Daniel Comboni, Santo
Obispo y Fundador, 10 de octubre…
Hoy también se festeja a:
- • Paulino de York, Santo
- • Cerbonio Obispo de Populonia, Santo
- • Juan Thwing de Bridlington, Santo
- • Daniel Comboni, Santo
- • Angela María Truszkowska, Beata
Pedir
Por: H. Jorge Alberto Leaños García, LC | Fuente: www.somosrc.mx
En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo.
Amén.
Cristo, Rey nuestro.
¡Venga tu Reino!
Oración preparatoria (para ponerme en presencia de Dios)
Señor, en mi vida diaria encuentro muchas ocasiones en las que no me acuerdo de ti. Te pido que no dejes de llamar mi atención para que pueda permanecer a tu lado y así pueda amarte.
Evangelio del día (para orientar tu meditación)
Del santo Evangelio según san Lucas 11, 5-13
En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: “Supongan que alguno de ustedes tiene un amigo que viene a medianoche a decirle: ‘Préstame, por favor, tres panes, pues un amigo mío ha venido de viaje y no tengo nada que ofrecerle’. Pero él le responde desde dentro: ‘No me molestes. No puedo levantarme a dártelos, porque la puerta ya está cerrada y mis hijos y yo estamos acostados’. Si el otro sigue tocando, yo les aseguro que, aunque no se levante a dárselos por ser su amigo, sin embargo, por su molesta insistencia, sí se levantará y le dará cuanto necesite.
Así también les digo a ustedes: Pidan y se les dará, busquen y encontrarán, toquen y se les abrirá. Porque quien pide, recibe; quien busca, encuentra y al que toca, se le abre. ¿Habrá entre ustedes algún padre que, cuando su hijo le pida pescado, le dé una víbora? ¿O cuando le pida huevo, le dé un alacrán?
“Pues, si ustedes, que son malos, saben dar cosas buenas a sus hijos, ¿cuánto más el Padre celestial les dará el Espíritu Santo a quienes se lo pidan?”.
Palabra del Señor.
Medita lo que Dios te dice en el Evangelio
¿Qué podemos pedir a Dios con tanta insistencia? Hay algo que debemos desear y añorar, hay una cosa que debemos pedir constantemente, sin importar el cansancio que podamos experimentar. Dios nos hace ver la importancia de esta petición.
Lo que pedimos a Dios, a veces, puede centrarse en la búsqueda de salud o bienestar. Puede que lo que pedimos se reduzca a una lista de deseos o necesidades. No está mal, pues Él nos cuida como el Padre que cubre todas las necesidades de sus hijos. Pero, al mismo tiempo, siembra en nosotros la sed de algo más profundo.
¿Qué es lo más valioso que podemos pedir a nuestro Padre? Cristo mismo nos ilumina con una pregunta: “¿Cuánto más el Padre celestial les dará el Espíritu Santo a quienes se lo pidan?”.
El Espíritu Santo guía nuestros pasos, silenciosamente nos va empujando, camina a nuestro lado sin que le veamos, se mantiene tan cerca de nosotros que no siempre le vemos. Es un don, agua viva, flama ardiente de amor, luz de eterna esperanza, dulce consuelo… Él sostiene y ordena todo el universo, pero, al mismo tiempo, marca el latido de nuestro corazón, ilumina nuestro entendimiento, levanta nuestra mirada y nos permite llamar a Dios como “Padre”.
Solo para pedir esto vale la pena despertar a un amigo.
