Escucha la Homilía del Padre Francisco González Pedraz del domingo 10 de junio de 2018, dando clic Aquí!!
Si deseas escuchar otras Homilías Dominicales del Padre Pedraz, puedes buscarlas en nuestro Website en la sección de Homilías.
Metodio de Constantinopla, Santo
Patriarca, 14 de Junio…
Hoy también se festeja a:
- • Metodio de Constantinopla, Santo
- • Francisca de Paula de Jesús, Beata
- • Eliseo, Santo
- • Digna, Anastasio y Félix, Santos
Aprender a dar y recibir el perdón
Por: H. Cristian Gutiérrez, L.C. | Fuente: missionkits.org
En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.
Cristo, Rey nuestro. ¡Venga tu Reino!
Oración preparatoria (para ponerme en presencia de Dios)
Gracias, Dios mío, por el don de la vida. Gracias por permitirme entrar en tu presencia y estar a tu lado. Necesito de Ti, Señor. Mira que mi vida sin Ti carece de sentido. Aumenta mi fe para que te sepa descubrir en todos los momentos de mi vida. Acrecienta mi confianza para que no me deje seducir por cosas efímeras, que se acaban, que defraudan. Foguea mi amor para que te ame siempre con más pasión y pueda así ser un apóstol infatigable de tu Reino.
Evangelio del día (para orientar tu meditación)
Del santo Evangelio según san Mateo 5, 20-26
En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: «Les aseguro que si su justicia no es mayor que la de los escribas y fariseos, ciertamente no entrarán ustedes en el Reino de los cielos.
Han oído ustedes que se dijo a los antiguos: No matarás y el que mate será llevado ante el tribunal. Pero yo les digo: Todo el que se enoje con su hermano, será llevado también ante el tribunal; el que insulte a su hermano, será llevado ante el tribunal supremo, y el que lo desprecie, será llevado al fuego del lugar de castigo.
Por lo tanto, si cuando vas a poner tu ofrenda sobre el altar, te acuerdas allí mismo de que tu hermano tiene alguna queja contra ti, deja tu ofrenda junto al altar y ve primero a reconciliarte con tu hermano, y vuelve luego a presentar tu ofrenda.
Arréglate pronto con tu adversario, mientras vas con él por el camino; no sea que te entregue al juez, el juez al policía y te metan a la cárcel. Te aseguro que no saldrás de allí hasta que hayas pagado el último centavo.
Palabra del Señor.
Medita lo que Dios te dice en el Evangelio
Hoy me hablas del perdón y la reconciliación. Es de verdad importante para el seguidor tuyo aprender a perdonar y, sobre todo, a pedir perdón.
Pedir perdón es muestra de humildad ya que implica reconocer el error y, en cierta medida, rebajarse al otro y pedir algo que se necesita de él. El perdón cristiano es el que he podido aprender de Ti, un perdón humilde, sencillo, generoso, sin importar el tamaño de las ofensas, que no mide el pecado sino que mide el amor.
Pedir perdón al hermano es más fundamental antes de presentarse de nuevo ante Ti. Es como aquellos hermanos que pelean pero luego, ante la presencia de los padres, se piden perdón y se reconcilian.
En este pasaje me invitas al perdón, a olvidar los rencores, a dar el primer paso antes aquellas ofensas del pasado que nadie se ha atrevido a perdonar o pedir perdón. Me llamas a seguir tu ejemplo de delicadeza en el trato con mis hermanos, los hombres, a evitar los insultos, las palabras ofensivas, recriminatorias, o falsas.
Dame la gracia, Señor, de aprender a perdonar y recibir perdón como Tú me pides.
Respecto al mandamiento «no matarás», Él afirma que es violado no solo por el homicidio efectivo, sino también por esos comportamientos que ofenden la dignidad de la persona humana, comprendidas las palabras injuriosas. Claro, estas palabras injuriosas no tienen la misma gravedad y culpabilidad del asesinato, pero se ponen en la misma línea, porque se dan las premisas y revelan la misma malevolencia. Jesús nos invita a no establecer una clasificación de las ofensas, sino a considerarlas todas dañinas, en cuanto son movidas por el intento de hacer el mal al próximo. Y Jesús pone el ejemplo. Insultar: nosotros estamos acostumbrados a insultar, es como decir «buenos días». Y eso está en la misma línea del asesinato. Quien insulta al hermano, mata en su propio corazón a su hermano. Por favor, ¡no insultéis! No ganamos nada….
