Presbítero, 23 de mayo …
Hoy también se festeja a:
- • Maria Crocifissa del Divino Amor, Beata
- • Miguel de Sinnada, Santo
- • Lucio, Montano, Juliano, Victorico, Víctor y Donaciano, Santos
- • Guiberto de Gembloux, Santo
- • Desiderio de Langres, Santo
El deseo de Dios
Por: H. José Romero, L.C. | Fuente: www.somosrc.mx
En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.
Cristo, Rey nuestro. ¡Venga tu Reino!
Oración preparatoria (para ponerme en presencia de Dios)
Señor, gracias por amarme tanto. Ayúdame a corresponder a tu amor descubriendo tu presencia en cada persona que se cruce en mi camino.
Evangelio del día (para orientar tu meditación)
Del santo Evangelio según san Juan 15, 9-11
En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: “Como el Padre me ama, así los amo yo. Permanezcan en mi amor. Si cumplen mis mandamientos, permanecen en mi amor; lo mismo que yo cumplo los mandamientos de mi Padre y permanezco en su amor. Les he dicho esto para que mi alegría esté en ustedes y su alegría sea plena”.
Palabra del Señor.
Medita lo que Dios te dice en el Evangelio
Muchos de nosotros hemos pedido un deseo cuando nos tocaba apagar una vela de cumpleaños. En lo personal, cada año era uno diferente o parecido, pero casi nunca era el mismo; pero en Dios, por toda la eternidad, el deseo es el mismo, que permanezca en su amor, que esté con Él y me deje amar.
El Creador del universo desea que me quede con Él; el Todopoderoso me pide que no me vaya, y yo, ¿quiero cumplir su deseo? La respuesta es algo personal porque depende plenamente de mí que se cumpla. Solamente permanecer y nada más.
Pero el permanecer ciertamente no es algo estático, sin hacer nada; el permanecer con Dios requiere vivir como un niño en casa de sus padres, y así como el niño respeta las reglas, así el cristiano respeta las reglas. Pero no son reglas impuestas porque sí, son reglas regaladas para mi bienestar.
Así como nadie duda del amor de los padres a sus hijos, un cristiano no puede dudar del amor de Dios para sí. El mayor deseo de los padres no es que los hijos se vayan, sino que sean felices; el mayor deseo de Dios no es que sus hijos se vayan, sino que sean lo que deben ser. Pero el cristiano solo puede ser cristiano permaneciendo en la casa de Dios, cumpliendo el deseo de estar junto a Él, dejándose amar cada día por Dios.
Vivamos nuestro día permaneciendo junto a Dios, sin alejarnos. Cumplamos el deseo de nuestro Señor, dejémonos amar por Él y vivamos en la casa del Padre permaneciendo en su amor.
«La vid es una planta que forma un todo con el sarmiento; y los sarmientos son fecundos únicamente cuando están unidos a la vid. Esta relación es el secreto de la vida cristiana y el evangelista Juan la expresa con el verbo «permanecer», que en el pasaje de hoy se repite siete veces. “Permaneced en mí” dice el Señor; permanecer en el Señor. Se trata de permanecer en el Señor para encontrar el valor de salir de nosotros mismos, de nuestras comodidades, de nuestros espacios restringidos y protegidos, para adentrarnos en el mar abierto de las necesidades de los demás y dar un respiro amplio a nuestro testimonio cristiano en el mundo. Este coraje de salir de sí mismos y de adentrarse en las necesidades de los demás, nace de la fe en el Señor Resucitado y de la certeza de que su Espíritu acompaña nuestra historia.»
(Regina coeli de S.S. Francisco, 29 de abril de 2018).
Diálogo con Cristo
Ésta es la parte más importante de tu oración, disponte a platicar con mucho amor con Aquel que te ama.
Propósito
Proponte uno personal. El que más amor implique en respuesta al Amado… o, si crees que es lo que Dios te pide, vive lo que se te sugiere a continuación.
Examinar cómo estoy viviendo mi día a día. ¿estoy con el Señor?
Despedida
Te damos gracias, Señor, por todos tus beneficios, a Ti que vives y reinas por los siglos de los siglos.
Amén.
¡Cristo, Rey nuestro!
¡Venga tu Reino!
Virgen prudentísima, María, Madre de la Iglesia.
Ruega por nosotros.
En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.
7 errores de los católicos sobre la muerte, el infierno y el demonio
Por: Angelo Stagnaro | Fuente: National Catholic Rebister // ACI Prensa
Ante la complejidad de la teología católica acerca de la naturaleza de la muerte, el infierno y el demonio, la siguiente lista, apoyada en las Sagradas Escrituras y el Magisterio de la Iglesia, contiene respuestas a 7 errores recurrentes que los católicos debemos evitar.
1. El demonio es un mero símbolo
Si esto fuera cierto, entonces Jesús debe haberse equivocado cada vez que habló del demonio en diferentes partes de las Sagradas Escrituras. El diablo es real y anda alrededor como león rugiente buscando almas para devorar (1 Pedro 5: 8). Y, francamente, ¿si es posible para un ser humano rechazar a Dios, por qué es tan inconcebible que un ángel pueda hacer lo mismo? En esta existencia, al igual que en la otra, los ángeles y los seres humanos pueden alinearse con Dios o no (Deu 30:19).
