Lucía, Santa
Memoria Litúrgica, 13 de diciembre …
Hoy también se festeja a:
- • Pedro Cho Hwa-so y cinco compañeros, Santos
- • Judoco, Santo
- • Juan Marinoni, Beato
- • Odilia u Otilia, Santa
- • Lucía, Santa
Dar razones de nuestra fe
Por: H. José Alberto Rincón Cárdenas, L.C. | Fuente: missionkits.org
En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.
Cristo, Rey nuestro. ¡Venga tu Reino!
Oración preparatoria (para ponerme en presencia de Dios)
Señor, concédeme ser testimonio vivo de tu misericordia.
Evangelio del día (para orientar tu meditación)
Del santo Evangelio según san Mateo 11, 11-15
En aquel tiempo, dijo Jesús a la gente: «Yo les aseguro que no ha surgido entre los hijos de una mujer ninguno más grande que Juan el Bautista. Sin embargo, el más pequeño en el Reino de los cielos, es todavía más grande que él.
Desde los días de Juan el Bautista hasta ahora, el Reino de los cielos exige esfuerzo, y los esforzados lo conquistarán. Porque todos los profetas y la ley profetizaron, hasta Juan; y si quieren creerlo, él es Elías, el que habrá de venir. El que tenga oídos que oiga».
Palabra del Señor.
Medita lo que Dios te dice en el Evangelio
¿Por qué pone Jesús al Bautista como el más grande entre los nacidos de mujer? ¿Será acaso que tenía poder, o bien que tenía riquezas, o que era exitoso? Nada de eso. De Juan sabemos que vestía con una rudimentaria piel de camello y se alimentaba de insectos y miel. ¡Difícilmente un hombre de peso en su sociedad!
Sin embargo, era en efecto más grande que cualquier otro. La razón no es otra que la misión para la que fue elegido. Muchos profetas hubo, y grandes portentos hicieron; mas sólo a Juan el Bautista estaba confiada la tarea de allanar el camino para el Señor.
Juan es grande porque gracias a él ha llegado el mensaje de conversión; es grande porque, debido a su predicación, muchos corazones se orientaron a Dios; es grande porque Cristo es infinitamente más grande, y a él le correspondió el honor de preparar su llegada, incluso de bautizarle.
Pero hay un motivo más por el que Juan es grande, y ése es el que debe también inundar nuestras vidas. Juan es grande, simplemente porque cumplió lo que Dios le pidió que hiciera: ser profeta del Altísimo. ¿Qué me pide Dios a mí? ¿De qué forma espera Él que yo sea su profeta, su mensajero, en mi realidad cotidiana? ¿Cómo estoy yo llevando a Dios a mi vida, a mi familia, a mis amigos, a mi trabajo? Si nos dedicamos tan sólo a cumplir la voluntad de Dios, y a hacerlo por amor, quizás Juan el Bautista no habrá sido el único grande al final de los tiempos.
Es algo sorprendente, habían estado con Juan, sabían que era un hombre bueno, más aún, el mayor de los nacidos de mujer, como Jesús lo define, pero él no era el que tenía que venir. También Juan esperaba a otro más grande que él. Juan tenía claro que no era el Mesías sino simplemente quien lo anunciaba. Juan era el hombre memorioso de la promesa y de su propia historia. Era famoso, tenía fama, todos venían a hacerse bautizar por él, lo escuchaban con respeto. La gente creía que era el Mesías, pero él era memorioso de su propia historia y no se dejó engañar por el incienso de la vanidad.
Juan manifiesta la conciencia del discípulo que sabe que no es ni será nunca el Mesías, sino sólo un invitado a señalar el paso del Señor por la vida de su gente.
(Homilía de S.S. Francisco, 20 de enero de 2018).
Diálogo con Cristo
Ésta es la parte más importante de tu oración, disponte a platicar con mucho amor con Aquel que te ama.
Propósito
Proponte uno personal. El que más amor implique en respuesta al Amado… o, si crees que es lo que Dios te pide, vive lo que se te sugiere a continuación.
