Feliz día de los Abuelitos!!!
“Los abuelos son un tesoro en la familia. Por favor, ¡cuiden de los abuelos, ámenlos, hagan que hablen con los niños!” Papa Francisco
San Joaquín y Santa Ana
Los padres de la Virgen María, 26 de julio…
Hoy también se festeja a:
- • Andrés de Phu Yen, Beato
- • Vicente Pinilla y Manuel Martín Sierra, Beatos
- • Bartolomea Capitanio, Santa
- • Camila Gentilli, Beata
- • Tito Brandsma, Beato
Un don que implica compromiso
Por: H. Alexis Montiel, L.C. | Fuente: missionkits.org
En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.
Cristo, Rey nuestro. ¡Venga tu Reino!
Oración preparatoria (para ponerme en presencia de Dios)
Que tu amor inunde mi corazón y, así, me abras el entendimiento para conocer lo que tu Palabra me quiere decir día con día.
Evangelio del día (para orientar tu meditación)
Del santo Evangelio según san Mateo 13, 10-17
En aquel tiempo se acercaron a Jesús sus discípulos y le preguntaron: «¿Por qué les hablas en parábolas?». Él les respondió: «A ustedes se les ha concedido conocer los misterios del Reino de los Cielos; pero a ellos no. Al que tiene se le dará más y nadará en la abundancia; pero al que tiene poco, aun eso poco se le quitará. Por eso les hablo en parábolas, porque viendo no ven, y oyendo no oyen ni entienden.
En ellos se cumple aquella profecía de Isaías que dice: Ustedes oirán una y otra vez y no entenderán; miraran y volverán a mirar, pero no verán; porque este pueblo ha endurecido su corazón, ha cerrado sus ojos y ha tapado sus oídos, con el fin de no ver con los ojos ni oír con los oídos, ni comprender con el corazón. Porque no quieren convertirse ni que yo los salve.
Pero, dichosos ustedes, porque sus ojos ven y sus oídos oyen. Yo les aseguro que muchos profetas y muchos justos desearon ver lo que ustedes ven y no lo vieron y oír lo que ustedes oyen y no lo oyeron.
Palabra del Señor.
Medita lo que Dios te dice en el Evangelio
Más de alguna vez me he preguntado si es real que no les es concedido a todos saber la verdad del Evangelio, conocer su alegría, su energía, la vida cristiana… Ahora que soy mayor, veo cómo realmente hay muchas personas que no lo han conocido, incluso católicos que se han quedado indiferentes ante los problemas de los demás, que no se quieren comprometer a vivir el Evangelio con radicalidad, y me pregunto por qué no se les ha revelado la verdad.
Señor, Tú conoces el corazón del hombre y sabes que puedo rechazar tu mensaje de amor porque no me doy cuenta de la verdadera vida a la que Tú me llamas cada día.
Este precioso don que es la fe no se puede contener, no es capaz de quedarse sin comunicarse, no es capaz de dejarse de vivir. El único obstáculo que tiene es el de mi falta de autenticidad, mi propia pereza cuando me quedo quieto, con los brazos cruzados. Tú me pides que te sea fiel, a pesar de lo que pase, a pesar de las burlas que me puedan hacer; Tú eres mejor que todo lo que me pudiese pasar, no te puedo traicionar.
Tú no creaste las enfermedades, pero sí a quien las cura; no creaste la guerra, pero sí a quien la puede detener; no creaste la fatiga, pero sí a quien la sabe ayudar; no creaste la tristeza, creaste a quien sabe dar una sonrisa; no creaste la mentira, el odio, la ira, el mal… por eso yo también repito con el salmista: «Aquí estoy, Señor, para hacer tu voluntad».
Nosotros conocemos al Niño Jesús, Jesús que cura a los enfermos, Jesús que predica, que hace milagros, que muere por nosotros y resucita. Sabemos todo esto, pero esto no quiere decir conocer el misterio de Cristo. Se trata de algo más profundo y por ello es necesaria la oración: «Padre, envíame tu Espíritu para que conozca a Cristo». Es una gracia. Es una gracia que da el Padre.
(Homilía de S.S. Francisco, 20 de octubre de 2016, en santa Marta).
Diálogo con Cristo
Ésta es la parte más importante de tu oración, disponte a platicar con mucho amor con Aquel que te ama.
Propósito
Proponte uno personal. El que más amor implique en respuesta al Amado… o, si crees que es lo que Dios te pide, vive lo que se te sugiere a continuación.
Participar en una hora eucarística, o al menos hacer una visita a Cristo Eucaristía, para pedir la gracia de crecer en la experiencia de Cristo en mi vida.
Despedida
Te damos gracias, Señor, por todos tus beneficios, a Ti que vives y reinas por los siglos de los siglos.
