
María Reina, Santa
Memoria Litúrgica, 22 de agosto…
Hoy también se festeja a:
- • Sinforiano de Autun, Santo
- • Santiago (Giacomo) Bianconi de Bevagna, Beato
- • Bernardo de Ofida, Beato
- • María Reina, Santa
- • Andrés de Fiesole, Santo
El banquete está preparado
Santo Evangelio según san Mateo 22, 1-14. Jueves XX del Tiempo Ordinario
Por: Redacción | Fuente: Catholic.net

En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo.
Amén.
Cristo, Rey nuestro.
¡Venga tu Reino!
Oración preparatoria (para ponerme en presencia de Dios)
Dios mío, me invitas, me llamas incansablemente a tener un encuentro misterioso en el amor. Tu iniciativa me conmueve. Ayúdame a elevar mi corazón hacia Ti para saber corresponder a tanto amor, participando dignamente en este banquete de la oración.
Evangelio del día (para orientar tu meditación)
Del santo Evangelio según san Mateo 22, 1-14
Tomando Jesús de nuevo la palabra les habló en parábolas, diciendo: «El Reino de los Cielos es semejante a un rey que celebró el banquete de bodas de su hijo. Envió sus siervos a llamar a los invitados a la boda, pero no quisieron venir. Envió todavía otros siervos, con este encargo: Decid a los invitados: «Mirad, mi banquete está preparado, se han matado ya mis novillos y animales cebados, y todo está a punto; venid a la boda.» Pero ellos, sin hacer caso, se fueron el uno a su campo, el otro a su negocio; y los demás agarraron a los siervos, los escarnecieron y los mataron. Se airó el rey y, enviando sus tropas, dio muerte a aquellos homicidas y prendió fuego a su ciudad. Entonces dice a sus siervos: «La boda está preparada, pero los invitados no eran dignos. Id, pues, a los cruces de los caminos y, a cuantos encontréis, invitadlos a la boda.» Los siervos salieron a los caminos, reunieron a todos los que encontraron, malos y buenos, y la sala de bodas se llenó de comensales. «Entró el rey a ver a los comensales, y al notar que había allí uno que no tenía traje de boda, le dice: «Amigo, ¿cómo has entrado aquí sin traje de boda?» El se quedó callado. Entonces el rey dijo a los sirvientes: «Atadle de pies y manos, y echadle a las tinieblas de fuera; allí será el llanto y el rechinar de dientes.» Porque muchos son llamados, mas pocos escogidos».
Palabra del Señor
Medita lo que Dios te dice en el Evangelio
Cólera de corazón, decepción ante una bella expectativa, frustración ante el último rechazo de lo que había sido un formidable plan. El Rey invita a las personas a venir a su banquete, es un Rey generoso, un Rey que sobrelleva el peso del derroche mientras eso le suponga la felicidad del invitado.
Pobre Rey que tenía bien presente a cada uno de los que deseaba ver en su palacio. Anhelaba el corazón del Rey poder abrir sus brazos recibiendo al huésped esperado, pero éste no quiso venir, simplemente así: no quiso, no supo o no quiso saber…
Yo, persona que me gusta que me imploren, que me soliciten varias veces. Yo, persona que subyace en la tendencia de esperar a que me rueguen. Yo, persona que no soy feliz, aun si haber salido de mí misma.
Soy una persona que buscando la felicidad en preferirme, he encontrado la irónica tristeza de quien no se entrega. Soy yo un comensal que fue invitado a ese banquete, y que ahora solo puedo vagamente imaginar y saborear. Soy el invitado que pensó encontrar mayor placer en dedicarse ciegamente a los afanes de esta vida, sin pensar siquiera en dirigir la vista, por lo menos una vez, hacia los gozos que del cielo se desprenden. Soy esa persona, ese invitado…
Pero tengo la certeza de que el Rey llamó dos veces…
Hoy, Señor, quiero pedirte perdón por los momentos en que no acepté tu voluntad. Quiero volverme a tu misericordia, por las veces en que no confié en ti. Me encuentro aquí con el deseo de empezar una vez más y de aceptar esa segunda invitación. De extender mi mano para que la tomes y me lleves caminando junto a ti hacia el banquete, pues deseo dar el paso de este día también; y acoger tu voluntad desde mi corazón.
«De este modo, sentarse en la mesa con Jesús significa ser transformados y salvados por Él. En la comunidad cristiana la mesa de Jesús es doble: está la mesa de la Palabra y la mesa de la Eucaristía. Son estas las medicinas con las cuales el Médico Divino nos cura y nos nutre».
(S.S. Francisco, audiencia del 13 de abril de 2016).
Diálogo con Cristo
Ésta es la parte más importante de tu oración, disponte a platicar con mucho amor con Aquel que te ama.
Propósito
Proponte uno personal. El que más amor implique en respuesta al Amado… o, si crees que es lo que Dios te pide, vive lo que se te sugiere a continuación.
Ser sincero con todos y en todo, fortaleciendo esta actitud en el sacramento de la reconciliación.
Despedida
¡Cristo, Rey nuestro!
¡Venga tu Reino!
Virgen prudentísima, María, Madre de la Iglesia.
Ruega por nosotros.
En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo.
Amén.
El cuidado y la atención espiritual de los enfermos
Invitación a orar por los enfermos.