(Homilía de S.S. Francisco, 12 de febrero de 2017).
Diálogo con Cristo
Ésta es la parte más importante de tu oración, disponte a platicar con mucho amor con Aquel que te ama.
Propósito
Proponte uno personal. El que más amor implique en respuesta al Amado… o, si crees que es lo que Dios te pide, vive lo que se te sugiere a continuación.
Hoy procuraré disculpar las ofensas que otros me puedan causar.
Despedida
Te damos gracias, Señor, por todos tus beneficios, a Ti que vives y reinas por los siglos de los siglos.
Amén.
¡Cristo, Rey nuestro!
¡Venga tu Reino!
Virgen prudentísima, María, Madre de la Iglesia.
Ruega por nosotros.
En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo.
Amén.
Saber perdonar
Por: P. Juan Carlos Ortega Rodriguez | Fuente: Catholic.net
En la petición del Padrenuestro, «perdona nuestras ofensas como nosotros perdonamos a los que nos ofenden» (Mt 6,12) no significa principalmente que, si yo no perdono, no seré perdonado por Dios. Esto podría reducir el perdón divino a un simple acto de justicia. Por el contrario su perdón es siempre un acto gratuito e inmerecido por nuestra parte. Perdonar no es condición para ser perdonado: Dios está siempre dispuesto a perdonar.
Ahora bien, si Jesucristo nos indica que debemos perdonar, es porque este acto ayuda y enriquece la vida del cristiano. ¿Por qué ofrecer el perdón nos enriquece cuando más bien parecería que este acto es compartir la injusticia recibida?
El Santo Padre recuerda que, en muchos casos, los buenos cristianos no se acercan a la confesión porque en su interior tienen un profundo sentido de justicia y «prueban un sentimiento de indignidad ante la grandeza del don recibido. Y tienen razón en sentirse indignos» (n.6). Es normal sentirse indignos ante un mal realizado contra Dios o en contra de otra persona, porque nuestro interior siente que dicho acto es imperdonable, es decir, es imposible cancelar el mal realizado. Podremos no volverlo a cometer, e incluso podremos restituir las consecuencias del mal, pero siempre quedará como nuestro el acto malo realizado. Y, en consecuencia, somos indignos de recibir el perdón pues nunca podremos cancelar de la historia de nuestra vida el mal ya actuado.
Solamente la gracia de Dios podrá cerrar y sanar totalmente estas heridas. Pero hay una medicina humana que ayuda grandemente a sanar nuestra psicología. Esa medicina es precisamente el saber perdonar. Cuando nosotros perdonamos ofrecemos el perdón a alguien que por sus actos no merece ser
perdonado. A causa de los actos realizados, Érika no es digna de ser llamada ´hija´; pero el padre al ofrecer su perdón le restituye la dignidad de hija que ésta nunca podrá merecer pues siempre en su historia quedará como suya la acción realizada contra su madre y su hermanito.
Cuando nosotros perdonamos a una persona que es indigna y le restituimos, con nuestro perdón, su dignidad no merecida, comprendemos que también nosotros, indignos como somos, podemos ser convertidos en dignos al recibir el perdón de nuestras ofensas. Será entonces que, a pesar de nuestra indignidad, nos acercaremos al sacramento de la confesión y, de ese modo, por medio del perdón de Dios, recibiremos la dignidad que nuestras obras realizadas nunca podrían restituirnos.
En este sentido se pueden comprender también las palabras del Padrenuestro, en cuanto que el perdón que ofrecemos ayuda a recibir y aceptar el perdón de Dios que no merecemos.
El Papa indica algunos elementos esenciales para que el perdón pueda manifestarse en todo su valor: la capacidad de acogida, de escucha y de diálogo, la disponibilidad jamás negada, y el anuncio fiel de las exigencias de la palabra de Dios que debe siempre acompañarse de una grande comprensión y delicadeza» (n. 13).
En efecto, el perdón, además de con palabras, debe manifestarse con actos que expresan las auténticas actitudes interiores.
No tengamos miedo de perdonar. Y pidámosle al Señor: «ayúdanos a aceptar el perdón de nuestras ofensas como nosotros perdonamos a los que nos ofenden».
