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Luis Gonzaga, Santo
Memoria Litúrgica, 21 de junio …
Hoy también se festeja a:
- • Ramón de Barbastro, Santo
- • Leufredo, Santo
- • Radulfo de Bourges, Santo
- • Lázaro
- • Tomás de Orvieto, Beato
El Reino de Cristo
Por: H. José Romero, L.C. | Fuente: missionkits.org
En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.
Cristo, Rey nuestro. ¡Venga tu Reino!
Oración preparatoria (para ponerme en presencia de Dios)
¡Cristo Rey nuestro! ¡Venga tu Reino!
Evangelio del día (para orientar tu meditación)
Del santo Evangelio según san Mateo 6, 7-15
En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: «Cuando ustedes hagan oración, no hablen mucho, como los paganos, que se imaginan que a fuerza de mucho hablar serán escuchados. No los imiten, porque el Padre sabe lo que les hace falta, antes de que se lo pidan. Ustedes pues, oren así:
Padre nuestro, que estás en el cielo, santificado sea tu nombre, venga tu Reino, hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo.
Danos hoy nuestro pan de cada día, perdona nuestras ofensas, como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden; no nos dejes caer en tentación y líbranos del mal.
Si ustedes perdonan las faltas a los hombres, también a ustedes los perdonará el Padre celestial. Pero si ustedes no perdonan a los hombres, tampoco el Padre les perdonará a ustedes sus faltas».
Palabra de Dios.
Medita lo que Dios te dice en el Evangelio
La primera reunión que tuve con el Movimiento Regnum Christi me pareció bastante interesante que se respondiera a la invocación ¡Cristo Rey nuestro!,con un ¡Venga tu Reino! Y por la forma como lo decían, sentí que su deseo era que el Reino de Cristo gobernara la Tierra.
Pero ¿cuál es el significado del Reino de Cristo? El significado es el gobierno del amor de Dios. ¿Y qué pedimos cuando decimos,¡Venga tu Reino!? Que ese gobierno llegue al corazón de todos los hombres. ¡Venga tu Reino! se convierte en más que una frase bonita, se convierte en una oración de petición por el amor de Dios en nuestras vidas.
Y en la oración al Padre que Cristo nos enseña también aparecen las palabrasvenga tu reino, porque para que el amor de Dios se haga presente en la Tierra se debe hacer presente en el corazón de cada hombre, empezando por el de cada uno de nosotros. Cada vez que decimos esta frase le pedimos al Padre que su amor se acobije en nuestro corazón.
Pero los miembros del Movimiento Regnum Christi iban más lejos al colocar esa frase como expresión de su carisma. Pedían que el amor de Cristo llegara a todos; pedían que el amor de Dios llegara a los corazones de todos los hombres.
Venga tu Reino expresa la confianza que el amor de Dios desciende del Cielo y habita en nuestros corazones ¡Cristo Rey nuestro! ¡Venga tu Reino!
Que Cristo esté cada vez más presente en la vida de las personas, de las familias, de los pueblos y de las naciones, para la mayor gloria de Dios. Que esta gloria se manifieste en la cultura de la vida, en la hermandad, en la solidaridad, en la paz y en la justicia, con efectivo amor preferencial por los más pobres, a través del testimonio de los cristianos de las diversas comunidades y confesiones, de los creyentes de otras tradiciones religiosas, y de los hombres de recta conciencia y buena voluntad. Oh Señor Jesús, nosotros somos solamente tus discípulos misioneros, tus humildes cooperadores para que venga tu Reino..
(Homilía de S.S. Francisco, 2 de mayo de 2015).
Diálogo con Cristo
Ésta es la parte más importante de tu oración, disponte a platicar con mucho amor con Aquel que te ama.
Propósito
Proponte uno personal. El que más amor implique en respuesta al Amado… o, si crees que es lo que Dios te pide, vive lo que se te sugiere a continuación.
Transmitir el Reino de Cristo que tengo en mi corazón a los demás.
Despedida
Te damos gracias, Señor, por todos tus beneficios, a Ti que vives y reinas por los siglos de los siglos.
Amén.
¡Cristo, Rey nuestro!
¡Venga tu Reino!
Virgen prudentísima, María, Madre de la Iglesia.
Ruega por nosotros.
En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo.
Amén.
¿Cómo hacer del deporte una expresión de la vida cristiana?
Por: Fe y Familia | Fuente: Fe y Familia
Gran importancia cobra hoy la práctica del deporte, porque puede favorecer en todos la afirmación de valores importantes como la lealtad, la perseverancia, la amistad, la comunión y la solidaridad.
