
Bogumilo de Gniezno, Santo
Eremita y Obispo, 10 de junio …
- Hoy también se festeja a:
- • Oliva (u Olivia) de Palermo, Beata
- • Amada de Bolonia, Beata
- • Eustaquio (José) Kugler, Beato
- • Bogumilo de Gniezno, Santo
- • Diana de Andaló. Beata
Sí, soy libreSanto Evangelio según san Mateo 5, 20-26.
Jueves X del Tiempo Ordinario
Por: Iván Yoed González, LC | Fuente: somosrc.mx

En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo.
Amén.
Cristo, Rey nuestro.
¡Venga tu Reino!
Oración preparatoria (para ponerme en presencia de Dios)
Señor, muchas veces he tenido sinceros propósitos de seguirte y ser auténtico cristiano. Ayúdame a recordar con qué corazón ellos nacieron en mí y enséñame a corresponderlos una vez más.
Evangelio del día (para orientar tu meditación)
Del santo Evangelio según san Mateo 5, 20-26
En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: “Les aseguro que si su justicia no es mayor que la de los escribas y fariseos, ciertamente no entrarán ustedes en el Reino de los cielos.
Han oído ustedes que se dijo a los antiguos: No matarás y el que mate será llevado ante el tribunal. Pero yo les digo: Todo el que se enoje con su hermano, será llevado también ante el tribunal; el que insulte a su hermano, será llevado ante el tribunal supremo, y el que lo desprecie, será llevado al fuego del lugar de castigo.
Por lo tanto, si cuando vas a poner tu ofrenda sobre el altar, te acuerdas allí mismo de que tu hermano tiene alguna queja contra ti, deja tu ofrenda junto al altar y ve primero a reconciliarte con tu hermano, y vuelve luego a presentar tu ofrenda.
Arréglate pronto con tu adversario, mientras vas con él por el camino; no sea que te entregue al juez, el juez al policía y te metan a la cárcel. Te aseguro que no saldrás de allí hasta que hayas pagado el último centavo.
Palabra del Señor.
Medita lo que Dios te dice en el Evangelio.
¿Qué significa ser mejor que los escribas?, ¿qué significa ser mejor que alguien?, ¿qué significa ser mejor?, ¿mejor?, ¿en qué? ¿Cómo puedo decir si soy mejor que otra persona? Jamás podré asomarme a contemplar las intenciones más profundas de los otros. Jamás podré decir, «soy mejor» o «soy peor». El corazón de una persona viene formado por muchas circunstancias en la vida. Pasa por tantas situaciones. Muchas experiencias lo hacen crecer, pero muchas otras lo vuelven temeroso, nervioso. Hay algunos que poco a poco se van tornando animosos. Y hay quienes pusilánimes. Algunos afrontan un reto tras el otro; otros que no pueden escapar de la rutina. Las razones de esto podrían podrían ser muchísimas, pero una esencial, que jamás pasaría por alto, es la libertad.
Soy libre. Soy capaz de elegir el bien. Soy capaz de amar. Y bastaría poner la vista en los millones de personas, que en algún momento de sus vidas se encontraron en problemas sin salida. Personas que pugnaban contra fuerzas de la historia del pasado, del temor ante el futuro o de su realidad presente. Personas que se sentían incapaces de cambiar y que obscuramente estaban convencidos de ello. Miles y miles de personas que, pese a absolutamente todo, optaron por creer en su capacidad más alta.
En mi interior siempre resuena una consciencia muy en lo profundo que me dice: «eres libre», “«puedes cambiar», «puedes amar». Entonces una chispa inicia a encender un dinamismo en mi persona que, aceptado libremente, me comienza a transformar.
La verdad es la que me hace verdaderamente libre: la verdad de conocerme hijo de Dios. El pecado esclaviza pues me aleja de mi fin. Cristo me hace libre, pues me dirige hacia el amor: de dónde vengo, a dónde voy.
Jamás podré decir si en lo más profundo de mi hermano se halla una intención mala. Habré de perdonarlo y de buscar mostrarle -con mi ejemplo, mi palabra o mi oración- cuál es su verdadero fin, cuál es la verdadera facultad de amar, que Dios ha colocado en su interior.
