Teresa Benedicta de la Cruz, Santa
Memoria Litúrgica, 9 de agosto …
Hoy también se festeja a:
- • Michal Tomaszek y Zbigniew Strzalkowski, Beatos
- • Juan de Fermo (o de la Verna), Beato
- • Teresa Benedicta de la Cruz, Santa
- • Narciso Sitjà Basté, Beato
- • Gaspar (Luis Modesto) Páez Perdomo, Beato
No separar la gloria de la cruz
Por: H. Jesús Salazar, L.C. | Fuente: missionkits.org
En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.
Cristo, Rey nuestro. ¡Venga tu Reino!
Oración preparatoria (para ponerme en presencia de Dios)
Señor, dame la gracia para poder descubrir quién eres para mí.
Evangelio del día (para orientar tu meditación)
Del santo Evangelio según san Mateo 16, 13-23
En aquel tiempo, cuando llegó Jesús a la región de Cesarea de Filipo, hizo esta pregunta a sus discípulos: «¿Quién dice la gente que es el Hijo del hombre?» Ellos le respondieron: «Unos dicen que eres Juan el Bautista; otros que Elías; otros, que Jeremías o alguno de los profetas».
Luego les preguntó: «Y ustedes, ¿quién dicen que soy yo?» Simón Pedro tomó la palabra y le dijo: «Tú eres el Mesías, el Hijo de Dios vivo».
Jesús le dijo entonces: «¡Dichoso tú, Simón, hijo de Juan, porque esto no te lo ha revelado ningún hombre, sino mi Padre, que está en los cielos! Y yo te digo a ti que tú eres Pedro y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia. Los poderes del infierno no prevalecerán sobre ella. Yo te daré las llaves del Reino de los cielos; todo lo que ates en la tierra quedará atado en el cielo, y todo lo que desates en la tierra quedará desatado en el cielo». Y les ordenó a sus discípulos que no dijeran a nadie que él era el Mesías.
A partir de entonces, comenzó Jesús a anunciar a sus discípulos que tenía que ir a Jerusalén para padecer allí mucho de parte de los ancianos, de los sumos sacerdotes y de los escribas; que tenía que ser condenado a muerte y resucitar al tercer día.
Pedro se lo llevó aparte y trató de disuadirlo, diciéndole: «No lo permita Dios, Señor. Eso no te puede suceder a ti». Pero Jesús se volvió a Pedro y le dijo: «¡Apártate de mí, Satanás, y no intentes hacerme tropezar en mi camino, porque tu modo de pensar no es el de Dios, sino el de los hombres!»
Palabra del Señor.
Medita lo que Dios te dice en el Evangelio
Cuando invertimos estos minutos a la oración con la Palabra, lo hacemos porque estamos en búsqueda, porque tenemos el anhelo de profundizar y conocer realmente quién es Jesús en nuestra vida.
Todos tenemos una experiencia diferente de Dios. Algunos han sido católicos desde siempre, otros hemos redescubierto la fe, otros hemos tenido una conversión reciente, otros creen en Dios sólo como un ser superior. Sin importar cuál ha sido nuestro camino para buscar a Dios, hoy Jesús nos dice ¡Alto! Si dices que me conoces, ¿quién soy yo para ti? En una verdadera relación no valen las respuestas prefabricadas o los tópicos de lo que dicen los demás. Podríamos parar nuestra meditación aquí y dedicar unos minutos a la contemplación de esta pregunta que quizás nos lleve un tiempo responder; sin embargo, el Evangelio nos da unas luces para poder buscar una mejor respuesta.
En nuestra historia, con nuestros actos buenos y caídas nos puede suceder algo muy similar a Pedro. En ocasiones nos sentimos muy cerca de Dios y somos capaces de decir desde el corazón ¡Tú eres el mesías, el Hijo de Dios vivo! Esta respuesta interiorizada, aunque con otras palabras quizás, nos hacen vivir un pedazo de cielo en la tierra; es la revelación del Espíritu Santo en nuestra propia historia después de algún momento fuerte de oración, retiro o apostolado donde tocamos la carne de Cristo en el necesitado.