Precisamente por eso el deporte ha ido desarrollándose cada vez más como uno de los fenómenos típicos de la modernidad, casi como un «signo de los tiempos» capaz de interpretar nuevas exigencias y nuevas expectativas de la humanidad.
¿La Iglesia recomienda el deporte?
La Iglesia no cesa de recomendar la valoración del cuerpo humano mediante una apropiada educación física, la cual, mientras, por una parte, hace que se eviten las desviaciones del «culto al cuerpo», por otra, entrenan al cuerpo y al espíritu en el esfuerzo, ánimo, equilibrio, sacrificio, nobleza, fraternidad, cortesía y, en una palabra, en el fair-play.
¿Qué deportes valora la Iglesia?
La Iglesia valora y respeta todos los deportes que son verdaderamente dignos de la persona humana. Son tales cuando favorecen el desarrollo ordenado y armonioso del cuerpo al servicio del espíritu y cuando dan lugar a una competición inteligente y formativa que promueve el interés y el entusiasmo, y son fuente de sano esparcimiento.
¿Por qué la Iglesia promueve el deporte?
El deporte, incluso bajo el aspecto de educación física, encuentra en la Iglesia apoyo por todo lo que comporta bueno y sano. Sin duda, la Iglesia no puede menos de estimular todo lo que sirve para el desarrollo integral del cuerpo humano, sobre todo porque Dios ha hecho de él morada e instrumento de un alma inmortal, infundiéndole ese «soplo de vida» (cf. Gén 2,7), por el cual el hombre es hecho a su imagen y semejanza.
¿Qué valores ve la Iglesia en el deporte?
Las actividades deportivas hacen que se desarrollen determinadas cualidades en cada uno. Nos impulsan a dar lo mejor de nosotros mismos, tanto en el aspecto físico como en la competición deportiva, y nos invitan constantemente a descubrir los lazos que nos unen a los demás. Los deportes son un medio muy eficaz para suscitar la estima y el respeto mutuos, la solidaridad humana, la amistad y la buena voluntad entre las personas.
¿Y sobre las competencias deportivas?
La Iglesia señala que el deporte nos ayudará, sobre todo, a convertirnos en ciudadanos amantes del orden social y de la paz; nos enseñará a ver que las competencias deportivas no son luchas entre rivales ni factores de división, sino pacíficas manifestaciones competitivas, en las cuales no debe faltar, incluso en el obligado esfuerzo por conseguir la victoria, el sentido de respeto hacia el oponente.
¿Qué debe tener toda práctica deportiva?
El deporte se vería privado de su mensaje espiritual, si no se basara y tomara fuerza e inspiración en aquellos valores que precisamente llevan consigo un espíritu de sacrificio, es decir: la lealtad, el dominio de sí, la prudencia, el respeto a la persona del rival, etc.
De este modo el deporte se convierte en una palestra de adiestramiento de la voluntad, una escuela de promoción humana y espiritual que la Iglesia no cesa de reafirmar en sus enseñanzas.
¿Y sobre el juego en equipo?
Los deportes que se practican en equipo permiten ejercitar las cualidades morales de un grupo comprometido de aficionados o deportistas. Un equipo no sólo es fruto de condiciones y prestancia física; sino que es también el resultado de una rica serie de virtudes humanas, de las cuales depende el éxito: el entendimiento, la colaboración y la capacidad de amistad y de diálogo; en una palabra, los valores espirituales, sin los cuales el equipo no existe y no es eficaz.
¿Existe algún riesgo a tomar en cuenta?
Debemos considerar siempre que cada persona antes de ser un individuo dotado de músculos fuertes y de rápidos reflejos, es una persona humana, en grado de trascender cualquier reducido condicionamiento en virtud de su inteligencia, de su libertad; y por tanto también capaz de demostrar con sus acciones lo que objetivamente está de acuerdo con la justicia, la verdad y el bien.
En ese sentido, el Papa Juan Pablo II nos ha invitado a que «el hombre jamás sea sacrificado por el deportista». Y ha pedido que promovamos siempre todo lo que es auténticamente bueno, mediante un leal testimonio de los valores exigidos por el auténtico deporte.
¿Cómo descubrimos a Dios en el deporte?
Toda práctica deportiva es ocasión propicia para dar gracias a Dios por el don del deporte, con el que el hombre ejercita su cuerpo, su inteligencia y su voluntad, reconociendo que estas capacidades son dones de su Creador.
(Este especial se ha realizado tomando como fuente diversos mensajes del Papa Juan Pablo II sobre el tema del deporte, en los años 1979, 1981, 1986, 1987, 1991 y 2000).