Amén.
¡Cristo, Rey nuestro!
¡Venga tu Reino!
Virgen prudentísima, María, Madre de la Iglesia.
Ruega por nosotros.
En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo.
Amén.
El papel de los abuelos
Por: Victòria Cardona, educadora familiar | Fuente: e-cristinas.net
Ante la importancia que hoy, con la integración de la mujer en la vida laboral, tienen los abuelos en la educación de los hijos, reflexionaremos sobre unas actitudes necesarias para sacar adelante esta realidad que a muchos abuelos nos toca asumir. El desarrollo de este tema es también el fruto de mi experiencia personal y de la de otros abuelos.
Este verano, leíamos en la prensa una noticia impresionante: unos abuelos salvaban en un accidente ferroviario a sus dos nietos de 6 y 8 años. Ellos dieron su vida al proteger con sus cuerpos los de los pequeños. A mí me recordó aquella frase del Evangelio: «No hay amor más grande que el de aquél que da su vida por sus amigos», y pensé en tantos otros abuelos que también la dan minuto a minuto, día a día, para que los hijos de sus hijos reciban ternura y afecto ante las ausencias necesarias de los progenitores. Seguramente, los abuelos, que murieron con tanta generosidad, también habían dedicado mucho de su tiempo a aquellos pequeños. Aquel gesto no era fruto de un impulso sino del cariño real para con Abdelaziz y Aceitar, nombre de los supervivientes de este hecho real.
Hoy se habla mucho desde el punto de vista médico del «síndrome de la abuela esclava». La abuela que sólo procura por los hijos, que no se atreve a decir que está agotada por el exceso de responsabilidades en que se encuentra inmersa, y que no se queja porque tiene miedo de no ser útil. Finalmente, con esta situación acaba enfermando. Es posible que eso suceda porque las abuelas siguen teniendo el mismo espíritu maternal de cuándo eran madres (se dice que son dos veces madres) y creen que tienen más conocimientos que sus hijos. En cambio, debido a la edad, les cuesta más recuperarse del esfuerzo físico También, en algunas ocasiones, el abuelo puede ser el gran ausente en esta tarea, ya que, debido a defectos de otras épocas, ha dejado todo el referente del hogar a su mujer y se inhibe totalmente de ayudar.
A la hora de hablar de ayudas, es mejor utilizar la palabra compartir. Compartir a los hijos. Compartir a los nietos. Por lo tanto, compartir el trabajo, compartir las aficiones, compartir los buenos momentos y los no tan buenos, compartir lo que se tiene y la experiencia. Cuando uno sabe pedir complace al otro porque puede compartir. Las abuelas han de saber pedir ayuda a tiempo, antes de que por agotamiento no puedan hacer nada más. Y los hijos jóvenes, que necesitan de la abuela, tienen que estar más atentos al peligro de quedarse sin ella. Los hombres tienen que comprender que encontrarán mucha satisfacción cuidando a sus nietos. Todos los que lo hacen disfrutan de este gran don que es entregarse, sin prisas, sobre todo si se ha llegado a la jubilación laboral.
Para transmitir serenidad y paz al matrimonio joven, tienen que ser muy prudentes y no interferir en sus relaciones. La autonomía y la independencia de los hijos casados tiene que valorarse mucho, así como los objetivos educativos que tengan para sus hijos tienen que respetarse, ya que la responsabilidad es de ellos y no de los abuelos. Este hecho no excluye que cuando los nietos estén en casa de los abuelos tengan que seguir el orden material que sea costumbre en la casa de los mayores. En este tema, para no tener problemas generacionales, tiene que mantenerse una buena comunicación entre abuelos e hijos, sabiendo pasar por alto pequeñas banalidades, distinguiendo lo que es esencial de lo que es accesorio.
El hábitat natural de la persona es su familia. Por eso, se hace patente que allí dónde prioritariamente la gente mayor se puede encontrar realizada es con los suyos. No puede centrarse en ella misma, ni hablar siempre de que las cosas han cambiado demasiado, sino que tiene que adaptarse con flexibilidad a estos cambios. Todos hemos visto la afinidad que hay, en muchas ocasiones, entre un adolescente -la edad de más inseguridad- y sus abuelos. Ver cada día la felicidad de los abuelos, que midiendo sus fuerzas son capaces de dar toda su sabiduría y ternura a los pequeños que van llegando a este mundo da mucha alegría. Para llevar a término todo lo que hemos reflexionado hay que tener una actitud positiva, para resolver problemas sin susceptibilidades, y una actitud participativa para saber dar y recibir. No fuera el caso que estuviéramos paseándonos por casa diciendo: «pobrecita de mí, cómo sufro y lo poco que me quejo».