Por otro lado, debido a nuestra debilidad humana, también podemos tener una respuesta como Pedro cuando se lleva aparte a Jesús; le queremos huir a la cruz y al sufrimiento; nos escuchamos más a nosotros mismos que a Dios. La cruz tiene una razón de ser en nuestra historia de vida, porque ella nos permite ser uno con Cristo, y ayudar en el sacrificio de salvación para que nuestros seres más queridos y muchos más lleguen al cielo.
El cristiano que busca el rostro de Dios, conocer a Cristo profundamente, está afianzado en roca firme y los poderes del infierno no lo podrán vencer.
Pedro reacciona: «¡Lejos de ti tal cosa, Señor! Eso no puede pasarte», y se transforma inmediatamente en piedra de tropiezo en el camino del Mesías; y creyendo defender los derechos de Dios, sin darse cuenta se transforma en su enemigo (lo llama «Satanás»). Contemplar la vida de Pedro y su confesión, es también aprender a conocer las tentaciones que acompañarán la vida del discípulo. Como Pedro, como Iglesia, estaremos siempre tentados por esos «secreteos» del maligno que serán piedra de tropiezo para la misión. Y digo «secreteos» porque el demonio seduce a escondidas, procurando que no se conozca su intención, «se comporta como vano enamorado en querer mantenerse en secreto y no ser descubierto».
(Homilía de S.S. Francisco, 29 de junio de 2018).
Diálogo con Cristo
Ésta es la parte más importante de tu oración, disponte a platicar con mucho amor con Aquel que te ama.
Propósito
Proponte uno personal. El que más amor implique en respuesta al Amado… o, si crees que es lo que Dios te pide, vive lo que se te sugiere a continuación.
Dedicaré un tiempo a la reflexión de cómo afronto las cruces en mi vida y qué lugar ocupa Cristo en ella.
Despedida
Te damos gracias, Señor, por todos tus beneficios, a Ti que vives y reinas por los siglos de los siglos.
Amén.
¡Cristo, Rey nuestro!
¡Venga tu Reino!
Virgen prudentísima, María, Madre de la Iglesia.
Ruega por nosotros.
En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo.
Amén.
El relato del Apocalipsis Bíblico ¿pánico o esperanza?
Por: Andrés Piña | Fuente: Catoliscopio.com
No hay duda de que el último libro de la Sagrada Biblia suele presentarse como uno de los más misteriosos en la vida de los creyentes. No se me haría extraño si también formas parte del amplio grupo de personas que quedan asombradas por su contenido, en el cual se perciben fenómenos extraños y hasta seres sobrenaturales que no comprendemos del todo. Ciertamente, no es un libro fácil de leer, y no pretendo aquí ofrecerte una explicación completa y detallada sobre su contenido, pero quizá lo siguiente te sea de utilidad cuando intentes tu próximo acercamiento al texto.
Antes que nada, sé que quizá tienes amigos o conocidos que han querido alarmarte o inquietarte por lo que ahí vas a encontrar (¿Un destino fatal? ¿Lo que podría ser de ti al final de los tiempos?) Ammm, no lo creo. Hoy quiero invitarte a que pierdas el miedo, te libres de prejuicios, y conozcas un poco acerca de las razones que impulsaron al autor a escribir el Apocalipsis.
Cada que lees un libro por primera vez, me inclino a apostar que es porque ya conoces un poco sobre quien lo escribió, más o menos en qué fecha, y tal vez un poco de las razones por las cuales fue redactado. Pues eso precisamente hay que tomarlo en cuenta también cuando nos acercamos a un texto bíblico, verás que así disfrutaremos bastante aquello que quiere transmitirnos, y conservaremos su sentido correcto.
¿En qué ambiente surgió el Apocalipsis?
