Obispo y Mártir, 24 de septiembre…
Hoy también se festeja a:
- • Antón Martín Slomsek, Beato
- • Columba Gabriel (Juana Matilde Gabriel), Beata
- • Gerardo Sagredo, Santo
- • Dalmacio Moner, Beato
Un auténtico encuentro con Dios
Por: Juan Pablo García Hincapié, LC | Fuente: www.somosrc.mx
En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo.
Amén.
Cristo, Rey nuestro.
¡Venga tu Reino!
Oración preparatoria (para ponerme en presencia de Dios)
Señor, dame la gracia, el día de hoy, de encontrarme en la oración contigo para poder acercarme a ti y poder escucharte. Abre mi corazón para que pueda así sentir tu cercanía y encontrarme hoy contigo.
Evangelio del día (para orientar tu meditación)
Del santo Evangelio según san Lucas 9, 7-9
En aquel tiempo, el rey Herodes se enteró de todos los prodigios que Jesús hacía y no sabía a qué atenerse, porque unos decían que Juan había resucitado; otros, que había regresado Elías, y otros, que había vuelto a la vida uno de los antiguos profetas.
Pero Herodes decía: “A Juan yo lo mandé decapitar. ¿Quién será, pues, éste del que oigo semejantes cosas?”. Y tenía curiosidad de ver a Jesús.
Palabra del Señor.
Medita lo que Dios te dice en el Evangelio
La persona de Jesucristo tiene como como mayor expresión de amor acercarse a los pecadores y redimirlos. Hoy el Evangelio nos comenta acerca de Herodes y termina diciendo que tenía curiosidad de verlo. Esa misma curiosidad es la curiosidad que podemos sentir nosotros.
El gran problema es que Herodes no estuvo preparado para tener un encuentro con Jesucristo. En el relato de la pasión el Evangelio dice que Jesús no respondió a ninguna de sus preguntas (Lucas 23, 9.). Esto nos recuerda que, para tener ese encuentro personal con Dios, necesitamos purificar nuestra intención y dejarle saber que lo estamos buscando a Él y no a nosotros mismos. Nuestra oración humilde y sencilla se vuelve la oración preferida por Dios en cualquier momento en el cual queramos hablar con Él.
«Saben a dónde ir —grandes teólogos, grandes—, pero no van. También de esto podemos aprender una lección. En la vida cristiana no es suficiente saber: sin salir de uno mismo, sin encontrar, sin adorar, no se conoce a Dios. La teología y la eficiencia pastoral valen poco o nada si no se doblan las rodillas; si no se hace como los Magos, que no sólo fueron sabios organizadores de un viaje, sino que caminaron y adoraron. Cuando uno adora, se da cuenta de que la fe no se reduce a un conjunto de hermosas doctrinas, sino que es la relación con una Persona viva a quien amar. Conocemos el rostro de Jesús estando cara a cara con Él. Al adorar, descubrimos que la vida cristiana es una historia de amor con Dios, donde las buenas ideas no son suficientes, sino que se necesita ponerlo en primer lugar, como lo hace un enamorado con la persona que ama».
(Homilía de S.S. Francisco, 6 de enero de 2020).
Diálogo con Cristo
Ésta es la parte más importante de tu oración, disponte a platicar con mucho amor con Aquel que te ama.
Dame la gracia de purificar siempre mi intención en cada momento de mi oración. Que seas Tú siempre el centro de mi vida para así ser más digno de hablar contigo.
Propósito
Proponte uno personal. El que más amor implique en respuesta al Amado… o, si crees que es lo que Dios te pide, vive lo que se te sugiere a continuación.
Le pediré, en una visita al Señor, más humildad para querer unirme a Él en oración.
Despedida
Te damos gracias, Señor, por todos tus beneficios, a ti que vives y reinas por los siglos de los siglos.
Amén.
¡Cristo, Rey nuestro!
¡Venga tu Reino!
Virgen prudentísima, María, Madre de la Iglesia.
Ruega por nosotros.
En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo.
Amén.
¿Por qué llamar a María, Madre de Dios?
Por: Daniel Alberto Robles Macías | Fuente: ConMasGracia.org
Nuestros hermanos protestantes encuentran dificultad para comprender cómo es que nosotros los católicos podemos llamar a María con el título de “Madre de Dios”. Pues cómo Dios, que es el creador de todo el universo, puede tener una madre. ¿Cómo debemos entender nosotros los católicos este título? Vamos a descubrirlo.
Nombrar a Nuestra Madre como la “Madre de Dios”, es ya una tradición bien conocida entre los fieles. En el Avemaría lo mencionamos frecuentemente al decir: “Santa María, Madre de Dios”, ruega por nosotros pecadores.
María es la Madre de Jesús, el Hijo de Dios, la Segunda Persona de la Santísima Trinidad y así lo constatan los Evangelios. De modo que con esto no queremos decir que María engendró a Dios Padre, sino a Cristo, el Hijo del Altísimo. El ángel Gabriel así se lo manifestó a nuestra Señora cuando le dijo: “El Espíritu Santo vendrá sobre ti y el poder del Altísimo te cubrirá con su sombra; por eso el que ha de nacer será santo y será llamado Hijo de Dios” (Lc 1, 35).
María concibió en sus entrañas por obra del Espíritu Santo y dio a luz a su Hijo. Ese Primogénito es verdadero Dios y verdadero Hombre. Si María dio a luz a Cristo, y Cristo es Dios, entonces María debe y con mayor razón puede ser llamada con derecho Madre de Dios, quien con su sí, nos trajo al Emmanuel es decir: al “Dios con nosotros”.
El Catecismo de la Iglesia Católica nos dice: […] En efecto, aquél que ella concibió como hombre, por obra del Espíritu Santo, y que se ha hecho verdaderamente su Hijo según la carne, no es otro que el Hijo eterno del Padre, la segunda persona de la Santísima Trinidad. La Iglesia confiesa que María es verdaderamente Madre de Dios [Theotokos] (cf. Concilio de Éfeso, año 649: DS, 251) (CEC 495).
Es cierto que María sólo otorgó a Jesús su condición humana y no la divina. Pero también, es cierto que dio a luz a una persona divina. Y es que este niño, que es Cristo, fue procreado por el Padre en su forma divina y de María Virgen vino su humanidad. Es decir, Jesús en su persona divina existe desde toda la eternidad y obtiene su forma de naturaleza humana en el momento en que es concebido en el seno virginal de María.
Esta unión en Cristo de sus dos naturalezas (la divina y la humana) se conoce como “unión hipostática”. Por lo que el hecho de que María sea Madre de Dios avala que Jesús es verdadero Dios y verdadero Hombre.
Es en el Concilio de Éfeso que se llevó a cabo en el año 431, es en donde se proclamó de manera oficial este título a María como la Madre de Dios. Aquí un extracto de esa declaración:
“Desde un comienzo la Iglesia enseña que en Cristo hay una sola persona, la segunda persona de la Santísima Trinidad. María no es solo madre de la naturaleza, del cuerpo pero también de la persona quien es Dios desde toda la eternidad. Cuando María dio a luz a Jesús, dio a luz en el tiempo a quien desde toda la eternidad era Dios. Así como toda madre humana, no es solamente madre del cuerpo humano sino de la persona, así María dio a luz a una persona, Jesucristo, quien es ambos Dios y hombre, entonces Ella es la Madre de Dios”.
