Pablo Miki y compañeros, Santos y Mártires
Memoria Litúrgica, 6 de febrero …
Hoy también se festeja a:
- • María Teresa Bonzel, Beata
- • Ángel de Furci, Beato
- • Dorotea y Teófilo, Santos
- • Vedasto (Vaast) de Arras, Santo
- • Guarino de Palestrina, Santo
Lo que significa ser enviado
Por: H. Leonardo Garzón, LC | Fuente: www.somosrc.mx
En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo.
Amén.
Cristo, Rey nuestro.
¡Venga tu Reino!
Oración preparatoria (para ponerme en presencia de Dios)
Dios mío, dame la gracia de despojarme de mí mismo, de mis caprichos y de mis seguridades para que, confiando plenamente en ti, pueda ser enviado como los apóstoles a llevar a los hombres la salvación que Tú nos has ganado. Amén.
Evangelio del día (para orientar tu meditación)
Del santo Evangelio según san Marcos 6, 7-13
En aquel tiempo, llamó Jesús a los Doce, los envió de dos en dos y les dio poder sobre los espíritus inmundos. Les mandó que no llevaran nada para el camino: ni pan, ni mochila, ni dinero en el cinto, sino únicamente un bastón, sandalias y una sola túnica.
Y les dijo: «Cuando entren en una casa, quédense en ella hasta que se vayan de ese lugar. Si en alguna parte no los reciben ni los escuchan, al abandonar ese lugar, sacúdanse el polvo de los pies, como una advertencia para ellos».
Los discípulos se fueron a predicar la conversión. Expulsaban a los demonios, ungían con aceite a los enfermos y los curaban.
Palabra del Señor.
Medita lo que Dios te dice en el Evangelio
1. Dios nunca nos envía solos.
En el evangelio, Jesús llama a los doce y los envía de dos en dos. Él no los envía a cada uno por su cuenta. El apóstol es, ante todo, un testigo del amor de Dios, y para que exista verdadero amor debe existir la comunión. Los discípulos son principalmente enviados en parejas para dar testimonio de fraternidad cristiana. El verdadero apóstol es aquel que predica el Evangelio en compañía de otros y para el bienestar de otros. La buena nueva no es un mensaje que se debe esconder o acaparar egoístamente para uno solo, esta debe ser expresión de comunión y fraternidad.
2. «Les mandó que no llevaran nada para el camino…»
La segunda cosa que Jesús le pide a sus apóstoles es que confíen plenamente en el Padre, quien proveerá por todas sus necesidades durante el camino. El auténtico discípulo tiene un corazón desarraigado de las cosas materiales y de las seguridades que el mundo ofrece, haciendo de Dios su única seguridad.
Dios no nos pide cosas imposibles. No les dijo a los discípulos que no comieran, o que no se vistieran. Lo que sí les pidió es que confiasen en Él y Él velaría por ellos. Dios quiere que le veamos como Padre, cercano, protector, cariñoso y cuidadoso.
3. Predicar la conversión.
La finalidad de ser un discípulo enviado es transmitir a otros la alegría de Cristo resucitado que ha venido a salvarnos de las ataduras de la muerte. Jesús confiere a los apóstoles el poder de expulsar demonios y de ungir y curar a los enfermos como signos de la llegada de la salvación. El apóstol es enviado a apacentar el rebaño de Dios, a saciar las almas que tienen sed de Él; eso es lo que significa ser enviado a predicar la conversión. No se trata de juzgar al pecador y amonestar a quien a cometido el mal, por el contrario, se trata de ungir y curar a quien lo necesite, de modo que pueda volver a disfrutar del premio de la redención.
