Brígida de Suecia, Santa
Memoria Litúrgica, 23 de julio …
Hoy también se festeja a:
- • Apolinar de Rávena, Santo
- • Pedro Ruiz de los Paños y 8 compañeros, Beatos
- • José Sala Pico, Beato
- • Juan Huguet y Cardona, Beato
- • María de Montserrat García y Solanas y compañeras, Beatas
Ver y oír para amar
Por: Edgar Maldonado, LC | Fuente: www.somosrc.mx
En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo.
Amén.
Cristo, Rey nuestro.
¡Venga tu Reino!
Oración preparatoria (para ponerme en presencia de Dios)
Jesús, quiero escucharte. Habla, te escucho.
Evangelio del día (para orientar tu meditación)
Del santo Evangelio según san Mateo 13, 10-17
En aquel tiempo, se acercaron a Jesús sus discípulos y le preguntaron: “¿Por qué les hablas en parábolas?” Él les respondió: “A ustedes se les ha concedido conocer los misterios del Reino de los cielos; pero a ellos no. Al que tiene se le dará más y nadará en la abundancia; pero al que tiene poco, aun eso poco se le quitará. Por eso les hablo en parábolas, porque viendo no ven y oyendo no oyen ni entienden.
En ellos se cumple aquella profecía de Isaías que dice: Ustedes oirán una y otra vez y no entenderán; mirarán y volverán a mirar, pero no verán; porque este pueblo ha endurecido su corazón, ha cerrado sus ojos y ha tapado sus oídos, con el fin de no ver con los ojos ni oír con los oídos, ni comprender con el corazón. Porque no quieren convertirse ni que yo los salve.
Pero, dichosos ustedes, porque sus ojos ven y sus oídos oyen. Yo les aseguro que muchos profetas y muchos justos desearon ver lo que ustedes ven y no lo vieron y oír lo que ustedes oyen y no lo oyeron”.
Palabra del Señor.
Medita lo que Dios te dice en el Evangelio
Es en la oración en donde encontramos el mejor lugar para acercarnos a Jesús. Prestemos atención en que debemos acercarnos como lo que somos, discípulos. Seamos como el discípulo amado, recostémonos en el pecho del Señor y, en intimidad con Él, preguntemos: ‘Por qué me hablas en parábolas, es decir, en ocasiones no logró entenderte cuando me hablas.’ Después de expresarle nuestras dudas e inquietudes, demos lugar al silencio. Miremos al crucificado, contemplemos sus llagas y ese corazón traspasado por nuestros pecados. Un corazón que arde de amor por nosotros y no hace más que recibir ingratitudes y desprecios por parte de los hombres. Acabada la contemplación, escucha su respuesta: A ti se te ha dado a conocer los misterios del Reino, tú, querida alma piadosa, eres dichosa, pues tus ojos ven y tus oídos oyen lo que muchos quisieran ver y oír: un Dios que muere por amor a ti. Recuerda que todo el que me ve, ve al Padre; todo el que me oye, oye al Padre. En pocas palabras, tú ves y oyes lo que muchos quieren ver y oír: un Padre que te ama.
«Para hablar a esta alma que es profunda, para hablar a la Latinoamérica profunda, a la Iglesia no le queda otro camino que aprender continuamente de Jesús. Dice el Evangelio que hablaba sólo en parábolas. Imágenes que involucran y hacen partícipes, que transforman a los oyentes de su Palabra en personajes de sus divinos relatos. El santo Pueblo fiel de Dios en América Latina no comprende otro lenguaje sobre Él. Estamos invitados a salir en misión no con conceptos fríos que se contentan con lo posible, sino con imágenes que continuamente multiplican y despliegan sus fuerzas en el corazón del hombre, transformándolo en grano sembrado en tierra buena, en levadura que incrementa su capacidad de hacer pan de la masa, en semilla que esconde la potencia del árbol fecundo».
(Discurso de S.S. Francisco, 7 de septiembre de 2017).
