
Agapito I, Santo
LVII Papa, 22 de abril…
- Hoy también se festeja a:
- • Cayo, Santo
- • Agapito I, Santo
- • Francisco de Fabriano, Beato
- • Oportuna, Santa
- • Sotero, Santo
Creer en Dios es creer en su amor
Santo Evangelio según san Juan 6, 44-51. Jueves III de Pascua
Por: Adrián Olvera, LC | Fuente: www.somosrc.mx

En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo.
Amén.
Cristo, Rey nuestro.
¡Venga tu Reino!
Oración preparatoria (para ponerme en presencia de Dios)
Señor, creo pero aumenta mi fe.
Evangelio del día (para orientar tu meditación)
Del santo Evangelio según san Juan 6, 44-51
En aquel tiempo, Jesús dijo a los judíos: ¨Nadie puede venir a mí, si no lo atrae el Padre, que me ha enviado; y a ése yo lo resucitaré el último día. Está escrito en los profetas: Todos serán discípulos de Dios. Todo aquel que escucha al Padre y aprende de él, se acerca a mí. No es que alguien haya visto al Padre, fuera de aquél que procede de Dios. Ese sí ha visto al Padre.
Yo les aseguro: el que cree en mí, tiene vida eterna. Yo soy el pan de la vida. Sus padres comieron el maná en el desierto y sin embargo, murieron. Este es el pan que ha bajado del cielo para que, quien lo coma, no muera. Yo soy el pan vivo que ha bajado del cielo; el que coma de este pan vivirá para siempre, y el pan que yo les voy a dar es mi carne para que el mundo tenga vida¨.
Palabra del Señor.
Medita lo que Dios te dice en el Evangelio
¿Qué significa creer? ¿Qué significa creer en Dios? ¿Qué implica decir «yo creo en Dios»?
Jesús se presenta como el pan de vida, es decir, como el pan que sacia en plenitud el hambre de amor, de felicidad, de eternidad.
Se presenta como luz que ilumina el sendero de la vida. Se presenta como la vida verdadera; como una promesa que tiene su cumplimiento en el presente.
Jesús se presenta como un Dios que está vivo. Él sabe que somos hombres y, como hombres que somos, quiere saciar nuestra necesidad. Sabe que necesitamos un Dios concreto, un Dios que podamos ver y tocar pues comprende que no somos sólo espíritu y, por ello, no solamente se da, sino que se entrega en totalidad hoy en la Eucaristía.
Es verdad que sigue velado por el misterio y necesitamos fe pero, Él continúa estando…, ahí, callado, sencillo. Es Dios que hoy sigue repitiendo: «El que crea en mí, ése tendrá vida eterna».
Por tanto, creer en Dios significa creer en alguien que está vivo, aquí presente, que no simplemente conoce mis necesidades más profundas y más particulares, sino que también quiere dar a ellas una respuesta.
Creer en Dios significa creer que sí existe alguien en quien puedo encontrar lo que mi corazón necesita. Creer en Dios es creer en el amor.
«La fe que profesamos en la resurrección nos lleva a ser hombres de esperanza y no de desesperación, hombres de la vida y no de la muerte, porque nos consuela la promesa de la vida eterna enraizada en la unión con Cristo resucitado. Esta esperanza, que la Palabra de Dios reaviva en nosotros, nos ayuda a tener una actitud de confianza frente a la muerte: en efecto, Jesús nos ha mostrado que esta no es la última palabra, sino que el amor misericordioso del Padre nos transfigura y nos hace vivir en comunión eterna con Él. Una característica fundamental del cristiano es el sentido de la espera palpitante del encuentro final con Dios».
(Homilía de S.S. Francisco, 3 de noviembre de 2017).
Diálogo con Cristo
Ésta es la parte más importante de tu oración, disponte a platicar con mucho amor con Aquel que te ama.
Propósito
Proponte uno personal. El que más amor implique en respuesta al Amado… o, si crees que es lo que Dios te pide, vive lo que se te sugiere a continuación.
Buscaré a lo largo de mi día hacer una visita a la Eucaristía.
Despedida
Te damos gracias, Señor, por todos tus beneficios, a ti que vives y reinas por los siglos de los siglos.
Amén.
¡Cristo, Rey nuestro!
¡Venga tu Reino!
Virgen prudentísima, María, Madre de la Iglesia.
Ruega por nosotros.
En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo.
Amén.