Por: Pedro Sergio Antonio Donoso Brant | Fuente: caminando-con-jesus.org

Oración por los enfermos
Señor Jesucristo, que para redimir a los hombres y sanar a los enfermos quisiste asumir nuestra condición humana; mira con piedad a todos los que están enfermos y necesitan ser curados en el cuerpo y en el espíritu.
Reconfórtalos con tu poder para que levanten su ánimo y puedan superar todos sus males, y ya que has querido asociarlos a tu pasión redentora, haz que confíen en la eficacia de su dolor para la salvación del mundo. Tú, que vives y reinas por los siglos de los siglos.
R. Amén.
Estuve enfermo y fueron a visitarme San Mateo 25,36
El hermano enfermo no sólo tiene el derecho del cuidado físico en su enfermedad, además tiene el derecho del cuidado y atención espiritual. En efecto, un gran gesto de amor, una actitud de caridad, algo importante que podemos hacer por un ser querido, o un hermano enfermo, es ayudarle con nuestras oraciones y cuidados espirituales.
Del mismo modo, como cristianos debemos procurar en primer lugar cuidar nuestra salud y la de nuestro prójimo. Nosotros somos creación del Señor, por tanto patrimonio de Dios, entonces tenemos el deber de cuidarnos la salud física y la del alma, y si padecemos alguna dolencia, aprovechar la oportunidad de ofrecer los sufrimientos a Cristo.
El cuidado de la salud de los hombres requiere la ayuda de sus hermanos, de sus familiares, de sus amigos, como también del resto de la sociedad en la cual viven, a fin de lograr las condiciones de calidad de vida que permiten crecer, estudiar, formar familia, formarse espiritualmente, como alimentarse, vestirse, tener vivienda, trabajo y jubilarse o pensionarse. En nuestra vida terrena, estamos expuestos a que nos sucedan cosas como algunas enfermedades imprevistas y tenemos que padecer y en algunas ocasiones debemos operarnos, si estas salen bien, alegrémonos y demos gracias a Dios, pero sabemos que no siempre es así, si éstas salen mal, alegrémonos por esta oportunidad de ofrecer al Señor, la oportunidad de ayudarle con la dulce carga de la Cruz de Jesús.
Debemos sí tener cuidado de tener una actitud de excesivo cuidado por conservar la salud, cuando ésta se interpreta como una señal de egoísmo y falta de confianza en Dios. Recuerdo en mi juventud, cómo mi padre me enseñaba la necesidad de cuidar el cuerpo de manera razonable, porque no debíamos olvidar que es templo del Espíritu Santo. Entonces nos invitaba a la vida sobria, sin excesos y lejos de todo lo nocivo para el cuerpo humano. Es así, como la vida y la salud física son bienes preciosos confiados por Dios, razón importante para cuidar a los enfermos, teniendo en cuenta sus necesidades y la de los demás y el bien común.
También es bueno recordar, que el hermoso don de la vida está en manos de Dios. En efecto, el hombre no es dueño de su vida ni de su salud y perjudicarlas por desidia, falta de cuidado o negligencia es una ofensa a Dios. Es así entonces, que no debemos ser indisciplinados con los buenos consejos médicos, como por ejemplo no tomar los medicamentos recomendados o hacernos el desentendido con ciertos síntomas que nos advierten de algún peligro de enfermedad.
Me parece, que no debemos engañar a un hermano enfermo si está cerca de la muerte, no estaría bien decirle que todo anda bien y que no hay que preocuparse. Seamos misericordiosos con esto, ya que se trata de un tiempo en que el enfermo debe aprovechar para prepararse al encuentro con el Señor. Los últimos días de vida pueden ser decisivos para la vida eterna, es cuando el hermano enfermo debe recibir los Sacramentos de Penitencia y Reconciliación, esto es, la Confesión y la Comunión.
Yo tengo mi experiencia personal en esto, en una etapa de mi vida durante 18 meses estuve acompañando a mi difunta esposa, la cual sufrió de un cáncer irrecuperable, y así fue como estuvimos preparando las maletas para su viaje a la vida eterna, en el momento que Dios lo dispusiera, y está grabado por la eternidad en mi corazón el minuto cuando ella me sonrió y a los pocos segundos partió en su viaje a la casa del Señor.
Por otra parte no dejemos de lado la Unción de los Enfermos, ésta se debe recibir tan pronto se sepa que hay enfermedad, especialmente si es grave, en todo caso se debe explicar que este Sacramento no es para pacientes desahuciados, es para entregarnos en las manos de Dios y decir que estamos abiertos a la curación, y dedicar este sufrimiento para llevar la cruz de la enfermedad con gracia y para nuestro bien.
Como otro testimonio personal, en una ocasión, junto a un Tío Presbítero, se la dimos a mi padre de 82 años, el cual estaba bastante mal y temíamos por su vida, hoy nuevamente, se le ve sonreír, por continuar viendo a diario su familia que el formó con los fundamentos de nuestra fe.
Oremos entonces con y por los hermanos enfermos, lo podemos hacer con el rosario y otras oraciones y meditemos los mensajes del Señor en las Sagradas Escrituras. Oremos a nuestro Padre Dios, pidamos por su Hijo Jesucristo, y con nuestra Madre la Santísima Virgen Maria.