Inés de Montepulciano, Santa
Virgen, 20 de abril…
- Hoy también se festeja a:
- • Secundino de Córdoba, Santo
- • Marciano de Auxerre, Santo
- • Teodoro Triquino, Santo
- • Elena de Laurino, Santa
- • Francisco Page, Beato
Rendirme ante Dios
Santo Evangelio según san Juan 3, 31-36. Jueves II de Pascua
Por: Adrián Olvera, LC | Fuente: somosrc.mx

En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo.
Amén.
Cristo, Rey nuestro.
¡Venga tu Reino!
Oración preparatoria (para ponerme en presencia de Dios)
¿Qué son mis días sin ti, Señor? ¿Qué son mis alegrías… mis preocupaciones sin ti, mi Dios?… ¿Qué soy yo sin ti?…
Evangelio del día (para orientar tu meditación)
Del santo Evangelio según san Juan 3, 31-36
El que viene de lo alto está por encima de todos; pero el que viene de la tierra pertenece a la tierra y habla de las cosas de la tierra. El que viene del cielo está por encima de todos. Da testimonio de lo que ha visto y oído, pero nadie acepta su testimonio. El que acepta su testimonio certifica que Dios es veraz. Aquel a quien Dios envió habla las palabras de Dios, porque Dios le ha concedido sin medida su Espíritu. El Padre ama a su Hijo y todo lo ha puesto en sus manos. El que cree en el Hijo tiene vida eterna. Pero el que es rebelde al Hijo no verá la vida, porque la cólera divina perdura en contra de él.
Palabra del Señor.
Medita lo que Dios te dice en el Evangelio.
La vida muchas veces se nos presenta como un camino… Un camino que hay que recorrer. Un camino que es hermoso pero que también tiene sus sendas estrechas, con uno que otro obstáculo que hacen difícil el paso.
Mientras lo recorremos se nos dice que hay que luchar, que no hay que rendirse… que hay que seguir hasta el final. «Es una lucha… es un combate» -se nos dice. Es apasionante…, muchas veces dolorosa; muchas veces se torna cansada. Ésa es, en ocasiones, la filosofía de vida.
La vida con Dios, por otro lado, nos invita a hacer lo contrario… nos invita a rendirnos. No ante la vida, ni ante nosotros mismos…Nos invita a rendirnos ante Él mismo…rendirnos ante Dios.
Rendirse ante Dios es dejarlo entrar en la propia vida…. Rendirse ante Dios es dejar que Él guíe mi caminar; es vivir sabiendo que nos espera la eternidad. Rendirse ante Dios no significa dejar de luchar, muy al contrario, significa confiar en que sólo con Él puedo ganar.
Rendirse ante Dios es aceptar su testimonio; aceptar su palabra… aceptar su amor.
Rendirme ante Dios es ya no poner resistencia a lo que Él quiera hacer conmigo… Es confiar en que el camino de la vida sólo rindiéndose tiene sentido.
Hoy me rindo ante ti, Señor.
«Por esto no tenemos más miedo: nuestra vida ya se ha salvado de la perdición. Nada ni nadie podrá arrancarnos de las manos de Jesús, porque nada ni nadie puede vencer su amor. ¡El amor de Jesús es invencible! El maligno, el gran enemigo de Dios y de sus criaturas, intenta de muchas maneras arrebatarnos la vida eterna. Pero el maligno no puede nada si nosotros no le abrimos las puertas de nuestra alma, siguiendo sus halagos engañosos».
(Homilía de S.S. Francisco, 17 de abril de 2016).
Diálogo con Cristo
Ésta es la parte más importante de tu oración, disponte a platicar con mucho amor con Aquel que te ama.
Propósito
Proponte uno personal. El que más amor implique en respuesta al Amado… o, si crees que es lo que Dios te pide, vive lo que se te sugiere a continuación.
Hacer un acto de caridad oculta como fruto de la contemplación del testimonio de amor de Jesucristo.
Despedida
Te damos gracias, Señor, por todos tus beneficios, a ti que vives y reinas por los siglos de los siglos.
Amén.
¡Cristo, Rey nuestro!
¡Venga tu Reino!
Virgen prudentísima, María, Madre de la Iglesia.
Ruega por nosotros.
En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo.
Amén.
La tierra sufre, necesitamos políticas previsoras de ecología integral
Audiencia del Papa con la delegación británica de «Interfaith Leaders from Greater Manchester».
Por: Alessandro De Carolis | Fuente: Vatican News

Cuando estalló la Revolución Industrial en Inglaterra, en el siglo XVIII, las chimeneas de Manchester echando humo negro contra el cielo se convirtieron en uno de los símbolos del progreso galopante que abría una nueva era en Gran Bretaña. Pero es también, y no se percibe inmediatamente, el inicio de un proceso que poco a poco repercutirá en todas partes en términos de contaminación. Francisco tomó esta señal al recibir a una delegación de los «Interfaith Leaders from Greater Manchester», un grupo interreligioso de la metrópoli británica que vio extenderse «un enorme progreso técnico y económico» junto con «un indudable impacto negativo sobre el medio ambiente humano y natural».
Los trágicos efectos de la degradación
El Papa agradeció a la delegación, subrayando «la urgente necesidad de proteger el medio ambiente» y de «trabajar concretamente para afrontar los efectos del cambio climático», todo ello a la luz de los valores expresados en Laudato si’.
Cada vez es más evidente, en efecto, que nuestro compromiso actual para salvaguardar la creación, don de Dios, debe formar parte de un esfuerzo más amplio para promover una ecología integral, que respete la dignidad y el valor de toda persona humana y reconozca los trágicos efectos de la degradación medioambiental en la vida de los pobres.
El bien común frente a lo «descartable»
En una palabra, reafirma Francisco, se trata de «reconocer que la crisis ambiental y la crisis social de nuestro tiempo no son dos crisis separadas, sino una sola crisis, que «requiere la creación de modelos económicos nuevos y clarividentes».
Pero también requiere determinación para superar la cultura del «usar y tirar», la cultura del descarte, generada por el consumismo y la indiferencia globalizada, que inhibe los esfuerzos para abordar estos problemas humanos y sociales desde la perspectiva del bien común».
Políticas previsoras
El Papa agradece también el testimonio concreto ofrecido por el grupo interconfesional, la importancia del «importante papel» ejercido «en la contribución a una conversión ecológica tan necesaria, basada -dice Francisco- en los valores del respeto a la naturaleza, la sobriedad, la solidaridad humana y la preocupación por el futuro de la sociedad».
Un aspecto esencial de esta contribución es su compromiso, como hombres y mujeres de fe, para formar las mentes y los corazones de los jóvenes y apoyar su necesidad de un cambio de rumbo y de políticas con visión de futuro que tengan como objetivo el desarrollo humano sostenible e integral.