Arnulfo de Metz, Santo
Obispo, 18 de julio …
Hoy también se festeja a:
- • Tiburcio Arnaiz Muñoz, Beato
- • Federico de Utrecht, Santo
- • Tarsicia (Olga) Mackiv, Beata
- • Teodosia de Constantinopla, Santa
- • Simón de Lipnica, Santo
El yugo y alivio del Señor
Por: H. Francisco J. Posada, LC | Fuente: www.somosrc.mx
En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.
Cristo, Rey nuestro. ¡Venga tu Reino!
Oración preparatoria (para ponerme en presencia de Dios)
Señor, que te invite a ser parte de mi vida.
Evangelio del día (para orientar tu meditación)
Del santo Evangelio según san Mateo 11, 28-30
En aquel tiempo, Jesús dijo: “Vengan a mí, todos los que están fatigados y agobiados por la carga, y yo les daré alivio. Tomen mi yugo sobre ustedes y aprendan de mí, que soy manso y humilde de corazón, y encontrarán descanso, porque mi yugo es suave y mi carga, ligera”.
Palabra del Señor.
Medita lo que Dios te dice en el Evangelio
Jesús nos hace una invitación y podemos preguntarnos si de verdad Él nos puede dar el reposo que necesitamos, porque otros medios y lugares se ven más creíbles; pero Cristo nos habla de un alivio que no se puede encontrar en ningún otro lugar. Este descanso y alivio que vienen de Dios no son algo ordinario sino sobrenatural, que no nos podemos imaginar hasta que lo experimentamos por nosotros mismos.
El consejo que nos da Jesús es el de reconocer cuál es el valor del sufrimiento en nuestras vidas porque nadie está exento del yugo, pero un yugo o cruz con Cristo son más llevaderos. Hacer de Cristo alguien presente en nuestras vidas es hacerlo partícipe de nuestras alegrías y tristezas porque su presencia nos ayuda a ver lo que es verdaderamente más importante.
«Es relativamente fácil para nuestra imaginación, compulsivamente productivista, contemplar y entrar en comunión con la actividad del Señor, pero no siempre sabemos o podemos contemplar y acompañar las “fatigas del Señor”, como si esto no fuera cosa de Dios. El Señor se fatigó y en esa fatiga encuentran espacio tantos cansancios de nuestros pueblos y de nuestra gente, de nuestras comunidades y de todos aquellos que están cansados y agobiados. Las causas y motivos que pueden provocar la fatiga del camino en nosotros sacerdotes, consagradas, consagrados, miembros de movimientos laicales son múltiples: desde largas horas de trabajo que dejan poco tiempo para comer, descansar, rezar y estar en familia, hasta “tóxicas” condiciones laborales y afectivas que llevan al agotamiento y agrietan el corazón; desde la simple y cotidiana entrega hasta el peso rutinario de quien no encuentra el gusto, el reconocimiento o el sustento necesario para hacer frente al día a día; desde habituales y esperables situaciones complicadas hasta estresantes y angustiantes horas de presión. Toda una gama de peso a soportar.»
(Homilía de S.S. Francisco, 26 de enero de 2019).
Diálogo con Cristo
Ésta es la parte más importante de tu oración, disponte a platicar con mucho amor con Aquel que te ama.
Propósito
Proponte uno personal. El que más amor implique en respuesta al Amado… o, si crees que es lo que Dios te pide, vive lo que se te sugiere a continuación.
Detenerme durante el día para reconocer cómo ha actuado Dios en mi vida.
Despedida
Te damos gracias, Señor, por todos tus beneficios, a Ti que vives y reinas por los siglos de los siglos.
Amén.
¡Cristo, Rey nuestro!
¡Venga tu Reino!
Virgen prudentísima, María, Madre de la Iglesia.
Ruega por nosotros.
En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.
¿Existe la buena envidia?
Por: P. Samuel Bonilla | Fuente: PadreSam.com
La envidia es uno de los así llamados “pecados capitales”, sin embargo muchos se preguntan si existe la “envidia de la buena”, es decir, si existe una especie de envidia que no sea pecado. Para responder esto debemos hacer ciertas aclaraciones.
¿Qué es la envidia? Una de mis definiciones preferidas para la envidia es “tristeza por el bien ajeno”, es decir, descubro un bien en otra persona y no lo tolero y deseo arrebatárselo, o al menos deseo que él no lo tenga. Ahora bien, esta actitud como tal sí es pecado.
Dicho esto, podemos afirmar que la envidia consta de dos partes: 1) descubrir un bien en otra persona, 2) querer arrebatarle ese bien. La envidia entonces funciona así: descubro un bien en otra persona, acto seguido, deseo arrebatárselo.
A partir de esto podemos concluir que si yo descubro un bien en una persona (una cualidad, un puesto, un mérito), pero no le deseo el mal, no deseo arrebatárselo, eso sería en otros términos admiración. Mientras que si al descubrirlo me entristece o no deseo que lo tenga, eso sería envidia.
Por lo tanto, lo malo entonces está en descubrir ese bien y no soportar que el otro lo tenga y yo no. Es decir que sí podemos sentir “envidia de la buena”, aunque lo mejor sería no llamarle así (por su connotación negativa, por ser uno de los pecados capitales), sino más bien llamarle admiración.
