
Faustina Kowalska, Santa
Apóstol de la Divina Misericordia, 5 de octubre …
- Hoy también se festeja a:
- • Rafael Alcocer Martínez, Beato
- • Mateo (Juan Francisco) Carreri, Beato
- • Tranquilino Ubiarco, Santo
- • Bartolo Longo, Beato
- • Ana Schäffer, Santa
Rogar y ponerse en camino
Santo Evangelio según San Lucas 10, 1-12. Jueves XXVI del Tiempo Ordinario
Por: Iván Yoed González Aréchiga, LC | Fuente: somosrc.mx

En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo.
Amén.
Cristo, Rey nuestro.
¡Venga tu Reino!
Oración preparatoria (para ponerme en presencia de Dios)
Señor, yo confío en ti, incluso más que en mí mismo. Pero confío en mí mismo porque confío en ti. Quiero ofrecerte estos instantes para conocerte mejor. Y así vivir mi confianza en ti de manera activa y creativa.
Evangelio del día (para orientar tu meditación)
Del santo Evangelio según san Lucas 10, 1-12
En aquel tiempo, designó el Señor a otros setenta y dos discípulos y los mandó por delante, de dos en dos, a todos los pueblos y lugares a donde pensaba ir, y les dijo: «La cosecha es mucha y los trabajadores pocos. Rueguen, por tanto, al dueño de la mies que envíe trabajadores a sus campos. Pónganse en camino; los envío como corderos en medio de lobos. No lleven ni dinero, ni morral, ni sandalias y no se detengan a saludar a nadie por el camino. Cuando entren en una casa, digan: ‘Que la paz reine en esta casa’. Y si allí hay gente amante de la paz, el deseo de paz de ustedes se cumplirá; si no, no se cumplirá. Quédense en esa casa. Coman y beban de lo que tengan, porque el trabajador tiene derecho a su salario. No anden de casa en casa. En cualquier ciudad donde entren y los reciban, coman lo que les den. Curen a los enfermos que haya y díganles: ‘Ya se acerca a ustedes el Reino de Dios’. Pero si entran en una ciudad y no los reciben, salgan por las calles y digan: ‘Hasta el polvo de esta ciudad que se nos ha pegado a los pies nos lo sacudimos, en señal de protesta contra ustedes. De todos modos, sepan que el Reino de Dios está cerca’. Yo les digo que en el día del juicio, Sodoma será tratada con menos rigor que esa ciudad».
Palabra del Señor.
Medita lo que Dios te dice en el Evangelio
Rogar. Es importante rogar al Señor. Pero jamás hemos de olvidar: después de que Jesús nos dijo «rueguen», dijo «pónganse en camino». ¿Activismo? No, realismo. Jesús mismo vivía con tal ímpetu su vida, que parecería difícil no identificarlo como un activista. Sin embargo estaba muy lejos de serlo.
El activista tiene puesta su confianza en sí mismo. El cristiano tiene puesta su confianza en Dios, a quien conoce, con quien tiene contacto frecuente, con aquél que es su motivación y su fuerza. El cristiano vive con el deseo de imitar a Cristo y en ello encuentra su plenitud. Por ello nunca desespera: porque su fundamento es sólido. Incluso en tiempos de crisis, en tiempos de preguntas sabe acudir a Dios.
Jesús, incluso en Getsemaní, hablaba con el Padre. Incluso en el calvario, cuando se sintió abandonado, habló con el Padre. Y en sus días cotidianos, la mañana, y muchas de sus noches, las dedicaba a su Padre. La jornada la dedicaba a darle gloria con sus obras. Rogaba y se ponía en camino.
Rogar y ponerse en camino. Dios me ha regalado la inteligencia y la voluntad para darle gloria. Primero le doy gloria poniéndolas a su escucha. Después le doy gloria poniéndolas en acción según sus palabras.
«Salir, ponerse en camino, encontrarse juntos, trabajar por la paz: no sólo son movimientos físicos, sino sobre todo del espíritu, son respuestas espirituales concretas para superar la cerrazón abriéndose a Dios y a los hermanos. Dios nos lo pide, exhortándonos a afrontar la gran enfermedad de nuestro tiempo: la indiferencia. Es un virus que paraliza, que vuelve inertes e insensibles, una enfermedad que ataca el centro mismo de la religiosidad, provocando un nuevo y triste paganismo: el paganismo de la indiferencia. No podemos permanecer indiferentes».
(S.S. Francisco, discurso el 20 de septiembre de 2016).
Diálogo con Cristo
Ésta es la parte más importante de tu oración, disponte a platicar con mucho amor con Aquel que te ama.
Propósito
Proponte uno personal. El que más amor implique en respuesta al Amado… o, si crees que es lo que Dios te pide, vive lo que se te sugiere a continuación.
