
Juana Francisca de Chantal, Santa
Memoria Litúrgica, 12 de agosto…
- Hoy también se festeja a:
- • Enrique María Gómez Jiménez, Beato
- • Félix Pérez Portela, Beato
- • Josep Nadal Guiu, Beato
- • Manuel Basulto Jiménez, Beato
- • José Jordán y Blecua, Beato
Una gota del perfume del perdón
Santo Evangelio según san Mateo 18, 21-19, 1. Jueves XIX del Tiempo Ordinario
Por: Balam Loza, LC | Fuente: somosrc.mx

En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo.
Amén.
Cristo, Rey nuestro.
¡Venga tu Reino!
Oración preparatoria (para ponerme en presencia de Dios)
Jesús, enséñame en este día a llevar tu amor. No quiero vivir esta oración para mí sino quiero encontrarme con tu amor que me perdona siempre y no mira la grandeza de mis faltas. Me amas profundamente y quiero aprender amar como Tú lo has hecho conmigo. Quiero estar aquí y ver la historia maravillosa de tu amor en mi vida. Quiero ver todas las veces que he salido de casa, me he perdido, me he manchado y Tú, me has esperado con la mesa puesta y con los brazos abiertos.
Evangelio del día (para orientar tu meditación)
Del santo Evangelio según san Mateo 18, 21-19, 1
En aquel tiempo, Pedro se acercó a Jesús y le preguntó: “Si mi hermano me ofende, ¿cuántas veces tengo que perdonarlo? ¿Hasta siete veces?” Jesús le contestó: “No sólo hasta siete, sino hasta setenta veces siete”.
Entonces Jesús les dijo: “El Reino de los cielos es semejante a un rey que quiso ajustar cuentas con sus servidores. El primero que le presentaron le debía muchos millones. Como no tenía con qué pagar, el señor mandó que lo vendieran a él, a su mujer, a sus hijos y todas sus posesiones, para saldar la deuda. El servidor, arrojándose a sus pies, le suplicaba, diciendo: ‘Ten paciencia conmigo y te lo pagaré todo’. El rey tuvo lástima de aquel servidor, lo soltó y hasta le perdonó la deuda.
Pero, apenas había salido aquel servidor, se encontró con uno de sus compañeros, que le debía poco dinero. Entonces lo agarró por el cuello y casi lo estrangulaba, mientras le decía: ‘Págame lo que me debes’. El compañero se le arrodilló y le rogaba: ‘Ten paciencia conmigo y te lo pagaré todo’. Pero el otro no quiso escucharlo, sino que fue y lo metió en la cárcel hasta que le pagara la deuda.
Al ver lo ocurrido, sus compañeros se llenaron de indignación y fueron a contarle al rey lo sucedido. Entonces el señor lo llamó y le dijo: ‘Siervo malvado. Te perdoné toda aquella deuda porque me lo suplicaste. ¿No debías tú también haber tenido compasión de tu compañero, como yo tuve compasión de ti?’ Y el señor encolerizado, lo entregó a los verdugos para que no lo soltaran hasta que pagara lo que debía.
Pues lo mismo hará mi Padre celestial con ustedes si cada cual no perdona de corazón a su hermano”. Cuando Jesús terminó de hablar, salió de Galilea y fue a la región de Judea que queda al otro lado del Jordán.
Palabra del Señor.
Medita lo que Dios te dice en el Evangelio
Con los brazos abiertos. Cuántas veces al sentirnos libres abrimos los brazos, podemos decir que es el símbolo de la libertad. Pero si pensamos un poco en ese gesto podemos darnos cuenta de que solamente quien es libre puede recibir a otro. Solamente quien aprende a perdonar se libera de unas cadenas pesadas. Pensemos por un momento en eso que nos puede estar atando. Esas cadenas que puedan estar quitándonos la libertad y la paz. ¡Cuántas noches sin dormir pensando en alguna palabra, tal vez muy pequeña, que me pudo haber ofendido!?Muchas veces el problema lo agrandamos más y nos pesa. Es verdad que en ocasiones es más difícil ya que nuestra confianza ha sido pisada. ¿Qué hacer? Perdón. Es una palabra de seis letras pero que sana el corazón. Es una fragancia que llena las estancias más pobres y más tristes. Es una palabra, en fin, que da vida y libertad.
