Obispo, 20 de febrero…
Hoy también se festeja a:
- • Francisco y Jacinta Marto, Santos
- • Pedro de Treia, Beato
- • León de Catania, Santo
- • Julia Rodzinska, Beata
- • Jacinta Marto, Santa
Y tú, ¿qué dices?
Por: H. Francisco J. Posada, LC | Fuente: www.somosrc.mx
En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo.
Amén.
Cristo, Rey nuestro.
¡Venga tu Reino!
Oración preparatoria (para ponerme en presencia de Dios)
Señor, que toda la gente que me vea pueda reconocer que soy cristiano y que Tú eres importante en mi vida. Te pido de manera especial por todas las personas que no te conocen todavía.
Evangelio del día (para orientar tu meditación)
Del santo Evangelio según san Marcos 8, 27-33
En aquel tiempo, Jesús y sus discípulos se dirigieron a las aldeas de Cesarea de Filipo; por el camino, preguntó a sus discípulos: «¿Quién dice la gente que soy yo?» Ellos le contestaron: «Algunos dicen que eres Juan Bautista; otros, Elías; y otros, uno de los profetas».
Entonces él les preguntó: «Y ustedes, ¿quién dicen que soy yo?» Pedro le respondió: «Tú eres el Mesías.» Y él les ordenó que no se lo dijeran a nadie.
Luego se puso a explicarles que era necesario que el Hijo del hombre padeciera mucho, que fuera rechazado por los ancianos, los sumos sacerdotes y los escribas, que fuera entregado a la muerte y resucitará al tercer día.
Todo esto lo dijo con entera claridad. Entonces Pedro se lo llevó aparte y trataba de disuadirlo. Jesús se volvió, y mirando a sus discípulos, reprendió a Pedro con estas palabras: «¡Apártate de mí, Satanás! Porque tú no juzgas según Dios, según los hombres!».
Palabra del Señor.
Medita lo que Dios te dice en el Evangelio
Una de las maneras en las que podemos decir que una persona es importante para nosotros es a través de nuestras acciones y el modo como vivimos. Si es un familiar, la gente que nos vea con él se podrá dar cuenta; si es un amigo o pareja, de la misma manera, los demás lo sabrán. Hoy que Cristo nos pregunta a cada uno de nosotros, ¿quién soy para ti?, debemos revisar nuestra vida y ver si con ella podemos decir qué valor tiene Cristo para nosotros. De otra forma nos faltaría algo. Puede que no hayamos tenido una experiencia del Señor como la tenemos de nuestros familiares con los que convivimos, con nuestros amigos o pareja, pero Cristo quiere ser parte de nuestra vida. Él nos sale al encuentro y quiere que sepamos acogerlo.
También nosotros podemos salir a buscarlo porque sentimos la necesidad de alguien que nos escuche, nos acoja en momentos difíciles, nos aliente a seguir adelante, esté con nosotros hasta el final. Cristo no es uno más en nuestra vida porque Él es especial, solo tenemos que descubrir que es único, así como esas personas que nos han marcado en nuestra vida.
La respuesta que le da Pedro es verdad porque Jesús es Cristo, el Hijo de Dios vivo, y tenemos que entender qué significan estas palabras. Pedro, como primer papa, se muestra como maestro que, en su experiencia de vida, y por la gracia de Dios, se ha dado cuenta de quién es Cristo y por eso es capaz de enunciarlo. Cristo es el mesías que va a salvar a sus hermanos, que viene a mostrarnos el camino de regreso al Padre. Es una persona viva que de verdad actúa en nuestra vida y no solo una idea, alguien lejano. Pidámosle al Señor que nos ayude a amarlo más y a reconocer su presencia en nuestras vidas.
«El Mesías es el esperado, la novedad, el que trae al mundo la unción de Dios. Jesús no es el pasado, sino el presente y el futuro. No es un personaje lejano para recordar, sino Aquel a quien Pedro tutea: Tú eres el Cristo. Para el testigo, Jesús es más que un personaje histórico, es la persona de la vida: es lo nuevo, no lo ya visto; es la novedad del futuro, no un recuerdo del pasado. Por consiguiente, un testigo no es quien conoce la historia de Jesús, sino el que vive una historia de amor con Jesús. Porque el testigo, después de todo, lo único que anuncia es que Jesús está vivo y es el secreto de la vida. En efecto, vemos que Pedro, después de haber dicho Tú eres el Cristo, agrega: “el Hijo de Dios vivo”. El testimonio nace del encuentro con Jesús vivo».