Asistir, preferentemente, a una Hora Eucarística para hacer un balance de mis actitudes: ¿Puedo mejorar en algo mi vida?, ¿confío mucho y actúo poco? Si actúo mucho, ¿con que espíritu lo hago?, ¿con uno consciente de que todo lo que hago puede dar gloria a Dios? Te pido la gracia, Señor, de crecer en la conciencia de que mi vida puede ser una continua alabanza.
Despedida
Te damos gracias, Señor, por todos tus beneficios, a ti que vives y reinas por los siglos de los siglos.
Amén.
¡Cristo, Rey nuestro!
¡Venga tu Reino!
Virgen prudentísima, María, Madre de la Iglesia.
Ruega por nosotros.
En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo.
Amén.
Que la paz reine en esta casa
Jesús envía a sus setenta y dos discípulos a preparar el camino.
Por: Mons. Pedro Pablo Elizondo Cárdenas, LC | Fuente: Periódico Sagrada Familia Diócesis Cancún Chetumal

Hoy en nuestra patria corre como un río la sangre derramada por tantos asesinatos de tanta gente inocente como los sacerdotes jesuitas de Chihuahua, como los periodistas asesinados por el crimen organizado, destacó.
¡Cuántos muertos en México!, un río de sangre atraviesa todo el país a lo largo y a lo ancho. El pueblo de México tiene miedo por la inseguridad, por el dominio del crimen organizado que está impunemente ejerciendo su dominio sin límite, sin que nadie le ponga el alto, sin que nadie le aplique la ley, sin que nadie haga justicia en éste país. La promesa del Señor es que hará crecer como un río la paz en el País, Jesús cuando resucitó lo primero que les dijo a sus discípulos fue: “La paz esté con ustedes”. Dos veces les deseó, les trajo, les contagió su paz, y sus corazones se llenaron de paz y de alegría. “Mi paz os dejo, mi paz os doy” no como la da el mundo. Esa es la promesa, ese es el fruto de la presencia de Dios en nosotros, fue su explicación para la primera lectura que dice, correrá la paz sobre ella como un río.
Mientras que para la segunda lectura San Pablo dice que todos los que vivan conforme a esta norma, también para el verdadero Israel, la paz y la misericordia de Dios, es el encuentro con su misericordia. Cuando esa misericordia infinita se encuentra con nuestro arrepentimiento, con nuestra enmienda, con nuestra confesión de nuestros pecados, entonces brota la paz en nuestros corazones, recuperamos la paz perdida por nuestros pecados. Dios quiere que recuperemos esa paz para que podamos ser artesanos de paz, para que podamos irradiar esa paz, para que podamos ser portadores de paz para nuestros hermanos con nuestra palabra, con nuestras actitudes, con nuestra presencia. Estamos llamados a contagiar no la paz del mundo, sino la paz de Dios.
Jesús envía a sus setenta y dos discípulos a preparar el camino.
Es un anticipo de la misión universal de evangelización. Y les dice que lo primero que deben decir es: “La paz reine en esta casa”, ese es el saludo, ese es el deseo, ese es el mensaje, ese es el don de Dios, esa es nuestra misión, hacer que la paz de Dios reine en esta casa de México, que no reine la violencia, que no corra más sangre, que no salpiquen las paredes de la casa ensangrentadas, sino que reine la paz en nuestra Patria.
La paz es el primer signo del Reino de Dios, donde hay paz ahí está el Espíritu de Dios. El Reino de Dios es paz y gozo en el Espíritu Santo, ese es el signo: la paz y la alegría. Mi paz les dejo, mi paz les doy, no como la da el mundo. La paz del mundo es una tranquilidad ausencia de conflictos o producto de acuerdos. No, la paz de Cristo es fruto de la justicia, de la verdad, de la libertad, de la oración, de la confianza y de la fe en el amor de nuestro Señor Jesucristo.
La paz es Cristo, es su presencia misma, salvadora, sanadora, confortadora, iluminadora, reconciliadora. La paz de Cristo nos hace a nosotros también artesanos de paz. Dichosos los pacíficos, los obradores de paz, porque ellos serán hijos de Dios. Jesús hoy nos manda a nosotros como a los setenta y dos discípulos a anunciar esa paz, a contagiar esa paz, a ser artesanos de esa paz, ser obreros de la paz de Cristo. Cristo nos necesita portadores de su paz.
Que nuestra palabra, nuestra presencia, nuestra actitud, todo nuestro ser irradie la paz de Nuestro Señor Jesucristo. Que la palabra de Cristo habite en nuestros corazones con toda su riqueza y que en nuestros corazones habite siempre la paz de Nuestro Señor Jesucristo, para que verdaderamente podamos ser portadores y artesanos de la paz que es un don y una tarea, que es un don y una misión, que es un don y una conquista. Que la paz de Cristo habite en nuestros corazones en toda su plenitud para poder rebozar de paz e irradiar de paz a nuestros hermanos.