Diálogo con Cristo
Ésta es la parte más importante de tu oración, disponte a platicar con mucho amor con Aquel que te ama.
Gracias por tus palabras, ahora sí que hablas claro. Dame vida para dedicarme a responder, en la medida de mis fuerzas, a aquella petición de tu dulcísimo y amabilísimo corazón: al menos tú ámame. Sí, eso busco, amarte sobre todas las cosas y en todas las cosas. Dame vida para amarte para que amándote pueda vivir.
Propósito
Proponte uno personal. El que más amor implique en respuesta al Amado… o, si crees que es lo que Dios te pide, vive lo que se te sugiere a continuación.
En un momento del día, diré a Jesús que lo quiero.
Despedida
Te damos gracias, Señor, por todos tus beneficios, a ti que vives y reinas por los siglos de los siglos.
Amén.
¡Cristo, Rey nuestro!
¡Venga tu Reino!
Virgen prudentísima, María, Madre de la Iglesia.
Ruega por nosotros.
En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo.
Amén.
Qué importante es saber oír con los ojos…
Por: Mtro. Eduardo Ochoa Chahín, consagrado. | Fuente: Catholic.net
Los niños suelen ser ocurrentes, ven las cosas desde un punto de vista especial. La sencillez creo que es una de sus características más admirables. ¿Quién no ha sido cuestionado por algún pequeñín y se ha quedado sin palabras al darse cuenta de que no sabe cómo responder a tan sencilla pregunta?.
Y de ellos se pueden sacar grandes lecciones. Una de ellas la aprendí de una historia contada en un libro titulado: «Ten un poco de fe», donde Mitch Albom, el autor, narra los encuentros que tuvo con su antiguo rabino, Albert Lewis, años antes de morir. En el libro, Mitch rescata una de las historias que contó el Rebe (como él lo llamaba) en un sermón de 1958. Me permito compartirla con ustedes:
Una niña pequeña volvió de la escuela con un dibujo que había hecho en clase. Entró dando saltos a la cocina, donde su madre estaba preparando la cena.
–¿Sabes qué, mamá? –gritó la niña agitando el dibujo.
Su madre no levantó la mirada.
–¿Qué? ––le dijo, mientras se ocupaba de las cazuelas.
–¿Sabes qué? ––repitió la niña agitando el dibujo.
–¿Qué? ––volvió a decir la madre atareada con los platos.
–No me estás escuchando, mamá.
–Sí, mi vida, claro que te escucho.
–No, mamá ––repuso la niña––, no me estás escuchando con los ojos.
Para esta niña escuchar no significaba oír, significaba poner atención. Era muy sencillo: «si no me ve, no me escucha».
¿A quién de nosotros no le es difícil platicarle algo a alguien sin que ésta nos voltee a ver? ¿O peor aún, cuando ésta está viendo su celular?
Hoy en día es muy difícil escuchar correctamente al otro porque escuchar implica tiempo, implica dejar lo que estoy haciendo para centrar mi atención en el otro; implica dejar mi egoísmo, salir de mí mismo para ir al encuentro del otro.
Escuchar es permitir que la otra persona comparta algo de ella: alguna experiencia, alguna idea, alguna vivencia, volviéndonos parte de su vida.
Cuando realmente se disfruta una canción es cuando se le pone atención, cuando uno se concentra para poder escucharla, para poder sentir con ella. Así pasa en una conversación; cuando las personas están atentas a lo que el otro dice, a lo que el otro está compartiendo, es cuando las conversaciones se gozan.
Las relaciones personales que desarrollamos en nuestra vida se fundan básicamente en esto: escuchar y compartir. Creo que el hecho de que los humanos tengamos dos oídos y solo una boca creo que es muy significativo. Además, ahí está la alegría, en abrirnos a los demás, en atenderles y ayudarles.
Me llama la atención que sean los niños, los más pequeños de la sociedad, los que nos hacen ver las cosas de la manera en que son: sencillas.
«No, mamá, no me estás escuchando con los ojos».
