tomo el rosario y le rezo. Esto es un paso a la santidad. Y tantos pasos a la santidad, pequeños. Después voy por la calle veo un pobre, un necesitado, me paro y le pregunto algo. Es un paso a la santidad. Pequeñas cosas. Son pequeños pasos hacia la santidad. Cada paso a la santidad nos hará personas mejores, libres del egoísmo y de la clausura en sí mismos, y abiertos a los hermanos y a sus necesidades.
Queridos amigos, en la Primera Lectura de san Pedro se nos dirige esta exhortación: «Cada uno viva según la gracia recibida, poniéndola al servicio de los otros, como buenos administradores de una multiforme gracia de Dios. Quien habla, lo haga como con palabras de Dios; quien ejercita un oficio, lo haga con la energía recibida de Dios, para que en todo sea glorificado Dios por medio de Jesucristo».
¡Es esta la invitación a la santidad! Acojámosla con alegría, y apoyémonos los unos a los otros, porque el camino hacia la santidad no se recorre solos, cada uno por su cuenta no puede hacerlo, sino que se recorre juntos, en ese único cuerpo que es la Iglesia, amada y hecha santa por el Señor Jesús. (Catequesis de S.S. Francisco, 19 de noviembre de 2014).
Reflexión
El último día de la historia, el final de los tiempos, se ha descrito en muchas ocasiones como un día trágico y ha dado lugar a una literatura que llamamos «apocalíptica».
Jesucristo anunció que vendría de nuevo a la tierra, y que esa venida sería definitiva. Pero, ¿cómo debe preparase un cristiano? Vamos a considerar dos tipos de «esperas».
La primera es parecida a la de un soldado, agazapado en su trinchera, esperando con verdadero miedo el ataque del enemigo. Su única ilusión es que ese momento nunca llegue, porque sabe que puede acabar mal. Es la actitud del que ve el final pensando que va a condenarse por sus pecados. Tiembla, pero tampoco pone remedio.
La segunda espera es la de la esposa que aguarda a su marido, ausente durante mucho tiempo del hogar. Por ejemplo, la esposa de un marinero, que sueña el día en que volverá a estrechar entre sus brazos al amor de su vida. Y cuando se acerca el día, se prepara, se viste, se perfuma y se dispone a recibirle con toda la ilusión del mundo.
El cristiano debe vivir sin temor, preocupado por vivir fielmente el día a día, pero también siendo consciente de la responsabilidad de cada uno de sus actos. Por tanto, no hay que descuidarse y sí estar preparados, con alegría, para el encuentro definitivo con Dios.
Propósito
Ofrecer hoy un pequeño sacrificio a Dios y pedirle la gracia de adquirir la virtud que más necesite para crecer en el amor a los demás.
Diálogo con Cristo
Jesús, qué diferente es mi vida cuando me esfuerzo por ver todo desde el plano de la fe. Las cosas, las actividades, las mismas relaciones sociales, todo se transforma y se vuelve relativo de cara a la eternidad. ¡Qué pocas cosas son importantes! Ayúdame a vivir pensando en el cielo que me has prometido y que lo busque como esa perla fina, ese gran tesoro que dará plenitud a mi vida.
Lo que implica ser católico
Define qué católico eres: abierto o cerrado
Por: P. Fernando Pascual | Fuente: Yoinfluyo.com

En ocasiones se usa la expresión «católicos abiertos» para contraponerla a «católicos cerrados». Los primeros, según quienes usan este tipo de expresiones, serían aquellos católicos que rompen esquemas rígidos, que no se aferran a dogmas como si fueran inmodificables, que tienen libertad para poner en discusión las enseñanzas del Papa y de los obispos, que piensan por su cuenta, más allá de las fronteras estrechas de catecismos y concilios.
Los «católicos cerrados», según quienes usan tales fórmulas, serían aquellos católicos que no ponen en discusión la doctrina oficial.
Son los que acogen plenamente las enseñanzas del Papa y de los obispos, que no tienen la capacidad de poner en duda lo que consideran como dogma, como revelado, como patrimonio acogido por la Iglesia a lo largo de los siglos.
Esta contraposición, sin embargo, supone que hay diversas maneras de ser católicos, cuando en realidad sólo es posible ser católicos de una única manera: la de quienes aceptan plenamente la Revelación de Dios, tal y como la acoge, protege y enseña la Iglesia (el Papa y los obispos que están unidos al Papa y entre sí).
Fuera de esa perspectiva un bautizado deja de ser católico. Por lo mismo, no es auténtico católico, por ejemplo, quien asume ideologías que promueven el odio de clases, o el racismo, o el desprecio hacia otros seres humanos. Tampoco es auténtico católico quien defiende el aborto, o quien promueve la venganza como si fuese algo aceptable, o quien niega la indisolubilidad del matrimonio, o quien rechaza la existencia del demonio y del infierno.
La lista de ideas y doctrinas que se oponen a la fe católica es muy larga. Existen muchos modos de salir del redil de Cristo, de romper con la unidad de la Iglesia. Quien actúa fuera de su identidad de creyente, podrá ser presentado como «abierto», cuando en realidad es simplemente alguien que ha perdido un don maravilloso ofrecido por Dios porque prefirió un día buscarse cisternas rotas que no pueden contentar su corazón (cf. Jer 2,13).
La distinción entre católicos abiertos y cerrados es, por lo tanto, engañosa. El uso de esas etiquetas busca presentar como mejores a los que avanzan hacia la pérdida de su fe, y como peores a los que viven dentro del redil de Cristo (cf. Jn 10,1-16).
La realidad es precisamente la opuesta: un católico que piensa fuera de la «regla de la fe» se cierra a la gracia, queda prisionero de la mentalidad del mundo, rompe la unidad de los creyentes. En cambio, un católico que vive según la doctrina recibida, se abre plenamente a la gracia, acoge el regalo de Dios, permanece dentro de la Iglesia y se une plenamente a sus hermanos.
Sólo desde esa actitud de acogida y de apertura a Dios es posible que haya un solo rebaño y un solo pastor, porque se escucha la única palabra que salva: la que viene del Padre a través de su Hijo en el Espíritu Santo.
