
Rómulo, Santo
Obispo, 13 de octubre …
- Hoy también se festeja a:
- • Chelidonia (Celidonia o Quelidonia), Santa
- • Tomás Pallarés Ibáñez y Salustiano González Crespo, Beatos
- • Pierre-Adrien Toulorge, Beato
- • Alejandrina María da Costa, Beata
- • Magdalena Panattieri, Beata
Despertar una vez más
Santo Evangelio según san Lucas 11, 47-54. Jueves XXVIII del Tiempo Ordinario
Por: Iván Yoed González Aréchiga, LC | Fuente: somosrc.mx

En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo.
Amén.
Cristo, Rey nuestro.
¡Venga tu Reino!
Oración preparatoria (para ponerme en presencia de Dios)
Por puro amor viniste a nosotros, Señor. Quisiste que pudiera dirigirme a ti en cada instante. ¡Por puro amor! Quiero aprovechar este gran don.
Evangelio del día (para orientar tu meditación)
Del santo Evangelio según san Lucas 11, 47-54
En aquel tiempo, Jesús dijo a los fariseos y doctores de la ley: “¡Ay de ustedes, que les construyen sepulcros a los profetas que los padres de ustedes asesinaron! Con eso dan a entender que están de acuerdo con lo que sus padres hicieron, pues ellos los mataron y ustedes les construyen el sepulcro.
Por eso dijo la sabiduría de Dios: Yo les mandaré profetas y apóstoles, y los matarán y los perseguirán, para que así se le pida cuentas a esta generación de la sangre de todos los profetas que ha sido derramada desde la creación del mundo, desde la sangre de Abel hasta la de Zacarías, que fue asesinado entre el atrio y el altar. Sí, se lo repito: a esta generación se le pedirán cuentas.
¡Ay de ustedes, doctores de la ley, porque han guardado la llave de la puerta del saber! Ustedes no han entrado, y a los que iban a entrar les han cerrado el paso”.
Luego que Jesús salió de allí, los escribas y fariseos comenzaron a acosarlo terriblemente con muchas preguntas y a ponerle trampas para ver si podían acusarlo con alguna de sus propias palabras.
Palabra del Señor.
Medita lo que Dios te dice en el Evangelio.
Me topo con palabras muy duras Señor. ¿Estabas cansado de ellos?, ¿consternado por los corazones hipócritas? No quisiera por cierto, Señor, que estas palabras cayesen en saco roto. Siempre que escucho una reprensión como ésta, venida de tu boca, tiendo a suponerla para otras personas: muy pocas veces para mí. Pero ¿qué podría significar si fuese para mí?, ¿soy una persona honesta, sincera, que escucha tu palabra con entereza?
Se pedirán cuentas a todo aquel que haya recibido tan grandes regalos como los que Tú me das, como lo es el simple hecho de escuchar tus palabras. Tú tienes palabras de vida eterna. Si no las escucho, ¿hacia dónde camino? Muchos han querido escuchar lo que escucho yo, pero no pudieron. Tantas personas buscan el sentido de la vida y no lo encuentran. Y yo, que te escucho hablar con mucha frecuencia a ti de su sentido verdadero, ¿qué hago con tus palabras?
Eres un Dios misericordioso y al mismo tiempo justo: y es en eso que se consuma el verdadero amor. Un amor que busca siempre el bien de quienes ama. Un amor verdadero, que exige sacrificio, renuncia, orientación, e incluso alguna reprimenda: todo por el bien de quienes amas.
Si he caído en la rutina de escucharte, si he caído en la rutina de una vida falta de faro orientador, si he perdido de vista mi destino, que es vivir contigo en la eternidad, enséñame a encontrarte una vez más, a despertar una vez más, a no creer que lo sé ya todo, a no pensar que no puedo aprender más, que no puedo amar más. Y es que tanto y tantas personas dependen de mi entrega, que no es indiferente si te escucho o no.
Si Tú me envías mensajeros de tu palabra, profetas de este tiempo, personas a mi vida que me hablen de ti, sea con su testimonio o con sus palabras, te pido que pueda abrir mi corazón. No quiero que tus palabras se pierdan, Señor. En verdad me toca a mí y de mí depende que tus palabras no se pierdan, sino que traigan fruto para la eternidad.
