
INŦERESANŦE RE₣LEXIÓN ✝️ ⛪️ 🛐
Ahora que nos encontramos a las puertas de una nueva Semana Santa, es a la vez una nueva y buena oportunidad para reflexionar y lograr el objetivo de la época tan especial: «Conversión y Cambio de Vida» y no quedarnos solamente en las bellas tradiciones y religiosidad popular año tras año… les dejamos esta interesante reflexión que se nos fue compartida:
«Hay personas que aparentemente son cristianas, oran, van a Misa, hablan muy bien del Señor, pero en su corazón, en la verdad secreta de su interior, en realidad no buscan a Dios, y al mismo tiempo que rezan, pueden estar planeando destruir a alguien, o maquinando la manera de dominar a los demás, o alimentando odios, o pensando sólo en su propio bien.
Es allí, en esas intenciones escondidas, donde quiere entrar el Espíritu Santo; eso es precisamente lo que más le interesa, porque todo lo demás puede ser cáscara, apariencia, mentira; porque muchas veces la maldad del corazón se disfraza de buenas obras y de bellas palabras: «Satanás se viste de ángel de luz» (2 Corintios 11,14).
Ya decían los Proverbios que «lo que más hay que cuidar es el corazón» (Proverbios 4,23). Y por eso mismo afirmaba San Pablo que puedo entregar mi cuerpo a las llamas, o repartir mis bienes, o hacer maravillas, pero que todo eso de nada sirve si no hay amor en el corazón (1 Corintios 13,1-3). Nada vale si mi intención más profunda no es el amor al hermano.
Pídele al Espíritu Santo que destruya todas las intenciones torcidas de tu interior y que te llene de su presencia, para que, entonces, puedas hacer todo por amor. Eso le dará un sentido precioso a todo lo que hagas.»
Estanislao de Cracovia, Santo
Memoria Litúrgica, 11 de abril …
Hoy también se festeja a:
- • Barsanufio, Santo
- • Felipe de Gortina, Santo
- • Jorge Gervase, Beato
- • Antipas, Santo
- • Lanuino, Beato
La fuente de nuestra felicidad
Por: H. Abraham Cortés Ceja, L.C. | Fuente: www.somosrc.mx
En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.
Cristo, Rey nuestro. ¡Venga tu Reino!
Oración preparatoria (para ponerme en presencia de Dios)
María, Madre mía, tú que guardaste la palabra de tu Hijo con amor, concédeme la gracia de comprender la belleza que hay en la palabra de tu Hijo, para desear profundamente guardarla para siempre en mi corazón.
Evangelio del día (para orientar tu meditación)
Del santo Evangelio según san Juan 8, 51-59
En aquel tiempo, Jesús dijo a los judíos: «Yo les aseguro: el que es fiel a mis palabras no morirá para siempre».
Los judíos le dijeron: «Ahora ya no nos cabe duda de que estás endemoniado. Porque Abraham murió y los profetas también murieron, y tú dices: ‘El que es fiel a mis palabras no morirá para siempre’. ¿Acaso eres tú más que nuestro padre Abraham, el cual murió? Los profetas también murieron. ¿Quién pretendes ser tú?».
Contestó Jesús: «Si yo me glorificara a mí mismo, mi gloria no valdría nada. El que me glorifica es mi Padre, aquel de quien ustedes dicen: ‘Es nuestro Dios’, aunque no lo conocen. Yo, en cambio, sí lo conozco; y si dijera que no lo conozco, sería tan mentiroso como ustedes. Pero yo lo conozco y soy fiel a su palabra. Abraham, el padre de ustedes, se regocijaba con el pensamiento de verme; me vio y se alegró por ello».
Los judíos le replicaron: No tienes ni cincuenta años, ¿y has visto a Abraham?». Les respondió Jesús: «Yo les aseguro que desde antes que naciera Abraham, yo soy».
Entonces recogieron piedras para arrojárselas, pero Jesús se ocultó y salió del templo.
Palabra del Señor.
Medita lo que Dios te dice en el Evangelio
¿Cuántas cosas, a lo largo de nuestra vida, vamos conservando porque tiene un valor especial y particular que no queremos perder y olvidar? Guardamos en nuestro corazón experiencias, momentos de encuentro, enseñanzas, una palabra o una mirada. También si abrimos nuestros escritorios o armarios, vemos que guardamos muchas cosas porque también en ellas encontramos algún valor, un gusto particular o porque tienen un significado de gran importancia.
En el Evangelio de este día, lo primero que leemos es la invitación que nos hace el Señor de guardar su palabra. ¿Qué significa esta invitación? Es una invitación que el Señor realiza deseando que descubramos en su palabra una riqueza y profundidad únicas para nuestra vida. Porque es su palabra la que orienta, alimenta, fortalece, sostiene, sana y da sentido a nuestra existencia, a nuestra realidad, en nuestra vida personal, familiar, académica o profesional. Su palabra es amor, porque nos comunica aquello que el Padre, que tanto ama a su Hijo, y a nosotros sus hijos, le dice en ese encuentro personal de su oración. Su palabra atrae, cautiva, consuela y anima. En su palabra no solo encontramos riqueza sino también vida. Por lo tanto, no solo se trata de escuchar su palabra y guardarla, sino de hacerla vida y trasmitirla.
Que nuestra oración, a ejemplo de nuestra Madre María, sea el momento privilegiado en el que escuchamos y experimentamos la grandeza de su palabra, guardándola en nuestro corazón, y que sea su palabra lo único que valga la pena conservar, porque su palabra es eterna. Abracemos su palabra, custodiémosla y que ella sea la fuente de felicidad.