(Homilía de S.S. Francisco, 29 de junio de 2019).
Diálogo con Cristo
Ésta es la parte más importante de tu oración, disponte a platicar con mucho amor con Aquel que te ama.
Propósito
Proponte uno personal. El que más amor implique en respuesta al Amado… o, si crees que es lo que Dios te pide, vive lo que se te sugiere a continuación.
Hoy voy a rezar por el Papa, vicario de Cristo, para que Dios lo siga fortaleciendo en su misión de maestro y guía.
Despedida
Te damos gracias, Señor, por todos tus beneficios, a ti que vives y reinas por los siglos de los siglos.
Amén.
¡Cristo, Rey nuestro!
¡Venga tu Reino!
Virgen prudentísima, María, Madre de la Iglesia.
Ruega por nosotros.
En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo.
Amén.
Enojones
Por: Adolfo Güémez |
¿Quién no conoce al menos a un par de personas enojonas? Lo peor es que las más de las veces vivimos con ellas. ¡O somos ellas!
El enojo o la ira es una pasión que todos llevamos dentro. Sólo que unos la encauzan bien y otros se dejan dominar por ella.
Hay una ira buena, que es la que nos ayuda a adquirir la virtud o a conservarla. Como cuando Jesús se enojó en el Templo y echó fuera a todos los cambistas.
También nosotros podemos enojarnos cuando hay algo que me degrada, me denigra o no me ayuda a ser virtuoso, como el coraje que se genera al defender la vida del no nacido, el matrimonio natural, etc.
Pero esta ira no nos roba la paz, más bien, nos la da. La ira que enseguida vamos a analizar ahora es la que no es correcta.
Normalmente nace cuando algo o alguien nos impide conseguir, o nos arrebata, un placer ilícito. Entonces surge en nosotros una cólera no sana, que nos roba la paz.
Por eso Juan Clímaco (escritor) pone en boca de la ira las siguientes palabras: «Mi madre son la vanagloria, la codicia, la gula y, algunas veces, la lujuria. Mi padre se llama orgullo. Mis hijas son el recuerdo de las injurias, la enemistad, la animosidad, la autojustificación.»
¿Qué consecuencias tiene esta cólera en nuestra vida? Hace nacer en nosotros diversos sentimientos y actitudes negativas como la violencia, la agresión, el rencor, el odio, el mal humor, la ironía, la venganza, etc.
Esta es, precisamente, una manera muy segura de distinguir la ira buena de la mala: cuando engendra algo de esto, entonces es mala, porque de Dios no puede venir nada que no sea bueno.
La curación para la cólera consiste en cuatro aspectos:
1. Aprender a sufrir con paciencia los defectos de los demás, así como las dificultades que se presentan. A aceptar lo que no se puede cambiar, y a luchar por cambiar lo que sí se puede.
2. Esto conlleva, las más de las veces, callar frente a las ofensas o errores de los demás, porque suprimiendo las palabras, se suprimen muchas consecuencias indeseadas: «El que no se deja arrastrar fácilmente por su lengua, tampoco será arrastrado nunca por la cólera.» Juan Clímaco
3. La humildad, que me lleva a permanecer pacífico. El deseo de venganza y el rencor no son sino la tendencia de nuestro amor propio de rehacer su nombre, de restablecer nuestra propia imagen frente a quienes sentimos que nos han ofendido.
4. Pero la batalla no ha terminado hasta que no hallamos sustituido la cólera por la virtud contraria: la dulzura.
La dulzura es lo mismo que la mansedumbre. No consiste en ser melosos o ñoños, sino en amar con sosiego y paciencia al prójimo.
La dulzura no nos debilita, al contrario:
- Nos da paz y reposo interior.
- Hace crecer en nosotros la confianza en uno mismo, lo cual nos fortalece para futuras ofensas.
- Nos asemeja a Jesucristo, manso y humilde de corazón.