«Es muy triste pasar por la vida sin dejar una huella. Pero cuando optamos por la comodidad, por confundir felicidad con consumir, entonces el precio que pagamos es muy, pero que muy caro: perdemos la libertad. No somos libres de dejar una huella. Perdemos la libertad. Este es el precio. Y hay mucha gente que quiere que los jóvenes no sean libres; tanta gente que no os quiere bien, que os quiere atontados, embobados, adormecidos, pero nunca libres. No, ¡esto no! Debemos defender nuestra libertad».
(Homilía de S.S. Francisco, 30 de julio de 2016).
Diálogo con Cristo
Ésta es la parte más importante de tu oración, disponte a platicar con mucho amor con Aquel que te ama.
Propósito
Proponte uno personal. El que más amor implique en respuesta al Amado… o, si crees que es lo que Dios te pide, vive lo que se te sugiere a continuación.
Hoy rezaré un misterio del rosario por una persona que se encuentre en una situación difícil y buscaré ofrecerle la mejor ayuda de mi parte.
Despedida
Te damos gracias, Señor, por todos tus beneficios, a ti que vives y reinas por los siglos de los siglos.
Amén.
¡Cristo, Rey nuestro!
¡Venga tu Reino!
Virgen prudentísima, María, Madre de la Iglesia.
Ruega por nosotros.
En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo.
Amén.
La enfermedad y el dolor en la vida del varón y de la mujer.
¿Tiene sentido el sufrir?¿Se puede ser feliz sufriendo?
Por: Gustavo Daniel D´Apice | Fuente: Ediciones

La enfermedad y el dolor en la vida del hombre.
(Los sentidos del sufrimiento. ¿Se puede ser feliz sufriendo?)
La enfermedad, el sufrimiento y el dolor, son un gran problema para los hombres y mujeres de todos los tiempos. Parecen innatos al ser humano. Lo acompañan durante toda su vida. Y denotan su impotencia, límite, finitud; y presagian su destino final: La muerte.
En él producen sentimientos de angustia y tristeza, de depresión, de rebeldía, sino contra Dios, con quienes los atienden y son responsables de su salud.
En la Antigua Alianza, adquiere características de lamento, acompañado por el pedido de curación a Dios, y un movimiento hacia la conversión y el pedido de perdón y reconciliación, pues con facilidad se vincula la enfermedad y el dolor a alguna falta cometida. De allí la tan mentada pregunta: “-¿Por qué?”.
Y si la enfermedad y el dolor se vinculan al pecado y al mal, la vida y la salud total se las relaciona con la fidelidad a Dios y a sus mandamientos.
Por ello, cuando se habla escatológicamente, con un sentido final, y esto resalta en los Apocalipsis, se pone de manifiesto que allí “no habrá llanto ni dolor”, se perdonarán las faltas y serán destruidas la enfermedad, la muerte y el dolor.
Pero también, para los que los saben descubrir, producen frutos y efectos positivos.
Antes que nada. Tendríamos que decir que el sufrimiento es el padecimiento subjetivo (personal) de algún mal.
El mal.
El mal no tiene consistencia metafísica: “No es”.
Podemos definirlo como la carencia de un bien que debería estar y no está: Por ejemplo, la enfermedad es un mal en cuanto que carencia de la salud que debería acompañarnos y no lo hace.
La mutilación de alguno de nuestros miembros es un mal, pues correspondería a la naturaleza humana el tener la plenitud de sus miembros.
Pero no es un mal que a un hombre o a una mujer le falten alas, porque eso no es un bien correspondiente a su naturaleza. Sí sería un mal para el águila el no tenerlas, o que le falte alguna, pues en ella sí es un bien que debería estar.
Veamos ahora los sentidos del sufrimiento, las respuestas que se pueden dar ante él (si las hay), la parte positiva que algunos logran entrever.
Sentidos del sufrimiento.
¿Transgresión?
Un sentido también innato en el ser humano es el del castigo o pena por una transgresión o pecado. Como decíamos antes, queda patentado en la pregunta:-“-¿Por qué?”. O: “-¿Por qué a mí?”. O: “-¿Qué hice?”. O la apelación a la justicia o injusticia de Dios.
¿Prueba?
Otro sentido es el de la prueba. Es el caso de Job, cuyo libro es fácil y hermoso de leer, como una narración pedagógica del Antiguo Testamento. Enseña sobre el sentido del dolor.