«El antídoto más eficaz contra el virus de la falsedad es dejarse purificar por la verdad. En la visión cristiana, la verdad no es sólo una realidad conceptual que se refiere al juicio sobre las cosas, definiéndolas como verdaderas o falsas. La verdad no es solamente el sacar a la luz cosas oscuras, “desvelar la realidad”, como lleva a pensar el antiguo término griego que la designa, aletheia (de a-lethès, “no escondido”). La verdad tiene que ver con la vida entera. En la Biblia tiene el significado de apoyo, solidez, confianza. La verdad es aquello sobre lo que uno se puede apoyar para no caer. En este sentido relacional, el único verdaderamente fiable y digno de confianza, sobre el que se puede contar siempre, es decir, “verdadero”, es el Dios vivo. He aquí la afirmación de Jesús: “Yo soy la verdad”. El hombre, por tanto, descubre y redescubre la verdad cuando la experimenta en sí mismo como fidelidad y fiabilidad de quien lo ama. Sólo esto libera al hombre: “La verdad os hará libres”.»
(Mensaje de S.S. Francisco, para la 52 jornada mundial de comunicación.).
Diálogo con Cristo
Ésta es la parte más importante de tu oración, disponte a platicar con mucho amor con Aquel que te ama.
Propósito
Proponte uno personal. El que más amor implique en respuesta al Amado… o, si crees que es lo que Dios te pide, vive lo que se te sugiere a continuación.
Hoy haré 15 minutos de meditación y trataré de hacer vida lo que me sugiera Jesús en este rato de contacto íntimo con Él.
Despedida
Te damos gracias, Señor, por todos tus beneficios, a Ti que vives y reinas por los siglos de los siglos.
Amén.
¡Cristo, Rey nuestro!
¡Venga tu Reino!
Virgen prudentísima, María, Madre de la Iglesia.
Ruega por nosotros.
En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.
La felicidad cuesta
Por: P. Mariano de Blas LC | Fuente: Catholic.net
Nuestra civilización materialista ha inventado una fórmula de felicidad barata que consiste poco más o menos en esto: En alejar de la vida, a como de lugar, todo sufrimiento, todo sacrificio, todo esfuerzo, y disfrutar lo más posible de cuántos placeres, diversiones, pasatiempos, dinero, etc. se puedan lograr.
Hay mucha gente que cree de verdad en esa fórmula y la prueba una y otra vez, y se les ve, sobre todo a la gente joven, a la búsqueda cada vez más intensa y atrevida de placeres, pasatiempos, etc. Pero los resultados no son muy halagadores: Más que personas felices, estamos viendo cada día mayor número de desesperados, incluso de suicidas; si uno cuenta como dato estadístico que en un centro educativo, hay un suicida cada semana ¿lo crees? Dices que no puede ser verdad, pero así es.
Muy pocos hablan de que para ser felices hay que luchar duramente. Ser feliz es posible, pero cuesta bastante esfuerzo; la felicidad cuesta y mucho. Por eso, los hombres profundamente felices son pocos. La mayoría se conforma con esa otra felicidad barata que no llena, que no puede llenar el corazón del hombre.
¿Por qué cuesta ser felices? Si el hombre fuera un simple animal, un cerdo, un chango, para hacerlo feliz bastaría llenarle el estómago de buena comida. Si el hombre tuviera solamente cuerpo, comer, beber, abandonarse a la furia del sexo, a las alucinaciones de las drogas, etc., podría hacerlo feliz; pero, muchos se entregan apasionadamente a esto y sienten que no son precisamente felices.
Hemos olvidado que, tenemos no sólo cuerpo sino espíritu. A este espíritu por lo general lo tenemos flaco y hambriento y le damos al cuerpo todo lo que pide. El espíritu se alimenta con otras cosas, tiene hambre, sed de otras realidades, que no son materiales sino espirituales, como son la búsqueda de la verdad y el bien, la búsqueda de Dios y el cumplimiento de sus leyes, sobre todo aquella de «amar al prójimo como a uno mismo».
Está búsqueda de la verdad y el bien, este aceptar a Dios y sus leyes no es nada fácil, pero siempre hay gente que se aventura a seguir por esta senda.
Y esta gente dice que sí es feliz, tanto más feliz cuando más esforzadamente vive esa ley. Por citar a solo dos gentes felices, una mujer decía: «Nada te turbe, nada te espante, todo se pasa, Dios no se muda, la paciencia todo lo alcanza, quien a Dios tiene, nada le falta. ¡Solo Dios basta! Su autora: Santa Teresa de Ávila.
Otro, decía: «Nos has hecho para tí, Señor, y nuestro corazón estará insatisfecho hasta que descanse en ti» Su autor: San Agustín de Tagaste. Este segundo, sacó la conclusión anterior después de buscar durante más de 30 años la otra felicidad barata de la que hablamos al principio. Por ello es un testigo muy digno de crédito. Lo malo del caso, es que por lo general, uno se convence de esto hasta que como él, ha experimentado con todas las fuerzas la felicidad barata y no tiene más remedio que reconocer que no le satisfizo del todo.
Hay pocas personas felices porque pocas son las que quieren luchar por la felicidad, pocas las que creen en el esfuerzo, en los grandes ideales.
La felicidad tiene poco que ver con el dinero, el alcohol y la riqueza, y mucho que ver con el amor.