De una buena vez, quiero que sepas y jamás se te olvide, que el Apocalipsis de San Juan no es un texto trágico sino de mucha esperanza, y más aún, de victoria del Bien sobre el Mal, de Jesucristo que es glorificado. El texto está dirigido a las regiones de Éfeso, Esmirna, Pérgamo, Tiatira, Sardis, Filadelfia y Laodicea; que podemos identificar como las siete Iglesias de Asia. No porque sólo hubiera siete Iglesias en aquel territorio, sino porque el autor quiere referirse a todas las que había, utilizando el recurso del número siete, que bíblicamente significa: “totalidad”. En el fondo, el mensaje termina siendo para todos los cristianos.
Te has de estar preguntando ¿Cuál fue el motivo de los mensajes del libro? Bien, hay que situar a aquellas iglesias a las que nos referimos anteriormente, en el siglo I d.C.
Aproximadamente entre los años 86-95, los cristianos estaban siendo fuertemente perseguidos por el emperador romano Domiciano. Sabemos lo fuertes que siempre han sido las persecuciones al cristianismo y ésta definitivamente no fue la excepción. Estoy cierto de que tú también has tenido la inquietud o necesidad de dirigir palabras alentadoras a nuestros hermanos, que en épocas recientes no han sido libres para vivir su fe cristiana sin temor, ¡Pues eso fue precisamente una de las cosas que Juan quiso hacer en su momento, inspirado por el Espíritu! Dar unas palabras llenas de consolación y significado para los cristianos que sufrían la persecución de Domiciano.
¿Cómo puedo entender mejor el texto?
Toma en cuenta que el Apocalipsis precisamente pertenece al género apocalíptico. O sea que, cuando te acerques a él, ten claro que no estarás ante el Evangelio, una epístola (carta), un salmo, un libro profético, etc.
El género apocalíptico tiene características muy peculiares. De entrada, el término proviene de las palabras griegas apó (lejano de) y kaliptós (cubierto), literalmente significaría “lejano de lo cubierto” pero para entenderlo mejor podríamos traducirlo como “revelación de lo (que estaba) cubierto” o incluso “revelación del misterio”. Los textos apocalípticos han surgido en la historia casi siempre en momentos de mucha crisis, recuerda que los cristianos estaban siendo perseguidos. Lo que se buscaba con el género apocalíptico era transportar al lector a otro mundo, desde el cual comprendiera mejor un mensaje específico. Quien escribía en este género literario buscaba siempre colocarse como un testigo de aquello que narraba, y transmitiendo sensaciones de terror o admiración.
Es por eso que Juan también te quiere hacer partícipe a ti de aquellas escenas que describe, además incluyendo criaturas como una bestia con siete cabezas y diez cuernos, un dragón, y un cordero nada común. Hay también algunos ancianos, unos cuantos candelabros, “Una mujer vestida de sol” (Ap 12, 1), etc. ¿Cómo podemos tratar de entender un poco mejor, a qué o a quienes se refieren esta serie de personajes u objetos? No seré como una USB que te transmitirá de modo instantáneo la respuesta a esa pregunta, pero haré un intento para que puedas contestarla, y seguir moviendo tu curiosidad de saber más sobre este magnífico y fascinante escrito.
¿Cuál es el mensaje central de Juan en el Apocalipsis?
Pasemos entonces ahora a una parte muy interesante, a la que quizá llegaste saltándote las anteriores si la curiosidad te ganó. ¡No pasa nada! Puede llegar a ser muy válido comer ansias por comprender algo.
Notarás en la lectura del Apocalipsis que uno de los eventos centrales del mismo es el “Sacrificio de un Cordero”. ¿Acaso estás pensando lo mismo que yo? Tal vez sí, ese Cordero es precisamente Cristo (el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo). El pueblo judío, ya desde antes de que Jesús naciera, celebraba una festividad denominada “Yom Kippur” (de la expiación). El Sumo Sacerdote sacrificaba cada año un cordero en el que los judíos creían depositar todas sus culpas. Ese cordero era abandonado en el desierto y por supuesto, moría de hambre. Con su muerte, los habitantes del pueblo parecían entonces haber sido perdonados por todas sus faltas y liberados.
