Antonio de Padua, Santo
Memoria Litúrgica, 13 de Junio…
Hoy también se festeja a:
- • Aquilina de Siria, Santa
- • Gerardo, Santo
- • Mariana Biernacka, Beata
- • Eulogio, Santo
- • Fandila, Santo
La presencia eucarística de Cristo
Por: H. José Alberto Rincón Cárdenas, L.C. | Fuente: www.somosrc.mx
En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.
Cristo, Rey nuestro. ¡Venga tu Reino!
Oración preparatoria (para ponerme en presencia de Dios)
Señor, Tú eres sacerdote para siempre, según el rito de Melquisedec.
Evangelio del día (para orientar tu meditación)
Del santo Evangelio según san Lucas 22, 14-20
En aquel tiempo, llegada la hora de cenar, se sentó Jesús con sus discípulos y les dijo: “Cuánto he deseado celebrar esta Pascua con ustedes, antes de padecer, porque yo les aseguro que ya no la volveré a celebrar, hasta que tenga cabal cumplimiento en el Reino de Dios”. Luego tomó en sus manos una copa de vino, pronunció la acción de gracias y dijo: “Tomen esto y repártanlo entre ustedes, porque les aseguro que ya no volveré a beber del fruto de la vid hasta que venga el Reino de Dios”.
Tomando después un pan, pronunció la acción de gracias, lo partió y se los dio diciendo: “Esto es mi cuerpo, que se entrega por ustedes. Hagan esto en memoria mía”. Después de cenar, hizo lo mismo con una copa de vino, diciendo: “Esta copa es la nueva alianza, sellada con mi sangre, que se derrama por ustedes”.
Palabra del Señor.
Medita lo que Dios te dice en el Evangelio
¡Cuánto he deseado celebrar esta Pascua con ustedes! ¡Qué importante es que nos detengamos un momento a meditar estas palabras! Un error que cometemos, más seguido de lo que nos gustaría, es pensar que Cristo padeció y resucitó así sin más, como si de un mero trámite se tratase. Y no. Él realmente quiso asumir sobre sus hombros el peso de los pecados del mundo. Él verdaderamente anheló estar reunido con sus discípulos antes de avanzar sereno hacia el Calvario.
Hoy, Cristo quiere también partir el pan y repartirlo a nosotros, convidarnos del cáliz, vivir en nosotros sus misterios. También hoy Cristo quiere que le dejemos transformarnos en hijos de Dios. Normalmente, cuando una persona quiere obtener algo, ofrece otra cosa a cambio. Desde que somos niños hasta que envejecemos seguimos haciendo esto. Cristo, como siempre, lleva lo que es tan propio del hombre a un nuevo nivel. Él no ofrece una cosa como trueque por nuestra salvación; se ofrece a sí mismo al Padre, con los brazos abiertos eternamente en la cruz.
Es el Cuerpo y la Sangre del Señor los que han sellado la Nueva Alianza. No debemos ya buscar otro intercesor, no tenemos que clamar más por un salvador pues, ciertamente, Dios ha escuchado las oraciones de su pueblo y las ha respondido en la persona de su Hijo. Bien nos hará dirigir ahora nuestra atención a los sacerdotes que, conservando su debilidad humana, se arrojan generosamente a la aventura de ser transparencia de Cristo en medio de nosotros, para que así, ese Cuerpo y esa Sangre sigan purificando al mundo.
«Precisamente en la fuerza de ese testamento de amor, la comunidad cristiana se reúne cada domingo y cada día, en torno a la eucaristía, sacramento del sacrificio redentor de Cristo. Y atraídos por su presencia real, los cristianos lo adoran y lo contemplan a través del humilde signo del pan convertido en su Cuerpo. Cada vez que celebramos la eucaristía, a través de este Sacramento sobrio y al mismo tiempo solemne, experimentamos la Nueva Alianza, que realiza en plenitud la comunión entre Dios y nosotros. Y como participantes de esta Alianza, nosotros, aunque pequeños y pobres, colaboramos en la edificación de la historia, como quiere Dios. Por eso, toda celebración eucarística a la vez que constituye un acto de culto público a Dios, recuerda la vida y hechos concretos de nuestra existencia. Mientras nos nutrimos con el Cuerpo y la Sangre de Cristo, nos asimilamos a Él, recibimos en nosotros su amor, no para retenerlo celosamente, sino para compartirlo con los demás. Esta lógica está inscrita en la eucaristía, recibimos su amor en nosotros y lo compartimos con los demás. Esta es la lógica eucarística.»
