
Catalina de Suecia, Santa
Virgen, 24 de marzo…
- Hoy también se festeja a:
- • Aldemar de Cápua, Santo
- • Macartan de Clogher, Santo
- • Oscar Romero, Santo
- • María Serafina del Sagrado Corazón (Clotilde Micheli), Beata
- • Juan del Báculo, Beato
Resistir en la fe
Santo Evangelio según san Lucas 11, 14-23. Jueves III de Cuaresma
Por: Kevin Alexis Franco López, LC | Fuente: somosrc.mx

En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo.
Amén.
Cristo, Rey nuestro.
¡Venga tu Reino!
Oración preparatoria (para ponerme en presencia de Dios)
Señor, gracias por darme un nuevo día. Aumenta en mí la fe, la esperanza y la caridad. Ayúdame a estar siempre contigo pues yo solo nada puedo. Tú sabes cuántas dificultades tengo a lo largo de mi vida. Te pido, Madre mia, que me ayudes a tener una fe como la tuya.
Evangelio del día (para orientar tu meditación)
Del santo Evangelio según san Lucas 11, 14-23
En aquel tiempo, Jesús expulsó a un demonio, que era mudo. Apenas salió el demonio, habló el mudo y la multitud quedó maravillada. Pero algunos decían: “Éste expulsa a los demonios con el poder de Belzebú, el príncipe de los demonios”. Otros, para ponerlo a prueba, le pedían una señal milagrosa.
Pero Jesús, que conocía sus malas intenciones, les dijo: “Todo reino dividido por luchas internas va a la ruina y se derrumba casa por casa. Si Satanás también está dividido contra sí mismo, ¿cómo mantendrá su reino? Ustedes dicen que yo arrojo a los demonios con el poder de Belzebú. Entonces, ¿con el poder de quién los arrojan lo hijos de ustedes? Por eso, ellos mismos serán sus jueces. Pero si yo arrojo a los demonios por el poder de Dios, eso significa que ha llegado a ustedes el Reino de Dios.
Cuando un hombre fuerte y bien armado guarda su palacio, sus bienes están seguros; pero si otro más fuerte lo asalta y lo vence, entonces le quita las armas en que confiaba y después dispone de sus bienes. El que no está conmigo, está contra mí; y el que no recoge conmigo, desparrama”.
Palabra del Señor.
Medita lo que Dios te dice en el Evangelio
En el Evangelio que terminamos de leer, vemos cómo Cristo expulsa los demonios y nos dice que el Reino de los Cielos ha llegado a nosotros. Y puede sonar un poco extraño, pero esto se cumple en el momento en el que Él viene a este mundo y se hace carne por amor a todos nosotros. Es un Rey que nos promete un Reino y nos lo trae, pero nos cuesta trabajo verlo, (con ojos de fe).
Este Reino nos ha sido revelado por el don gratuito de la fe, debe ser custodiado, como dice en el Evangelio, siendo fuerte (en la fe) y teniendo armas (que son la esperanza y el amor). Porque vendrán momentos en los que flaquearemos en la fe, que es la base del Reino. Y llegará el momento en que el enemigo intentará vencernos, quitándonos estas armas para no tener con qué defendernos. Pero es ahí cuando tenemos que demostrar que nuestra fe, esperanza y amor los tenemos en Dios.
«Es cansado combatir contra el mal, escapar de sus engaños, retomar fuerzas después de una lucha agotadora, pero debemos saber que toda la vida cristiana es una lucha. Pero debemos saber que no estamos solos, que la Madre Iglesia reza para que sus hijos, regenerados en el bautismo, no sucumban a las insidias del maligno sino que le venzan por el poder de la Pascua de Cristo. Fortificados por el Señor Resucitado, que ha derrotado al príncipe de este mundo (cf. Juan 12, 31), también nosotros podemos repetir con la fe de san Pablo: «Todo lo puedo en Aquel que me conforta» (Filipenses 4, 13). Todos nosotros podemos vencer, vencer todo, pero con la fuerza que me viene de Jesús».
(Audiencia de S.S. Francisco, 25 de abril de 2018).
Diálogo con Cristo
Ésta es la parte más importante de tu oración, disponte a platicar con mucho amor con Aquel que te ama.
Padre del Cielo, nosotros nos entregamos nuevamente a tu Gracia todo poderosa, la que nos has revelado, por la vida y la muerte de tu Hijo, Jesucristo, y que nos has prometido con la venida de tu Espíritu Santo. Que tu Reino crezca como una semilla en nosotros y por nosotros allí donde estemos.