«La misión evangelizadora brota de la adhesión al regalo de la fe en Jesucristo, que recibimos por medio del Bautismo. Este don nos ha sido dado gratuitamente, se vive en el seno de la comunidad eclesial y gratuitamente lo anunciamos y compartimos con los demás. Es decir que lo vivimos en comunión “con todos” y somos enviados “para que llegue a todos”, sin excluir a nadie. Los animo a vivir estos días como una ocasión propicia para compartir y renovar juntos la fe y el compromiso apostólico, desde la dinámica de una Iglesia en salida, y que así puedan transmitir con valentía la esperanza y la alegría del Evangelio en cada uno de sus ambientes, teniendo en cuenta especialmente a los más necesitados y descartados de la sociedad».
(Mensaje a los jóvenes, S.S. Francisco, noviembre 2019).
Diálogo con Cristo
Ésta es la parte más importante de tu oración, disponte a platicar con mucho amor con Aquel que te ama.
Propósito
Proponte uno personal. El que más amor implique en respuesta al Amado… o, si crees que es lo que Dios te pide, vive lo que se te sugiere a continuación.
En una visita al Santísimo le pediré que purifique mi corazón para que pueda amar cada vez más como Él ama.
Despedida
Te damos gracias, Señor, por todos tus beneficios, a ti que vives y reinas por los siglos de los siglos.
Amén.
¡Cristo, Rey nuestro!
¡Venga tu Reino!
Virgen prudentísima, María, Madre de la Iglesia.
Ruega por nosotros.
En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo.
Amén.
Las dos bellezas
Por: Bosco Aguirre | Fuente: Mujer Nueva
A casi todos nos gusta tener un cuerpo sano, hacer deporte, trabajar y reír, descansar e ir de excursión con los amigos.
El bienestar físico es un valor casi universal. Algunos, además, persiguen ansiosamente una especie de “eterna juventud”. Realizan operaciones de cirugía estética, masajes, ejercicios especiales para adelgazar, inyecciones “rejuvenecedoras”, lociones y cremas de todo tipo…
Gracias a tantas intervenciones y progresos farmacéuticos, a veces es posible encontrarse con una señora de 50 años que parece tener 30, y con una de 40 que no tiene nada que envidiar a una chica de 18… Algunos hombres han entrado ya en este mercado de la “cosmética” a niveles de competividad respecto a lo conseguido, no sin grandes esfuerzos, por mujeres famosas por su “eterna juventud”.
Pero ese esfuerzo por conquistar un nivel de belleza corporal que dure el mayor tiempo posible tiene que detenerse al llegar a fronteras insuperables. La naturaleza no deja de pasar su factura (también la pasan los centros de belleza, no hay que olvidarlo) y uno tiene que rendirse ante la realidad: los años no perdonan; el proceso hacia la vejez no ha sido controlado, al menos hasta ahora, por la técnica.
Existe, sin embargo, una belleza distinta, más profunda, y no por ello menos importante. La gratitud, la alegría, el optimismo, ese gusto por vivir para un proyecto, la solidaridad, la fidelidad a unos amigos, la profundidad de un matrimonio abierto a las riquezas del otro y a la belleza de la paternidad y la maternidad… Son cosas que no se ven a primera vista, tesoros que brillan con una claridad propia, bellezas que pueden suscitar más envidia que un “color tropical” en el cutis o que una nariz especialmente estirada y tersa.
En el mundo de hoy nos vendría muy bien que el inquieto Sócrates se pasease por nuestras calles para reírse de la ropa, de los centros de embellecimiento, de las saunas para bajar unos kilos que se recuperan a través de esos pequeños pasteles que tomamos entre tarde y tarde…
El Sócrates de nariz aguileña y ojos saltones se reiría de la enorme cantidad de productos y esfuerzos dedicados por entero a cultivar un cuerpo que está sometido, lo queramos o no, a la gravitación universal y a la ley de la acción y reacción (del nacimiento y de la muerte), sin pensar más que de cuando en cuando en el espíritu (en el alma, como diría él). Se reiría de la importancia que damos a la belleza que sólo llega a los ojos, el tacto o el olfato, y de lo poco que nos preocupamos por la belleza del corazón, una belleza que provoca alegrías mucho más profundas y duraderas que las logradas por un perfume o un poco de crema de labios…