«Padre, perdónalos porque no saben lo que hacen» Un hombre en una cruz insultado supo decir «te perdono», pero no sólo eso, esa palabra era la fragancia más valiosa porque estaba cargada de amor. Ese amor me sana y me da vida cada vez que pienso que no soy digno. Detrás del «Yo te absuelvo de tus pecados» hay una mirada de amor que da vida a nuestro corazón, que sana, que libera, que da paz. Ese perdón ilumina nuestras vidas e historias. ¿Qué pasaría si no recibiésemos el perdón de Dios?
Y nosotros somos instrumentos del amor para los demás. A veces podemos encontrarnos con personas que pueden sufrir por dentro y nos hacen sufrir por sus acciones. A veces no las comprendemos, pero es importante ir más allá de un acto ofensivo. Mirar como Jesús mira es el ideal del cristiano. Amar, aunque duela y perdonar siempre, es lo que puede cambiar el mundo de hoy. Una mirada que llega al fondo y no se queda en la primera impresión es lo que puede iluminar a mi hermano que puede estar sufriendo.
«En esta escena encontramos todo el drama de nuestras relaciones humanas. Cuando estamos nosotros en deuda con los demás, pretendemos la misericordia; en cambio cuando estamos en crédito, invocamos la justicia. Todos hacemos así, todos. Esta no es la reacción del discípulo de Cristo ni puede ser el estilo de vida de los cristianos. Jesús nos enseña a perdonar, y a hacerlo sin límites: “No te digo hasta siete veces, sino hasta setenta veces siete”».
(Homilía de S.S. Francisco, 4 de agosto de 2016).
Diálogo con Cristo
Ésta es la parte más importante de tu oración, disponte a platicar con mucho amor con Aquel que te ama.
Propósito
Proponte uno personal. El que más amor implique en respuesta al Amado… o, si crees que es lo que Dios te pide, vive lo que se te sugiere a continuación.
Hoy, o durante la próxima semana, voy a acercarme al sacramento de la reconciliación con una actitud de querer encontrarme con Jesús que sana mi vida y mi corazón.
Despedida
Te damos gracias, Señor, por todos tus beneficios, a ti que vives y reinas por los siglos de los siglos.
Amén.
¡Cristo, Rey nuestro!
¡Venga tu Reino!
Virgen prudentísima, María, Madre de la Iglesia.
Ruega por nosotros.
En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo.
Amén.
Madre en la difícil aventura de la vida
En la luz y en la oscuridad nos guía siempre.
Por: P. Antonio Izquierdo/Florian Rodero | Fuente: Catholic.net

Toda la naturaleza se ha vestido de colores y el sol brilla en todo su esplendor como deseando agasajar a María, quisiera hacerme partícipe de esta celebración dejándoles a través de estas letras unos pensamientos que les ayuden a amar y a querer más íntimamente a María, a esa Mujer excepcional que Dios nos ha regalado para que sea nuestra abogada, intercesora, compañera, guía y, sobre todo, Madre en la difícil aventura de nuestra vida.
M e d i t a c i ó n
Todo hombre tiene necesidad de una madre. La tiene para venir a este mundo, y la siente con viveza a lo largo de su existencia terrena. La ausencia de la madre, sobre todo en los primeros años de la vida, deja un vacío incolmable. A esta ley humana no escapa la vida espiritual…Tenemos necesidad de María, Madre de la Iglesia, Madre de nuestra vocación cristiana.