Propósito
Proponte uno personal. El que más amor implique en respuesta al Amado… o, si crees que es lo que Dios te pide, vive lo que se te sugiere a continuación.
Te invito a que, en algún momento de oración durante tu día, leas lo siguiente: «Nadie te podrá hacer frente en todos los días de tu vida. Así como estuve con Moisés, estaré contigo; no te dejaré ni te abandonaré». (Jos 1, 5)
Despedida
Te damos gracias, Señor, por todos tus beneficios, a ti que vives y reinas por los siglos de los siglos.
Amén.
¡Cristo, Rey nuestro!
¡Venga tu Reino!
Virgen prudentísima, María, Madre de la Iglesia.
Ruega por nosotros.
En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo.
Amén.
Deberes del abogado católico frente a un caso de solicitud de divorcio
El abogado católico debe ser altamente profesional y realizar su función secular iluminado por los principios de la fe
Por: Roberto Aspe | Fuente: .

1. El abogado católico debe ser altamente profesional y realizar su función secular iluminado por los principios de la fe y apegando su actuación personal y profesional a un comportamiento intachable.
2. Debe ser un punto de referencia en la profesión que desarrolla, de manera que adquiera un liderazgo en ella, de lo contrario, no podrá irradiar sus principios y convicciones en su propio ámbito laboral. Recuerden que tenemos la misión de iluminar las realidades humanas con los criterios del evangelio.
3. En el campo matrimonial el matrimonio civil no es equiparable de ninguna manera al sacramento del matrimonio, ya que el vínculo sacramental no tiene paragón con el contrato civil matrimonial y su naturaleza es bien distinta. El matrimonio sacramental permanece aunque haya un divorcio civil. El matrimonio rato y consumado es indisoluble intrínseca y extrínsecamente, es decir, no puede ser disuelto ni por voluntad de los cónyuges ni por alguna potestad humana. El divorcio civil no tiene ninguna ingerencia en el matrimonio religioso, de modo que los cónyuges siguen siendo esposos ante Dios y no pueden acceder a nuevas nupcias.
4.El papel de un abogado católico debería ser tratar de salvar, en la medida de lo posible, la unión matrimonial, de manera que ayude a los cónyuges a reflexionar y poner los medios para salvar el matrimonio. En ocasiones, se necesita un poco más de diálogo, comprensión, paciencia, sacrificio y tiempo para salvar a un matrimonio que está en problemas. Muchas veces la relación puede estar tan desgastada que no es posible salvarlo y por eso el bien de los esposos y de la familia aconseja una separación. La separación permaneciendo el vínculo se contempla en el derecho canónico.
5. Para formalizar la separación ante la Iglesia para tener una mayor tranquilidad de conciencia y no tener la obligación de volver a establecer la vida matrimonial se puede solicitar al Obispo diocesano el decreto de separación (c. 1692 § 2), presentándole los motivos legítimos que han hecho imposible la vida común (cfr. c. 1153 § 1). Por la naturaleza pública del matrimonio y su relevancia social y religiosa, se requiere la intervención de la autoridad competente (obispo diocesano) para evitar, en cuanto posible, que la separación no haya sido una decisión arbitraria o tomada a la ligera por los esposos y no se reduzca a un hecho privado entre ellos. Ahora bien, este decreto de separación no disuelve el vínculo matrimonial y, por tanto, no se permite tener acceso a nuevas nupcias.
6. En estos casos es conveniente formalizar también el divorcio civil, pues será la manera de proteger a la familia de una acción arbitraria y dañina de una de las partes, en el simple hecho de ayudarles jurídicamente a proteger el patrimonio familiar o evitar una acción jurídica o una acción injusta por parte de una de las partes. De esta manera el derecho civil también protege a la familia de una acción injusta.
7. En definitiva, el abogado católico debe buscar la defensa de la institución familiar con su acción y la protección de los cónyuges y los hijos de un matrimonio que ha fracasado y está expuesto a sufrir una injusticia o nuevos abusos. De esta manera, el abogado no actúa a favor de una mentalidad divorcista, sino actúa buscando proteger y tutelar el bien sagrado del matrimonio y de la familia (que se realiza en personas concretas, no lo olvidemos).
8. Ahora bien, el campo del abogado católico es muy amplio, pienso como botón de muestra en la dura pelea que actualmente están dando aquellos que quieren equiparar el matrimonio con la unión de parejas del mismo sexo o con uniones de hecho o con cualquier tipo de unión que no corresponde con la naturaleza de la institución matrimonial. Creo que el abogado católico tiene aquí una gran responsabilidad de hacer ver a la ciencia jurídica el camino equivocado que está tomando.