«Después Jesús cuenta la parábola del amigo importuno y dice: “Debemos insistir en la oración”. Me recuerda lo que hacen los niños cuando tienen tres, tres años y medio: comienzan a preguntar cosas que no entienden. En mi tierra se llama “la edad de los porqués”, creo que también aquí es lo mismo. Los niños comienzan a mirar a su papá y dicen: “Papá, ¿por qué? Papá, ¿por qué?”. Piden explicaciones. Prestemos atención: cuando el papá empieza a explicar el porqué, llegan con otra pregunta sin escuchar toda la explicación. ¿Qué pasa? Sucede que los niños se sienten inseguros acerca de muchas cosas que comienzan a comprender a medias. Solo quieren atraer la mirada de su papá hacia ellos y por eso: “¿Por qué, por qué, por qué?” Nosotros, en el Padre Nuestro, si nos detenemos en la primera palabra, haremos lo mismo que cuando éramos niños, atraer la mirada del padre sobre nosotros. Diciendo “Padre, Padre”, y también diciendo: “¿Por qué?” Y Él nos mirará».
(Ángelus de S.S. Francisco, 28 de julio de 2019).
Diálogo con Cristo
Ésta es la parte más importante de tu oración, disponte a platicar con mucho amor con Aquel que te ama.
Propósito
Proponte uno personal. El que más amor implique en respuesta al Amado… o, si crees que es lo que Dios te pide, vive lo que se te sugiere a continuación.
Trataré de hablar más con el Espíritu Santo.
Despedida
Te damos gracias, Señor, por todos tus beneficios, a ti que vives y reinas por los siglos de los siglos.
Amén.
¡Cristo, Rey nuestro!
¡Venga tu Reino!
Virgen prudentísima, María, Madre de la Iglesia.
Ruega por nosotros.
En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo.
Amén.
¿Qué es la felicidad?
Por: Marcelino de Andrés | Fuente: Catholic.net
Imaginemos que estamos emprendiendo juntos una expedición. Antes de ponernos a dialogar sobre el por dónde vamos a ir, hemos de estar de acuerdo sobre el a dónde vamos a ir. Antes de aventurarnos por los caminos que conducen a la felicidad, nos conviene ver con claridad en qué consiste la felicidad a la que nos dirigimos. Elemental.
Por eso indagaremos brevemente qué es la felicidad. Así, conoceremos el objetivo al que nos dirigimos y nos resultará mucho más sencillo elegir con acierto el camino que nos guiará hasta él.
Vamos hacia la felicidad
Hay un montón de definiciones sobre la felicidad. Seguro que cada uno tiene la suya propia. Y más en los días que corren. Parece que hoy todos gozan del derecho de pensar y opinar sobre lo que quieran y como les venga en gana. ¡Qué bueno! No puedo decir que esté mal.
Pero, oye, esta libertad de pensamiento o de opinión podría precipitarnos en un subjetivismo tal, que asfixie cualquier comunicación y estrangule todo diálogo interpersonal. ¿No crees?
Si tú entiendes por felicidad una cosa y yo otra muy diversa, jamás lograremos comunicarnos ni entendernos sobre ese tema. Sería como tratar de dialogar con alguien en un idioma que no entiende. De aquí que gaste ahora un puñado de párrafos en precisar lo que es la felicidad.
Si logramos, por lo menos, estar de acuerdo en esa definición, nada nos impedirá continuar nuestra conversación. Estaremos hablando el mismo idioma.
Definir en base a la experiencia
Supongamos que a ti y a mí nos encanta practicar el esquí de montaña. Un día decidimos sentarnos a escribir la definición de `esquiar´. Nunca antes lo habíamos hecho. Se nos presentan varias opciones. Podemos echar mano de un diccionario o enciclopedia, copiar su significado y basta. Cabría incluso preguntar al profesor de Lengua o a algún compañero considerado suficientemente `empollón´ y tomar nota de sus sabias palabras (reconociendo, quizá, que ninguno de los dos jamás ha puesto su pie sobre un esquí).
Bien, pero disponemos también de nuestra experiencia personal fraguada durante horas y horas de esquí. Esa experiencia tan nuestra nos ofrece elementos de sobra para construir una definición de `esquiar´. Y seguro que esa definición será tan exacta y real como la de cualquier enciclopedia. Es más, me atrevería a decir que quizá mucho más rica, concreta y atractiva.
