Domingo de Silos, Santo
Abad, 20 de diciembre …
Hoy también se festeja a:
- • Vicente Romano, Santo
- • Anton Durcovici, Beato
- • Ceferino, Santo
- • Ursicino de Jura, Santo
- • Miguel Piaszczynski, Beato
Porque para Dios nada hay imposible
Por: H. David Mauricio Sánchez Mejía, L.C. | Fuente: missionkits.org
En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.
Cristo, Rey nuestro. ¡Venga tu Reino!
Oración preparatoria (para ponerme en presencia de Dios)
Gracias, Señor, por darme un día más de vida. Dame la gracia para descubrir aquello que pides de míy la fortaleza para decir, como María, “sí” a todo lo que me pides.
Evangelio del día (para orientar tu meditación)
Del santo Evangelio según san Lucas 1, 26-38
En aquel tiempo, el ángel Gabriel fue enviado por Dios a una ciudad de Galilea, llamada Nazaret, a una virgen desposada con un varón de la estirpe de David, llamado José. La virgen se llamaba María.
Entró el ángel a donde Ella estaba y le dijo: «Alégrate, llena de gracia, el Señor está contigo». Al oír estas palabras, Ella se preocupó mucho y se preguntaba qué querría decir semejante saludo.
El ángel le dijo: «No temas, María, porque has hallado gracia ante Dios. Vas a concebir y a dar a luz un hijo y le pondrás por nombre Jesús. Él será grande y será llamado Hijo del Altísimo; el Señor Dios le dará el trono de David, su padre, y él reinará sobre la casa de Jacob por los siglos y su reinado no tendrá fin».
María le dijo entonces al ángel: «¿Cómo podrá ser esto, puesto que yo permanezco virgen?». El ángel le contestó: «El Espíritu Santo descenderá sobre ti y el poder del Altísimo te cubrirá con su sombra. Por eso, el Santo, que va a nacer de ti, será llamado Hijo de Dios. Ahí tienes a tu parienta Isabel, que a pesar de su vejez, ha concebido un hijo y ya va en el sexto mes la que llamaban estéril, porque no hay nada imposible para Dios». María contestó: «Yo soy la esclava del Señor, cúmplase en mí lo que me has dicho». Y el ángel se retiró de su presencia.
Palabra del Señor.
Medita lo que Dios te dice en el Evangelio
Faltan cuatro días para Nochebuena, la noche que celebramos el regalo de Dios que se hace hombre. Dios que se hace niño para salvarnos de nuestros pecados. Lo hace porque realmente se preocupa por nosotros, y para Él no es indiferente si elegimos ser felices eternamente con Él o nos amargamos eternamente al rechazarlo.
Dios interviene en la historia del hombre y también quiere intervenir en nuestra vida, pero no nos va a forzar a aceptarlo. Dios es extremadamente respetuoso de nuestra libertad. No quiere que respondamos como robots que están programados a responder a su amor. No, Él nos quiere libres y conscientes de que lo estamos buscando, de que lo necesitamos, y quiere que, libres y conscientes, seamos nosotros los que lo elijamos a Él, puesto que Él nos ha amado primero.
El sí de María muestra qué es lo que puede lograr Dios con una donación y entrega total a su amor. Es el sí de María lo que permite a Dios hacerse hombre. En definitiva, es el sí de María lo que permite a Dios llevar a cabo la redención que tanto quería realizar.
No, no siempre fue fácil para María; el ver morir a su hijo no fue ningún juego, pero ella sabía que sólo en el abandono total a Dios podía encontrar la plenitud que todos buscamos. Y a ti, ¿qué te impide abandonarte en las manos de Dios?
Es comprensible que la repentina aparición del ángel y su misterioso saludo: “Alégrate, llena de gracia, el Señor está contigo” hayan causado una fuerte turbación en María, sorprendida por esta primera revelación de su identidad y de su vocación, desconocida para ella entonces. María, como otros personajes de las Sagradas Escrituras, tiembla ante el misterio de la llamada de Dios, que en un instante la sitúa ante la inmensidad de su propio designio y le hace sentir toda su pequeñez, como una humilde criatura. El ángel, leyendo en lo más profundo de su corazón, le dice: «¡No temas!». Dios también lee en nuestro corazón. Él conoce bien los desafíos que tenemos que afrontar en la vida, especialmente cuando nos encontramos ante las decisiones fundamentales de las que depende lo que seremos y lo que haremos en este mundo. Es la «emoción» que sentimos frente a las decisiones sobre nuestro futuro, nuestro estado de vida, nuestra vocación. En esos momentos nos sentimos turbados y embargados por tantos miedos.
(Homilía de S.S. Francisco, 25 de marzo de 2018).
Diálogo con Cristo
Ésta es la parte más importante de tu oración, disponte a platicar con mucho amor con Aquel que te ama.
Propósito
Proponte uno personal. El que más amor implique en respuesta al Amado… o, si crees que es lo que Dios te pide, vive lo que se te sugiere a continuación.
En algún momento del día me detendré en una iglesia yle pediré al Señor que me dé la gracia de experimentar su amor y amistad.