1. Día de la Madre. Los pueblos de diversas razas y culturas, en los cinco Continentes, celebran festosamente el día de la Madre. Celebran su cariño y ternura, su olvido de sí y su entrega generosa, su consuelo y su protección en los momentos duros de la vida. Se suele celebrar en primavera, cuando la naturaleza se enjoya de colores y perfumes. ¿No es acaso la madre la flor más bella y perfumada en el jardín de la vida? Hemos de celebrar a la madre con corazón de hijo, que agradece con gozo, que responde a sus desvelos, que acoge al amor amando. En cada año el día de la madre se celebra una sola vez, pero en el alma se puede celebrar todos los días. ¿Celebramos todos los días en nuestro corazón a nuestra Madre del cielo?
2. Mujer excepcional. No es excepcional María por su ascendencia genealógica, ni por su fama o por su poder extraordinarios, tampoco por su posición económica. Por nada de esas cosas. Es excepcional únicamente por obra de la gracia de Dios. Por obra de la gracia es única e irrepetible en las generaciones humanas: Es concebida de modo inmaculado, libre del pecado original; es a la par virgen y madre de Dios; de modo singularísimo colaboró con Cristo en la obra de la Redención, a los pies de la cruz; fue asunta al cielo, donde vive con su Hijo, glorificada en el cuerpo y en el alma. Por esto y sólo por esto, ella es una mujer única en el mundo y en la historia.
3. Abogada e intercesora. Aboga ante el tribunal de su Hijo por sus hijos pecadores. Intercede por nosotros a causa de nuestra debilidad. Aboga e intercede por todos, sin distinción, en cualquier rincón del mundo, y en todo momento, pero sobre todo en el momento de la muerte. Nos defiende de los ataques de nuestros enemigos, de las insidias de satanás; intercede antes nuestras necesidades espirituales y corporales. Tengamos confianza en abogada e intercesora tan solícita y tan fiel.
4. Compañera y guía. Nos acompaña en el difícil camino de la vida, en la vocación y misión que a cada uno Dios ha concedido, en la marcha hacia el destino que Ella ya ha alcanzado. Haciéndonos compañía, participa de nuestras alegrías y nuestras penas, de nuestras desilusiones y nuestras esperanzas, de nuestra historia y de nuestro destino. Es también una guía segura, constante, firme y fiel. Conduce maternalmente y con mano experta el timón de nuestros pensamientos y sentimientos, de nuestras decisiones y de nuestras acciones. En la luz y en la oscuridad nos guía siempre hacia el puerto, donde Dios Padre, Jesucristo y el Espíritu Santo nos esperan con los brazos abiertos.
5. Fruto: Honrar a María en mi corazón, todos los días, como si cada día fuera el día de la Madre.
L e c t u r a
Si llamamos a Cristo nuestro hermano y a su Padre Dios le llamamos Padre nuestro, también podemos llamar a su madre María, madre nuestra, como si ella nos hubiese dado a luz. Y, por lo tanto, está asociada a nosotros por amor y nos cuida de forma maternal. Además, por la confianza que tiene en Dios y en su Hijo, ante los cuales siempre está presente, intercede gustosamente por nosotros.
Suplica a quien ella llevó en su seno durante nueve meses y que dio a luz como verdadera madre y lo tuvo en sus brazos como un niño…Lo alimentó, lo abrazó y lo besó amorosamente, se lo llevó a Egipto, lo vio crecer y contempló cómo la obedecía.
Este Hijo la veneró como a una verdadera madre de tal forma que, cuando estaba en la cruz, viendo cómo sufría el corazón de su madre, le inundó una grande ternura, y manifestando una preocupación por ella más que por la muerte, se la confió al discípulo amado.
Ella continúa intercediendo por los fieles cristianos, como si fueran sus hijos pequeños y nos manifiesta su amor como a hermanos de Adán. (Ter Israel, monde de Armenia, siglo XII, Sinaxis)