Te invito, entonces, a recurrir a nuestra experiencia. A ver qué sacamos en claro…
Nuestra experiencia
Seguro que tanto tú como yo hemos disfrutado de muchos momentos dichosos en nuestra vida.
La felicidad se ha posado en nosotros al conseguir algo que deseábamos con ansias; al desarrollar una actividad de nuestro agrado; al amar y recibir amor de otra persona.
La dicha se ha dignado tocar las puertas de nuestro corazón y visitarnos después de aprobar un examen difícil, al sostener en alto una copa de campeones, al obtener, por fin, un puesto de trabajo…
El gozo ha dejado su huella en nuestro interior al estrechar la mano amiga de aquel con el que hemos compartido experiencias inolvidables, al entregar algo de nosotros mismos a los demás, al dar gracias a Dios de rodillas por su perdón infinito después de una buena confesión.
En cada una de esas circunstancias (y en otras muchas parecidas) hemos sido realmente dichosos. Hemos hecho la experiencia de la felicidad. Pues de esa experiencia sacaremos nuestra definición.
Felicidad es…
Todas esas situaciones felices encierran un denominador común. Han hecho brotar en nosotros un gozo o placer, una fruición, quietud o satisfacción que irrumpe en nuestro interior una vez que obtenemos y amamos algún bien deseado.
Y mira por dónde; con esta simple reflexión ya tenemos lo que estábamos indagando: la definición de `felicidad´. En una apretada síntesis -fruto, como has visto, de nuestra experiencia- rezaría así: la felicidad es el gozo (o placer) en la posesión y amor de un bien deseado.
Fíjate: nos ha bastado husmear un poco en las alforjas de nuestra memoria y descubrir algo común en unos cuantos recuerdos personales. Ya hemos sacado a relucir una pasable definición de felicidad.
Ese sumergirse en el gozo o placer que experimentamos interiormente al culminar una acción estimada y ansiada, ese suspenderse en la fruición o deleite que nos invade y se apodera de nosotros cuando adquirimos y amamos aquello que tanto anhelábamos. Eso es la felicidad.
Pero dejemos que la elocuencia de los hechos se manifieste y se confirme por sí misma con un ejemplo. Imagina que un buen día, pasando ante el escaparate de una tienda, tu vista tropieza con una moto deslumbrante. El último grito de tu marca preferida. Te has quedado extasiado contemplando ese aparato fenomenal. Experimentas una atracción irresistible ante tal preciosidad… Mana espontáneamente en ti un deseo incontenible de llegar un día a hacerte con esa moto que has llegado a querer de verdad. Supongamos, por un instante, que tiempo después tu sueño se hace realidad: te has comprado la moto. Sólo entonces, cuando te has montado en la que ahora ya es tu moto, se aplaca tu deseo. Únicamente ese día vives dentro de ti la felicidad de poseer y amar el bien que tanto anhelabas.
Y esto que nos sucede con una moto, se aplica igualmente a otras cosas mucho más sublimes e importantes en la vida.
Elementos de la felicidad
Como has podido notar, al definir la felicidad en base a la experiencia, hemos barajado unos cuantos elementos esenciales o constitutivos. Sin ellos simplemente la dicha no sería posible. Con enumerarlos concisamente será suficiente.
El primero es el bien con el que nos encontramos (una moto, un vestido, o cualquier bien…). Posteriormente está la atracción que surge en nosotros hacia ese objeto o persona, ya que se trata de un bien que nos apetece. Luego se despierta en nuestro interior el deseo de llegar a poseerlo. Y finalmente, alcanzado el bien querido, lo amamos y como consecuencia de ese amor brota el gozo o placer que nos invade por dentro empapando toda nuestra persona.
Consten ahí los componentes de nuestra definición de felicidad. Ahora no hay por qué dar más vueltas a este asunto. Si estamos de acuerdo con esa definición, nada nos impide proseguir nuestro coloquio con la certeza de entendernos recíprocamente.