«¡Cuán importante es mantener vivo este deseo, este anhelo de encontrar al Señor y hacer experiencia de su amor, hacer experiencia de su misericordia! Si llega a faltar la sed del Dios vivo, la fe corre el riesgo de convertirse en rutina, corre el riesgo de apagarse, como un fuego que no se reaviva. Corre el riesgo de llegar a ser “rancia”, sin sentido».
(Homilía de S.S. Francisco, 23 de noviembre de 2013).
Diálogo con Cristo
Ésta es la parte más importante de tu oración, disponte a platicar con mucho amor con Aquel que te ama.
Propósito
Proponte uno personal. El que más amor implique en respuesta al Amado… o, si crees que es lo que Dios te pide, vive lo que se te sugiere a continuación.
Ver si mi párroco necesita ayuda con algo y ofrecerle un buen gesto que responda a su necesidad, aunque sea en algo pequeño.
Despedida
Te damos gracias, Señor, por todos tus beneficios, a ti que vives y reinas por los siglos de los siglos.
Amén.
¡Cristo, Rey nuestro!
¡Venga tu Reino!
Virgen prudentísima, María, Madre de la Iglesia.
Ruega por nosotros.
En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo.
Amén.
¿Los desastres naturales son un castigo divino?
La intención de Dios es siempre un misterio y deberíamos abstenernos de hablar en nombre de Dios.
Por: . | Fuente: Aleteia

Millones de personas inocentes sufren los efectos de los desastres naturales, como muestran el reciente terremoto en Guatemala y el huracán «Sandy». No sabemos la razón por la que Dios permite los desastres naturales, pero sabemos que Dios no es indiferente al sufrimiento. Sabemos que al principio Dios creó la naturaleza y la bendijo. Cuando Adán y Eva pecaron, el mal entró en el mundo y este desorden también afectó a la naturaleza (creando la posibilidad de que haya desastres naturales). Los desastres naturales no son «obra de Dios» sino el resultado de la corrupción de la naturaleza. Incluso en estas situaciones de desastre, el sufrimiento de Cristo está unido al de su gente, de manera que intenta llevar a todos los hombres y mujeres hacia Él.
Cuando Dios creó la naturaleza, todo era bueno. Pero cuando el pecado entró en el mundo también la naturaleza se vio afectada. La corrupción de la creación perfecta por medio del pecado dio lugar a los desastres naturales.
El beato Juan Pablo II, en su carta apostólica Salvifici Doloris, usa la historia bíblica de Job para enseñar que el sufrimiento no siempre es un castigo. Explica que Job fue afligido por «innumerables sufrimientos» y que sus amigos decían que «él debía haber hecho algo realmente malo. El sufrimiento -decían estos- siempre es el castigo por un crimen realizado; es enviado por un Dios absolutamente justo, que lo envía por razón de la justicia».
«A sus ojos», continúa el beato Juan Pablo II, «el sufrimiento tendría sólo el significado de castigo por un pecado realizado; por tanto colocan la justicia de Dios al nivel de alguien que devuelve bien por bien y mal por mal». Sucede lo mismo cuando la gente dice que los desastres naturales «son obra de Dios».
El beato Juan Pablo II afirma que la historia de Job demuestra que esta afirmación es falsa. Escribe: «Es verdad que el sufrimiento tiene un significado de castigo cuando está conectado con un pecado, pero no es cierto que todos los sufrimientos sean consecuencia de un pecado, y que siempre sean un castigo. La figura del justo Job es una prueba real de esto en la revelación del Antiguo Testamento, que es la misma Palabra de Dios. Se nos presenta el problema de un hombre inocente que sufre sin tener culpa de ello».
A veces Dios nos manda el sufrimiento como castigo por nuestros pecados, pero no siempre. Con respecto a que Dios permite todo tipo de desastres naturales, la intención de Dios es siempre un misterio y deberíamos abstenernos de hablar en nombre de Dios.