Despedida
Te damos gracias, Señor, por todos tus beneficios, a Ti que vives y reinas por los siglos de los siglos.
Amén.
¡Cristo, Rey nuestro!
¡Venga tu Reino!
Virgen prudentísima, María, Madre de la Iglesia.
Ruega por nosotros.
En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo.
Amén.
¿Qué esperamos en la Navidad?
Por: Gustavo Daniel D´Apice | Fuente: Gustavo Daniel D´Apice
Más que una simple reunión familiar, que en estos tiempos ya es mucho, san Bernardo dice que podemos distinguir Tres Venidas del Salvador: la histórica de Belén, la última al final de los tiempos, y la intermedia entre estas dos.
Una es la histórica, cuando apareció pobre y humilde en Belén, habiendo comenzado ya el misterio de la Encarnación, naciendo junto a María y a José, sus padres virginales, entre los animales y su cálido aliento (el burrito y el buey de Is. 1,3), y siendo visitado para adorar primero por los pastores, representantes del pueblo elegido, y luego por los magos de oriente, en quienes estamos simbolizados todos los que no pertenecemos al antiguo pueblo de Israel, asociándose en el Anuncio Gozoso los ángeles del cielo de Lucas 2, 13-15 y los elementos de la naturaleza (la estrella que guió a los magos astrólogos de Mateo 2,10).
Ésta es la época en que recorrió los polvorientos caminos de Palestina: Nazareth, Galilea, Jerusalén, anunciando la Buena Noticia del Evangelio y realizando portentos y milagros. Cuando fue injustamente juzgado y condenado. Burlado, crucificado, muerto y sepultado. Pero resucitando glorioso, inmortal, incorruptible, repleto de luz, con un cuerpo de suma claridad, ágil, y sutil, al Tercer Día.
La Última Venida es la que llamamos “la Segunda Venida Gloriosa”. Es también lo que se llama “el fin del mundo” o el “Juicio Final”, que lejos de ser catastrófico, será un día de dicha sin fin, en que los muertos resucitarán incorruptibles y el universo será transformado e inmortalizado, gozándonos en la contemplación de Dios y en la compañía de unos con otros, donde no existirá ya el llanto ni el dolor, y donde no habrá ninguna maldición. No existirá la noche, porque el Señor Dios será la Luz Eterna, tal como se dice en los últimos capítulos del Apocalipsis, principalmente desde el número 21, donde se narran los “Cielos nuevos y la tierra nueva”: El mundo creado bueno en un principio, no está destinado al fracaso y a la destrucción, sino a ser inmortalizado desde dentro, y renovado con una claridad superior e incorruptible. Jesús aparecerá glorioso así como ahora está, resucitado con su propio cuerpo y lleno de “Poder y Majestad”, en su postrera y definitiva manifestación, llamada también “Parusía”, es decir, Venida Final.
Entre estas Dos Venidas, está la Venida Intermedia. Ésta todos la podemos percibir (no sólo los “elegidos”), y es cuando Jesús nos visita para darnos algún consuelo, cuando nos da una sensación intensa de felicidad interior, o de seguridad, o de ternura inefable, o de dicha no por las cosas terrenas solamente, sino por un consuelo celestial. Principalmente, sí, la perciben sus amigos íntimos, esos que le abren la puerta cuando Él golpea, y cenan con Él, según el Apocalipsis 3,20. De éstos tenemos que tratar de ser. Esta Visita se percibe cuando se quiere cumplir su Voluntad, lejos de la corrupción y de la coima, de la deshonestidad y de la lujuria, del robo y de la mentira. Se está cerca de experimentarla cuando se transita el camino de las virtudes.
María acompañó fielmente la Primera Venida histórica, desde el fiel consentimiento cuando le dijo que “-Sí” al Ángel que le anunciaba que sería la Madre de Dios (en la “Anunciación”), hasta ofrecerlo al Padre en el Altar de la Cruz, donde de pie y sin desesperarse, aunque con un dolor afligido, entregó a su Hijo para la salvación de todos.
También la Virgen vendrá con Jesús en la Segunda Venida Gloriosa al final de los tiempos, ya que es la única de la que podemos asegurar con plena fe que está glorificada corporalmente con Jesús. Así estaremos nosotros, y lejos de ser una contemplación estática y aburrida, también el cuerpo gozará de las alegrías del Cielo.
Y en la Visita Intermedia, que continúa la Primera Venida en la pobreza humilde de Belén y prepara la Majestad de la Segunda, también está presente la Madre, ya que con la fuerza irresistible de su intercesión nos procura la unión con Jesús, fuente y cumbre de nuestra única, auténtica y verdadera felicidad.
Para gozar de una Verdadera Navidad con las Tres Venidas de Jesús, el camino es permanecer unidos a María, y, por qué no, también a José, su padre virginal, semejante a María en todo.
Ellos nos transportarán a la dulzura inenarrable de Belén, nos prepararán con una esperanza gozosa e inclaudicable para la Majestad de la Segunda Venida, y nos proporcionarán la experiencia espiritual de la Visita Intermedia entre las dos, esa que nos transforma y nos cambia a semejanza del Modelo Divino que es Jesús.
Así Nuestra Navidad será realmente dichosa y feliz.