Antigua y ancestralmente, y metido como en el inconsciente colectivo de la humanidad, la enfermedad y el dolor estaban vinculadas a la transgresión, a la culpa y a la pena correspondiente a esa transgresión.
En el libro de Job, como vemos en los capítulos 1 y 2, Satanás se aparece entre los ángeles a Dios, para decirle que Job le es fiel porque le dá los mejores bienes, y porque tiene la mejor mujer y los mejores hijos de todo Israel.
Para probar la fidelidad de Job, Dios permite que Satanás le quite primero todos los bienes, y luego a todos sus hijos.
Job permanece fiel a Dios, a lo que Satanás responde: “-Piel por piel”. Dios permite que se apodere de Job una úlcera maligna, pero resguarda su vida.
Era tan lamentable el estado de Job, que se sienta sobre la basura y con un pedazo de teja se rascaba la espalda. La esposa lo increpa diciéndole: “-Maldecí a tu Dios y morite”, a lo que Job responde célebremente: “-Desnudo salí del vientre de mi madre, y desnudo volveré a él. El Señor me lo dio, el Señor me lo quitó, ¡bendito sea el nombre del Señor!”.
Y en todo esto no pecó Job.
Los amigos tratan de convencerlo de que los males que lo aquejan son efecto de alguna falta, pero Job proclama constantemente su inocencia.
Finalmente interviene Dios, asegurando la inocencia de Job, pero enseñándole al que le pedía cuentas de su actuación, que no es quién para pedirle razones, y que el portarse bien no significa que todo le va a ir bien. Sino sería algo interesado. Hay que amar por amar, no para que a uno le vaya bien en todo… (Nosotros tenemos el ejemplo de Jesús, que nos dejó un camino para seguir).
Como en los mejor cuentos, Job vuelve a tener una innumerable cantidad de bienes, y los mejores hijos e hijas de Israel.
Fue un sentido de prueba a la fidelidad de Job, y sin duda que recibió también una enseñanza.
¿Pedagogía de Dios?
Este sentido educativo o pedagógico del sufrimiento, se manifiesta en la maduración de la persona. Por supuesto, un ejemplo lo tenemos en el Señor Jesús, que desde la cruz perdona a sus torturadores.
Ejemplo probado de madurez espiritual es la compasión, la misericordia y el perdón, principalmente con aquellos que nos hacen sufrir, y nada más cerca de la inmadurez en el Espíritu, es la queja constante e insolente, para con Dios y para con los demás.
Sentido redentor.
Por último, tenemos que considerar su sentido redentor, de salvación.
Ayuda a la propia redención y salvación y, completada ésta, ayuda a redimir a los demás.
Como decía San Pablo: “-Completo en mi cuerpo lo que falta a los padecimientos de Cristo, a favor de su Cuerpo, que es la Iglesia”.
No es que a la pasión de Jesús le falte algo, pero ha dejado un lugar para que incorporemos a ella nuestros propios sufrimientos, haciéndolos valiosos y con sentido.
Eso sí, como el de Jesús, nuestro sufrimiento debe ser “amoroso”.
La alegría de padecer.
Por último, tenemos la enseñanza de San Pablo: Él “se alegra” en los sufrimientos.
Parte de la experiencia del Resucitado que se le manifiesta en el camino a Damasco, y desde la gloria de la cruz se alegra de padecer por Jesús en favor de sus hermanos.
Es más, manifiesta que está “crucificado” con Cristo. Vive él, pero en realidad, no es él, sino que Cristo vive en él.
¿Se puede ser feliz así?
Podemos concluir que el sufrimiento, para el cristiano maduro, es como un regalo de Dios, que no solamente lo une a Él, sino a sus hermanos, a los que ayuda a redimir.
Terminemos con una frase de Teresita del Niño Jesús, la cual decía que le era “imposible sufrir”, y que deseaba estar apartada de Cristo (“en el infierno”, máximo sufrimiento posible), para que alguien Lo ame desde allí.
No podemos negar la felicidad de Jesús en el cumplimiento de la Voluntad del Padre, aún en el sufrimiento, el dolor y la muerte.
San Pablo se alegra de padecer por Jesús y los hermanos.
Teresita ama tanto que ya le es “imposible sufrir”.
Sí, aún en medio de los sufrimientos, el dolor y la muerte que nos rodea y nos invade, podemos ser felices en Jesús Resucitado, participando de su gloria y de su poder amoroso-redentor.