2. Al morir nos volvemos ángeles
No, absolutamente no. El ser humano es distinto a un ángel y no puede convertirse en un ser que no es.
El Catecismo de la Iglesia Católica señala en el numeral 328 que los ángeles existen. En el numeral 330 se afirma que son seres puramente espirituales con inteligencia y voluntad. También se precisa que son servidores y mensajeros de Dios.
A diferencia de los ángeles, el ser humano tiene un cuerpo. El Catecismo señala, en el numeral 366, que el alma espiritual del hombre ha sido creada por Dios y “no perece cuando se separa del cuerpo en la muerte, y se unirá de nuevo al cuerpo en la resurrección final”.
3. Es fácil determinar quién irá al infierno
La competencia de la Iglesia está en determinar quién está en el cielo, sin embargo, nadie sabe quién se encuentra en el infierno. Los que mueren en estado de pecado mortal tienen muy pocas opciones disponibles, sin embargo, esta no es una razón por la que debemos ser despectivos o triunfalistas hacia ellos. Más bien, es importante orar por todos los pecadores, incluso por nuestros peores enemigos para que se arrepientan y conviertan (Sab 1: 13-15). Perdonen y serán perdonados (Mateo 6:14, Lucas 6:37). El juicio solo le pertenece a Dios y nadie más. Simplemente no podemos conocer el interior de otra alma y la verdadera naturaleza de su relación con Dios.
4. Todos irán al cielo
El infierno existe y Jesús lo asegura varias veces a lo largo de los Evangelios (Mateo 7: 13-14, Mateo 8:12, Marcos 9:43, Mateo 13: 41-42, 49-50, 48-49, Mat 22:13, Mat 25:46, Lucas 12: 5, Juan 3: 18). Juan también le dedica un largo pasaje en el Apocalipsis (Ap 14: 9-11; 19:3). Si todo el mundo va al cielo, eso significa que Jesús estaba confundido o era un ignorante, lo cual es inaceptable.
5. Quien muere en estado de gracia se va directamente al cielo
Dejemos esto en las manos del Dios que todo lo puede. Es posible que algunos se olviden del Purgatorio, pero las Sagradas Escrituras son muy claras acerca de esto (II Macabeos 12: 39-46, Mat. 5: 24-25, Hab 1:13, I Cor 3: 11-15, Apocalipsis 21:27). El Purgatorio existe como parte de la economía salvífica. ¿Aparte de la Virgen María, hay alguien entre nosotros lo suficientemente puro para estar delante de Dios? (Romanos 3:10, 14: 4, Deu 07:24, Josué 23: 9, 1 Sam 6:20, Esdras 10:13, Proverbios 27: 4, Salmo 76: 7, 130: 3, Nahum 1: 6), incluso los santos tienen pecados que necesitan ser expiados y el Purgatorio es parte de la infinita misericordia de Dios, porque no quiere que ninguno de nosotros muera, sino que viva y se arrepienta (2 Pedro 3: 9).
6. Las cosas malas solo le suceden a personas malas
Cristo nos asegura personalmente que esto no tiene sentido (Lucas 13: 1-5). Él les replicó a quienes llegaron con la noticia de aquellos galileos que fueron asesinados por Pilato cuando ofrecían sacrificios a Dios, diciéndoles: «¿Creen ustedes que esos galileos eran más pecadores que los demás porque corrieron semejante suerte? Yo les digo que no. Y si ustedes no renuncian a sus caminos, perecerán del mismo modo».
Jesús también nos recuerda que las mejores personas sufren enormemente, sin embargo, nos da ánimo ante las tribulaciones (Juan 16:33). Él mismo sufrió una muerte innoble después de ser torturado. Su madre la Virgen María, mujer concebida sin pecado, tuvo difíciles pruebas durante toda su vida que le ocasionaron gran dolor ¿Por qué el resto de nosotros, pecadores, nos ahorraremos el sufrimiento que Pablo nos comenta en Colosenses 1:24?: «Ahora me alegro por los padecimientos que soporto por ustedes, y completo en mi carne lo que falta a las tribulaciones de Cristo, en favor de su Cuerpo, que es la Iglesia».
7. Podemos escoger qué reglas queremos obedecer
Tenemos el derecho de cuestionar todo, pero debemos aceptar la enseñanza de la Iglesia por completo. Si no, nos ponemos encima de la Iglesia y de la voluntad de Dios. Jesús estableció la Iglesia, a San Pedro como su Vicario en la tierra y sus sucesores. ¿Quiénes somos para creer que Dios se equivocó en sus decisiones? (Job 15: 8) ¿Cómo se puede contar con increíble autoridad para juzgar la ley de Dios?
BONUS: El Concilio Vaticano II puede deshacerse o ignorarse
Imposible. Los 21 concilios ecuménicos en el transcurso de 1700 años son importantes, irrevocables e ineluctables debido a que el Espíritu Santo dirige a todos ellos. Cabe señalar que la doctrina puede haber generado discrepancias, pero eso significa menos que nada. Del mismo modo que un católico no puede elegir qué reglas desea seguir, tampoco se le permite elegir su concilio favorito y excluir los demás.