(Ángelus de S.S. Francisco, 3 de junio de 2018).
Diálogo con Cristo
Ésta es la parte más importante de tu oración, disponte a platicar con mucho amor con Aquel que te ama.
Propósito
Proponte uno personal. El que más amor implique en respuesta al Amado… o, si crees que es lo que Dios te pide, vive lo que se te sugiere a continuación.
Participaré fervorosamente en la Eucaristía o en una Hora Santa, encomendando a la materna intercesión de la Virgen a todos los sacerdotes de su Hijo, dispersos por el mundo y entregados a la misión de extender su Reino.
Despedida
Te damos gracias, Señor, por todos tus beneficios, a Ti que vives y reinas por los siglos de los siglos.
Amén.
¡Cristo, Rey nuestro!
¡Venga tu Reino!
Virgen prudentísima, María, Madre de la Iglesia.
Ruega por nosotros.
En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.
¡No lo pongas de cabeza ni le quites al niño!
Por: n/a | Fuente: ACI Prensa
Cada 13 de junio, se celebra la fiesta de San Antonio de Padua, a quien por tradición se le invoca para pedir un buen esposo o esposa, sin embargo también hay personas que le atribuyen a su imagen poderes que no tiene.
Si usted es de las personas que pone “de cabeza” cualquier imagen de este santo como una manera de obligarlo a conseguir novio o novia; si realiza ofrendas con 13 monedas el día de su fiesta; si escribe cartas detallando las cualidades que quiere para su futura pareja u otros rituales similares; debe saber que está cayendo en la superstición y posiblemente en idolatría.
El Catecismo de la Iglesia Católica (CIC) en el numeral 2111 explica que la superstición es «una desviación del culto debido al Dios verdadero”, por ejemplo, cuando le otorgamos una importancia de cierto modo “mágica” a ciertas prácticas legítimas o necesarias como son las oraciones o los sacramentales.
Santo Tomás de Aquino señala en la Suma Teológica que la superstición se presenta cuando «se ofrece culto divino a quien no se debe, o a quien se debe, pero de un modo impropio».
Con relación a los sacramentales y oraciones, se cae en superstición cuando se confía en la materialidad del acto sin la necesaria disposición interior. Es decir, cuando en vez de valorar un objeto religioso por lo que representa se le atribuye un poder que no tiene.
Es supersticioso, por ejemplo, quien lleva un escapulario pero no guarda en su corazón fidelidad a la Virgen María sino que piensa que por solo el hecho de llevarlo se salvará. O quien piensa que es una imagen o un santo el que puede obrar un milagro.
Recordemos que la Santísima Virgen y los santos no hacen milagros, sino que es por intercesión de ellos que Dios puede obrar un milagro en nosotros y en nuestras vidas.
El CIC en el numeral 956 dice que “por el hecho que los del cielo están más íntimamente unidos con Cristo, consolidan más firmemente a toda la Iglesia en la santidad… no dejan de interceder por nosotros ante el Padre. Presentan por medio del único Mediador entre Dios y los hombres, Cristo Jesús, los méritos que adquirieron en la tierra… Su solicitud fraterna ayuda, pues, mucho a nuestra debilidad”.
El Compendio del CIC señala que la superstición se puede expresar también «bajo las formas de adivinación, magia, brujería y espiritismo» (numeral 444).
Es cierto que la superstición puede llevar a la idolatría y a distintas formas de adivinación y magia. El Catecismo se refiere a la idolatría como una tentación constante de la fe que “consiste en divinizar lo que no es Dios”, es decir, divinizar alguna imagen o algún santo y colocarlos en el lugar que le pertenece “al único Señorío de Dios”.
San Antonio nació en Portugal en 1195 y se le conoce con el apelativo de Padua porque en esa ciudad italiana fue donde murió (1231) y se veneran sus reliquias. Se dice que cierto día, mientras oraba, se le apareció el niño Jesús.
San Buenaventura decía: «Acude con confianza a Antonio, que hace milagros, y él te conseguirá lo que buscas». León XIII lo llamó «el santo de todo el mundo» porque su imagen y devoción se encuentran por todas partes.
