PERS㊉NAL C㊉N EL SANŦíSIM㊉, N㊉ ₣ALŦES!!

Memoria Litúrgica, 23 de noviembre…
Hoy también se festeja a:
- • María Cecilia Cendoya y Araquistain, Beata
- • Enrichetta (María Ángela Doménica) Alfieri, Beata
- • Margarita de Saboya, Beata
- • Miguel Agustín Pro, Beato
- • Felicidad y sus siete Hijos, Santa
Y no te reconocí
Santo Evangelio según San Lucas 19, 41-44. Jueves XXXIII del tiempo ordinario.
Por: H. Rubén Tornero, L.C. | Fuente: missionkits.org

En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.
Cristo, Rey nuestro. ¡Venga tu Reino!
Oración preparatoria (para ponerme en presencia de Dios)
Jesús, gracias por este momento que me regalas para poder estar contigo. Tienes algo que decirme hoy. Tu amor infinito y eterno busca todas las maneras de entrar en mi corazón y una de tus favoritas es traerme hasta Ti para tener un rato de intimidad.
Creo en Ti, Jesús, pero ayúdame a creer en mi día a día que tu amor por mí es infinito, eterno, maravilloso y que te ha llevado hasta el extremo de darlo todo por mí.
Aumenta mi confianza. Ayúdame realmente a abandonarme en tus manos de Padre. Tú sólo quieres mi felicidad…
Te amo, Jesús, pero dame la fuerza de amar en cada momento como Tú amas. Enciende en mí el fuego de tu amor para permitirte amar y glorificar al Padre sirviendo a los que me rodean.
En tus manos pongo todo mi ser y te suplico que me ayudes a escuchar tu voz.
Evangelio del día (para orientar tu meditación)
Del santo Evangelio según san Lucas 19, 41-44
En aquel tiempo, cuando Jesús estuvo cerca de Jerusalén y contempló la ciudad, lloró por ella y exclamó:
«¡Si en este día comprendieras tú lo que puede conducirte a la paz! Pero eso está oculto a tus ojos. Ya vendrán días en que tus enemigos te rodearán de trincheras, te sitiarán y te atacarán por todas partes y te arrasarán. Matarán a todos tus habitantes y no dejarán en ti piedra sobre piedra, porque no aprovechaste la oportunidad que Dios te daba».
Palabra del Señor.
Medita lo que Dios te dice en el Evangelio
Jesús, ¿cuántas veces has venido a mí también sin que yo te sepa reconocer? Has venido a tocar a la puerta de mi corazón tantas veces, ¡y qué pocas he sabido reconocerte y dejarte entrar!
Has sido Tú quien por la calle me ha extendido la mano pidiendo un poco de pan para comer.
Eras Tú quien, tantas veces, vino a mí pidiéndome un consejo o suplicando un poco de comprensión.
Eras Tú quien tocaba mi hombro y sufría conmigo cuando pasé por ese momento difícil que me hizo levantar mi voz y preguntarte dónde estabas.
Has venido tantas veces a mí en una buena noticia, en una enfermedad, en un amigo, en un necesitado, en la Eucaristía y en la calle… ¡y no siempre te he sabido reconocer en mi prójimo!
Perdóname, Jesús, si hasta ahora no he sabido reconocerte. ¡Aumenta mi fe! Ayúdame a saberte descubrir en cada momento de mi vida y en cada persona que me rodea. No permitas que sea indiferente a tu venida y dame la gracia de servirte en los demás como Tú te lo mereces. Amén.
«Si nosotros caemos en esta insensatez y nos alejamos, él experimenta esta nostalgia. Nostalgia de nosotros. Hasta el punto que Jesús con esta nostalgia llora, lloró por Jerusalén: era la nostalgia de un pueblo que él había elegido, había amado, pero que se había alejado por insensatez; había preferido las apariencias, los ídolos o las ideologías.»
(Homilía de S.S. Francisco, 17 de octubre de 2017).
Diálogo con Cristo
Ésta es la parte más importante de tu oración, disponte a platicar con mucho amor con Aquel que te ama.
Propósito
Proponte uno personal. El que más amor implique en respuesta al Amado… o, si crees que es lo que Dios te pide, vive lo que se te sugiere a continuación.
Hoy voy agendar mi próxima dirección espiritual que preparé con empeño para descubrir qué lugar ocupa realmente Jesús en mi vida.
Despedida
Te damos gracias, Señor, por todos tus beneficios, a Ti que vives y reinas por los siglos de los siglos.
Amén.
¡Cristo, Rey nuestro!
¡Venga tu Reino!
Virgen prudentísima, María, Madre de la Iglesia.
Ruega por nosotros.
En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo.
Amén.
¡Demos gracias a Dios!
Propongo agradecer a Dios por el don de la familia
Por: María Verónica Vernaza | Fuente: Cápsuas de Verdad