Si te das una vuelta por el libro del Génesis, recordarás que en el capítulo 22 se narra el sacrificio interrumpido de Isaac, hijo de Abrahán. Léelo detenidamente ¿No te llaman la atención algunos detalles? Por ejemplo, que Isaac iba subiendo el monte con su padre, cargando la madera con la que supuestamente sería sacrificado. ¿De qué estaba hecha la Cruz que curiosamente Jesús iba también cargando mientras subía un monte? Cuando posteriormente Isaac pregunta a Abrahán por el cordero para el sacrificio a Dios, su padre le contesta que Dios proveería aquel cordero. Y cuando el Ángel de Dios detiene a Abrahán en el acto de muerte, aparece de pronto un cordero que fue el que terminó siendo sacrificado ¿No te parece que podemos vernos muy similares a Isaac, cuya muerte fue sustituida por la de aquel cordero enviado por Dios para el sacrificio? Genial ¿no crees? Al parecer la gran hazaña de Jesús pudo haber sido anunciada mucho antes de lo que pensábamos, y es Él el verdadero cordero que se entrega para liberarnos de nuestros pecados (como en el Yom Kippur judío).
El Apocalipsis describe el hecho del sacrificio del Cordero quizá como el de mayor importancia. Ahora date cuenta que ese sacrificio del Cordero no es algo que vaya a pasar en el Fin de los Tiempos, ni nada terrorífico ¿Qué no precisamente lo vives cada domingo cuando celebras la Eucaristía como miembro de la Iglesia? ¡Oh sí! ¡Emociónate conmigo querido lector o lectora! Pues parece que nos vamos acercando a una de las claves más maravillosas y geniales para comprender el sentido del último libro de la Escritura:
LA SANTA MISA.
Ahora creo que será más notorio para ti que este libro está al parecer muy lejos de describir escenas del futuro y más aún con exactitud. ¡Qué mejor forma de animar a los cristianos en tiempos de crisis, que el recordarles lo privilegiados que son al poder tener la experiencia del gran banquete eucarístico que tiene lugar en la Misa! Nada nos da más fortaleza para enfrentar las circunstancias de la vida que Cristo siendo uno con nosotros y nosotros con Él.
Descubrirás que el Apocalipsis debemos leerlo sobre todo en clave litúrgica y ahora cada vez que intentes una lectura de este libro, te aconsejo que conforme vayas avanzando te imagines situad@ en el templo donde sueles normalmente celebrar la Liturgia. Ve pensando en cada una de las partes de la Misa y sus ritos correspondientes. Encontrarás en los diferentes capítulos del Apocalipsis muchísimas palabras y expresiones que te resultarán muy conocidas: “el Gloria”, “el Aleluya”, “el Santo” y no podía faltar “el Cordero de Dios”. Puede ser de utilidad que incluso a algunos personajes los pienses representando esos ritos. También comprobarás que es increíble la relación de comprensión entre la Misa y el Apocalipsis, es decir, que tanto el Apocalipsis te ayudará a comprender mejor el sentido y la estructura de la Misa, como la Misa el sentido y la estructura del Apocalipsis.
Sé que ciertamente no puedo agotar aquí el significado de cada objeto o personaje preciso del libro, incluso continuamente se siguen publicando grandes volúmenes de investigación sobre este escrito. Pero espero que esto te ayude, aunque sea un poco, a cambiar tu modo de verlo y a leerlo con más ánimo, cayendo en la cuenta de lo que un buen día dijo Joseph Ratzinger siendo aún cardenal: “La Misa es el Cielo en la Tierra”. El Apocalipsis es un gran medio para comprobar esa frase.
