
Timoteo y Tito, Santos
Memoria Litúrgica, 26 de enero …
- Hoy también se festeja a:
- • Gabriel María Allegra, Beato
- • José Gabriel del Rosario Brochero, Santo
- • Agustín Erlandsön, Santo
- • Alberico, Santo
- • Paula, Santa
Rogemos al Dueño de la miés
Santo Evangelio según san Lucas 10, 1-9. Santos Timoteo y Tito
Por: Alexis Montiel, LC | Fuente: somosrc.mx

En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo.
Amén.
Cristo, Rey nuestro.
¡Venga tu Reino!
Oración preparatoria (para ponerme en presencia de Dios)
Señor, el mundo necesita de ti, manda más obreros a tu mies; y si me pides algo, dame la generosidad para decirte que sí.
Evangelio del día (para orientar tu meditación)
Del santo Evangelio según san Lucas 10, 1-9
En aquel tiempo, Jesús designo a otros setenta y dos discípulos y los mandó por delante, de dos en dos, a todos los pueblos y lugares adonde pensaba ir, y les dijo: «La cosecha es mucha y los trabajadores pocos. Rueguen, por lo tanto, al dueño de la mies que envíe trabajadores a sus campos. Pónganse en camino; yo los envío como corderos en medio de lobos. No lleven ni dinero, ni morral, ni sandalias y no se detengan a saludar a nadie por el camino. Cuando entren en una casa, digan: ‘Que la paz sea reine en esta casa’. Y si allí hay gente amante de la paz, el deseo de paz de ustedes se cumplirá; si no, no se cumplirá. Quédense en esa casa. Coman y beban de lo que tengan, porque el trabajador tiene derecho a su salario. No anden de casa en casa. En cualquier ciudad donde entren y los reciban, coman lo que les den. Curen a los enfermos que halla y díganles: ‘Ya se acerca a ustedes el Reino de Dios’».
Palabra del Señor.
Medita lo que Dios te dice en el Evangelio
En el Antiguo Testamento se ven escenas en las que el Señor se enoja porque pensamos en números. Sí, como se oye, pensamos en número de seminaristas, sacerdotes, religiosas… y nos olvidamos muchas veces que es el Señor quien hace la obra en nosotros. Se ven los portentos que hace con un pueblo muy religioso, pero muy pequeño y cómo lo castiga cuando busca basar sus acciones en su propia fuerza.
Hoy Cristo nos invita a no cesar, a no darnos por vencidos en la batalla contra el mal, nos invita a seguir pidiendo; es más, nos invita a rogar por nuevos pastores, por gente que realmente esté dispuesta a dar su vida por los demás, por esas almas que buscan la santificación de este mundo, a pesar de lo que sea.
Hoy nos invita el Señor a que, como san Lucas, vayamos a predicar que el reino de Dios está cerca, y a acompañar e invitar a todos aquellos que se quieran hacer partícipes de la misión, sin miedo.
Hoy hay que preguntarnos de qué manera ese anuncio corresponde a cada uno de nosotros, y también pedir por todos los que ya dieron su sí, para que el Señor les siga dando fuerza en el camino.
«Agradezcamos al Señor porque Él continúa suscitando en la Iglesia historias de amor por Jesucristo, para alabar su gloria y servir a sus hermanos. Hoy, en particular, agradecemos a los nuevos sacerdotes a quienes ordené hace poco en la Basílica de San Pedro y le pedimos al Señor que envíe muchos buenos obreros para trabajar en su viña, y que multiplique las vocaciones a la vida consagrada y al matrimonio cristiano».
(S.S. Francisco, después del Regina coeli del 22 de abril de 2018).
Diálogo con Cristo
Ésta es la parte más importante de tu oración, disponte a platicar con mucho amor con Aquel que te ama.
Propósito
Proponte uno personal. El que más amor implique en respuesta al Amado… o, si crees que es lo que Dios te pide, vive lo que se te sugiere a continuación.
Dedicaré un momento de oración profundo para ver qué es lo que Dios me pide hacer.
Despedida
Te damos gracias, Señor, por todos tus beneficios, a ti que vives y reinas por los siglos de los siglos.
Amén.
¡Cristo, Rey nuestro!
¡Venga tu Reino!
Virgen prudentísima, María, Madre de la Iglesia.
Ruega por nosotros.
En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo.
Amén.
Dios, como a Pablo, te invita a la conversión
Convertirse significa, para cada uno de nosotros, creer que Jesús se ha entregado a sí mismo por mí.
Por: SS Benedicto XVI | Fuente: Catholic.net

Hoy, 25 de enero, se hace memoria de la «Conversión de san Pablo» (…) En el caso de Pablo, algunos prefieren no utilizar el término conversión, porque -dicen- él ya era creyente, es más hebreo ferviente y por ello no pasó de la no-fe a la fe, de los ídolos a Dios, ni tuvo que abandonar la fe hebrea para adherirse a Cristo. En realidad, la experiencia del Apóstol puede ser el modelo de toda auténtica conversión cristiana.
La de Pablo maduró en el encuentro con el Cristo resucitado; fue este encuentro el que le cambió radicalmente la existencia. En el camino de Damasco sucedió para él lo que Jesús pude en el Evangelio de hoy: Saulo se convirtió porque, gracias a la luz divina, “creyó en el Evangelio”. En esto consiste su conversión y la nuestra: en creer en Jesús muerto y resucitado y en abrirse a la iluminación de su gracia divina.
En aquel momento, Saulo comprendió que su salvación no dependía de las obras buenas realizadas según la ley, sino del hecho que Jesús había muerto también por él -el perseguidor- y que estaba, y está, resucitado. Esta verdad, que gracias al Bautismo ilumina la existencia de cada cristiano, alumbra completamente nuestro modo de vivir.
Convertirse significa, también para cada uno de nosotros, creer que Jesús “se ha entregado a sí mismo por mí”, muriendo en la cruz (cfr Gal 2,20) y, resucitado, vive conmigo y en mí. Confiándome al poder de su perdón, dejándome tomar la mano por Él, puedo salir de las arenas movedizas del orgullo y del pecado, de la mentira y de la tristeza, del egoísmo y te toda falsa seguridad, para conocer y vivir la riqueza de su amor.
Queridos amigos, la invitación a la conversión, valorada por el testimonio de san Pablo, resuena hoy (…) El Apóstol nos indica la actitud espiritual adecuada para poder progresar en el camino de la comunión. “Ciertamente no he llegado a la meta -escribe a los Filipenses -, no he llegado a la perfección; pero me esfuerzo en correr para alcanzarla, habiendo sido yo mismo alcanzado por Cristo Jesús” (Fil 3,12).
Ciertamente, nosotros los cristianos no hemos conseguido llegar aún a la meta de la unidad plena, pero si nos dejamos continuamente convertir por el Señor Jesús, llegaremos seguramente.
La Virgen María, Madre de la Iglesia una y santa, nos obtenga el don de una conversión verdadera, para que cuanto antes se realice el anhelo de Cristo: «Ut unum sint».