Hoy los estadounidenses celebran, como todos los años, el Día de Acción de Gracias, una festividad que tiene sus raíces en el siglo XVII cuando los primeros colonos agradecían por las cosechas del año. Muchos esperan estas fechas para las famosas compras del Viernes Negro o Black Friday, y hay otros, los más golosos, que solo piensan en los deliciosos platillos de la temporada. Pero lo maravilloso de esta época es que se reúne toda la familia alrededor de una mesa impecable para hacer una pausa y simplemente dar gracias.
En nuestros países latinos no tenemos esa costumbre, esa de tener un día específico para agradecer por algo y por todo. Sin embargo, creo que las costumbres buenas hay que emularlas, y yo propongo agradecer a Dios este año por el don de la familia.
Qué bonito sería que papá y mamá comenzaran agradeciendo por la vida, la vida de sus hijos, de cada uno de ellos, que con sus sonrisas y travesuras alegran los días y los hacen más divertidos. Agradecer también por el esposo, la esposa, por esa persona que está al lado a pesar de todo, que sabe apoyar y sostener con un consejo oportuno o simplemente una mirada de reconocimiento. Dar gracias por el trabajo que tienen, porque sin él sería difícil mantener el estilo de vida holgado que llevan. Por aquel viaje familiar que hicieron sin mucha planificación, porque pudieron compartir anécdotas inolvidables.
¿Qué agradecerían los más pequeños? Incentiven a sus hijos a ser agradecidos. Planifiquen esto con tiempo y coménteles de qué se trata, para que estén preparados y tengan qué decir. Seguramente ellos también tienen cosas por las que dar gracias. Por la mascota nueva, por la oportunidad de tener estudios y alimentación, por tener unos padres amorosos y preocupados; que agradezcan por la dicha de tener abuelitos todavía en casa. Ustedes se sorprenderían al conocer todo lo que esos corazones inocentes dirían. ¡Ciertamente hay mucho que agradecer!
Según palabras de San Juan Pablo II en su encíclica Familiaris Consortio, “la familia cristiana es la primera comunidad llamada a anunciar el Evangelio a la persona humana en desarrollo y a conducirla a la plena madurez humana y cristiana, mediante una progresiva educación y catequesis”, por eso, las buenas costumbres, como la de ser una persona agradecida, se aprende en el seno de una familia.
Los esposos, al asumir la responsabilidad de padres, tienen el deber y la obligación de ser guía para sus hijos, y en un mundo tan envuelto por la satisfacción inmediata muchas veces nos olvidamos de ser agradecidos. La mayoría de los jóvenes de hoy asumen que las cosas y las personas están ahí para ellos porque se lo merecen, se sienten con el derecho a… “entitled to” dirían los gringos.
Es una obligación de los padres darles comida y estudios hasta que ellos sean capaces de solventar su propia situación económica. El viaje de graduación, los estudios universitarios, el carro y el último “gadget” deberían de ganárselo de alguna manera. Si no valoran el costo de cada cosa, ellos se sentirán con ese sentimiento de que se merecen todo en la vida, haciendo cada vez más difícil enfrentarse a la realidad sin que los padres le solucionen todo.
Entiendo que es difícil ser padre, lo veo con mi hermana y con mis amigas. Pero recuerden que, hasta que esos hijos crezcan lo suficiente como para ser responsables por sí mismos, ustedes son los custodios de esas almas. Las bases para que ellos se salven y lleguen a la meta -que es el cielo- las ponen ustedes. Ustedes han sido facultados por Dios para ser autoridad ante sus hijos.
Por eso, y por muchos otros motivos, vale la pena instaurar, como los estadounidenses, el penúltimo jueves de noviembre como un Día de Acción de Gracias para enseñar en familia el valor primordial de la gratitud.