En mi examen de conciencia reflexionaré sobre lo mucho que Dios me ha confiado y cómo deseo corresponderle.
Despedida
Te damos gracias, Señor, por todos tus beneficios, a Ti que vives y reinas por los siglos de los siglos.
Amén.
¡Cristo, Rey nuestro!
¡Venga tu Reino!
Virgen prudentísima, María, Madre de la Iglesia.
Ruega por nosotros.
En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo.
Amén.
¿Conoces los 3 símbolos más bonitos y significativos de la Navidad?
Por: Andrés D’ Angelo | Fuente: Catholic-link.com
Estamos transitando el tiempo de Adviento, preparándonos para la Navidad. El Adviento y la Cuaresma son los dos tiempos penitenciales que nos propone la Iglesia como preparación y anticipación de la Navidad y de la Pascua respectivamente. Las fiestas grandes requieren grandes preparaciones, y cuando se vive la preparación adecuadamente el fruto de la fiesta se multiplica al infinito.
Pero además cuando la realidad que festejamos es grande, cuando su significación espiritual es muy importante, la tradición de la Iglesia incorpora algunos símbolos materiales para prepararnos mejor, para que tengamos un asidero que nos eleve a las realidades espirituales que contemplamos. La Iglesia tomó algunas tradiciones de los pueblos que fue evangelizando, o creó sus propias formas de “materializar” estas realidades espirituales, a modo de catequizar y de darnos medios visibles que nos ayuden a acercarnos al Misterio. Los humanos necesitamos de este tipo de símbolos.
En torno a la Navidad, han surgido a lo largo de la historia de la Iglesia algunos símbolos que todos usamos y reconocemos. Pero no siempre sabemos su historia, o cómo utilizarlos mejor para adentrarnos en la espiritualidad navideña.
El árbol navideño es el signo más visible y frecuente de la Navidad, pero no siempre le damos un sentido religioso. El mundo comercial se ha apropiado del árbol como un signo de “las fiestas”, quitándole al nacimiento de Nuestro Señor el protagonismo. En muchas casas se acostumbra que el niño más pequeño sea el que pone la estrella en la punta del árbol. Otras familias lo arman rezando los misterios de gozo, otros piden al párroco la bendición del pesebre y del árbol. Otras familias le dan un adorno a cada niño y se rezan preces por cada adorno que se cuelga: con los azules, oraciones de arrepentimiento; con los plateados, de agradecimiento; con los dorados, de alabanza y con los rojos, de petición. No importa la tradición que usemos en nuestra familia, lo importante es recordar que el árbol de Navidad es un símbolo católico y que debemos recuperar su sentido.
Otro símbolo de la antigua Europa, y una hermosa costumbre (que afortunadamente se está recuperando mucho en América) es la corona de Adviento. Ésta nos ayuda a hacer un seguimiento más intenso del tiempo de los cuatro domingos anteriores a la Navidad. A medida que vamos prendiendo las velas, vamos preparándonos para recibir a Nuestro Señor. En cada domingo podemos hacer participar a toda la familia, preparando una pequeña liturgia, haciendo énfasis en un aspecto particular del tiempo de Adviento. Nuestros amigos de ACIPrensa han preparado una hermosa liturgia para cada domingo.
El último, pero no por ello menos importante, el pesebre o nacimiento. Ésta es una tradición iniciada por el gran San Francisco de Asís y que los franciscanos extendieron rápidamente por todo el mundo. En sus primeros años eran “pesebres vivientes” y luego se convirtió en una representación a escala con figuras de barro cocido, yeso o cera. Cada familia vive el pesebre a su modo, algunas familias cada domingo de Adviento le van agregando figuras teatralizando la historia para los más pequeños. El nacimiento es por supuesto, el símbolo emblemático del día de Navidad, cuando se pone finalmente el niño en el nacimiento, y la familia se congrega para cantarle villancicos y canciones típicas de cada país.
Nos gustaría saber en los comentarios cómo celebran la Navidad en sus familias y países. ¿Cuáles son las oraciones o villancicos preferidos para este tiempo litúrgico?, ¿cómo enriquecen la liturgia en sus casas o parroquias?.