Padre Dios sí, madre tierra no
La tierra es nuestro hogar, pero no es nuestra creadora, ni vela por nosotros, simplemente está allí, en don
Por: Salvador I. Reding Vidaña | Fuente: Catholic.net

¿Hay que ver por “la tierra”? Sí, sin duda, porque es parte de la creación, la cual debemos saber “contemplar y cuidar como casa de todos los seres vivos y matriz de la vida del planeta, a fin de ejercitar responsablemente el señorío humano sobre la tierra y los recursos, para que pueda rendir todos sus frutos en su destinación universal, educando para un estilo de vida de sobriedad y austeridad solidarias”.
Esta es la orientación razonable, que se presentó en la reunión de “Aparecida”, Brasil, en 2007, en la cual el actual Papa Bergoglio presidió la Comisión Central de Redacción, junto con el cardenal Oscar Andrés Rodríguez Maradiaga y Mons. Carlos Aguiar Retes.
La tierra es nuestro hogar, pero no es nuestra creadora, ni “vela” por nosotros, simplemente está allí, en donde Dios la puso y como Él la creó. Aquellos que hablan de “la madre tierra”, como si fuera una persona, un ser con espíritu, con voluntad propia, se equivocan soberanamente.
“La tierra” es un conjunto de materia, con leyes que la gobiernan que no provienen de ella misma, sino de su creador, Dios. La tierra no es madre de nadie, es hogar de muchos seres vivos: plantas, animales y personas humanas. Pero la tierra misma no tiene vida, tampoco voluntad o poder alguno. No le debemos a este planeta absolutamente nada, ya que no es persona, no hace más que seguir las reglas que le fueron diseñadas e impuestas por Dios.
Esto es importante por la deificación que se hace de nuestro planeta de parte de algunos grupos con ideas extravagantes. Lo malo es que hay personas que ingenua y entusiastamente le rinden pleitesía, incluso hasta llegar a posiciones realmente fanáticas. No tiene sentido alguno, y eso debe preocuparnos.
Igualmente se habla de otra madre que no puede ser tal, y que es una versión más amplia, que abarca digamos la creación material entera: ¡la “madre naturaleza”! No hay tal, la naturaleza es el conjunto de obras de la creación de Dios; no siendo persona, sin poder, sin vida propia, sin voluntad, tampoco es madre de nadie.
Detrás de la promoción de estas deificaciones, pues son tales, de la tierra y de la naturaleza, hay intereses reales, no son simples ingenuidades, aunque en principio en algunos casos sí lo fueron. La intención de los promotores es perversa, de trata de sustituir la visión de una deidad creadora, centro de las religiones mayores del mundo por una visión terrenal, sin Dios y por tanto sin religión, pues no haya relación con esa persona-divinidad, a quien llamamos Dios y con términos propios en otros idiomas.
De hecho, se sustituye al Dios personal por diversas personalidades supuestamente poderosas, espíritus capaces de regir la vida del mundo. Pero esas personalidades son cosas o fenómenos naturales, como la luna, el relámpago, o la aurora boreal. Estos “espíritus” son a su vez supuestamente contactados por brujos, chamanes o sacerdotes y sacerdotisas que controlan voluntades humanas, y hasta del mundo del espíritu, de las tinieblas, de las profundidades del mal.
Esto de la madre tierra no es tan simple, conlleva muchas cosas, hasta llegar a sustituir las religiones de un Dios personal, por una supuesta religiosidad universal, con sus propios mandamientos terrenales, no provenientes de la voluntad de Dios, sino como convenciones de la gente para convivir “en armonía con la naturaleza”.
Por iniciativa de los promotores de esta religiosidad mundana, terrenal, la de la madre tierra o la madre naturaleza, las mismas Naciones Unidas proclamaron un “día de la Tierra”, el 22 de abril, y justificaron el uso de la expresión “Madre Tierra”, como «una expresión común utilizada para referirse al planeta Tierra en diversos países y regiones, lo que demuestra la interdependencia existente entre los seres humanos, las demás especies vivas y el planeta que todos habitamos», esto en la Resolución 63/278 de la Asamblea General.
No podemos caer en este juego anti-Dios, con la aceptación de ese tema de la “madre tierra”, que parece, porque así se maneja, como algo poético, espiritual, de alto contenido humano y de comprensión responsable del valor del planeta en que habitamos.
Entre los promotores del culto (aunque no se le llame así) a la madre tierra, está el New Age (que por cierto no tiene nada de “new”).
Hay que estar alerta, sobre todo con los niños, a quienes fácilmente se les puede convencer de esta pseudo-espiritualidad del culto a la “madre tierra”, o a la “madre naturaleza”, pues les llevaría a una torcida interpretación de la religiosidad, de la divinidad personal de un Dios creador omnipotente y misericordioso. Celebrar a la madre tierra es el camino para trastocar la religión como una auténtica relación con Dios y con los demás seres espirituales, con las personas de cuerpo y alma, sujetos de Dios.