Presbítero y Fundador, 4 de junio …
Hoy también se festeja a:
- • Optato de Milevi, Santo
- • Estanislao Starowieyski, Beato
- • Antonio Zawistowski, Beato
- • Metrófano de Bizancio, Santo
- • Quirino de Tivoli, Santo
Jesús tomó el pan, dio gracias… Y se quedó conmigo para siempre
Por: Pedro Cadena, LC | Fuente: www.somosrc.mx
En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo.
Amén.
Cristo, Rey nuestro.
¡Venga tu Reino!
Oración preparatoria (para ponerme en presencia de Dios)
Jesús, aquí estoy ante ti. Tú conoces mi corazón. Tú ves mis deseos más profundos. Te alabo porque eres bueno y quieres saciar esos deseos que tú mismo pusiste en mi corazón. Jesús, tú conoces mi situación. Confío en ti, aunque no todo esté claro. Confío en ti, aunque a veces no lo sienta. María, ven y acompáñanos en este momento de oración.
Evangelio del día (para orientar tu meditación)
Del santo Evangelio según san Lucas 22, 14-20
En aquel tiempo, llegada la hora de cenar, se sentó Jesús con sus discípulos y les dijo: «Cuánto he deseado celebrar esta Pascua con ustedes, antes de padecer, porque yo les aseguro que ya no la volveré a celebrar, hasta que tenga cabal cumplimiento en el Reino de Dios». Luego tomó en sus manos una copa de vino, pronunció la acción de gracias y dijo: «Tomen esto y repártanlo entre ustedes, porque les aseguro que ya no volveré a beber del fruto de la vid hasta que venga el Reino de Dios».
Tomando después un pan, pronunció la acción de gracias, lo partió y se lo dio diciendo: «Esto es mi Cuerpo, que se entrega por ustedes. Hagan esto en memoria mía». Después de cenar, hizo lo mismo con una copa de vino, diciendo: «Esta copa es la nueva alianza, sellada con mi Sangre, que se derrama por ustedes».
Palabra del Señor.
Medita lo que Dios te dice en el Evangelio
“Dime, ¿por qué es esta noche diferente a todas las demás noches?” Con estas palabras, la cena de Pascua, el niño más pequeño de cada familia judía pedía al jefe de la familia que le explicara el sentido de la fiesta. Como respuesta, el jefe de la familia contaba la historia del pueblo de Israel, que fue liberado por Dios de la esclavitud en Egipto por la mano del Señor. Hoy yo también puedo preguntar a Dios: ¿Por qué es este día diferente a todos los demás días? Una de las posibles respuestas de Dios está en el Evangelio de hoy: Porque Jesús tomó el pan, dio gracias… Y se quedó conmigo para siempre… Y se entregó para redimirme de mis pecados… Y no dudó en morir por mí… ¿Qué respuesta escucho por parte de Dios? ¿Qué siento al escucharla o al no escucharla? De todo esto y más puedo dialogar con el Señor.
«El Señor resucitado promete permanecer con nosotros para siempre. Y precisamente gracias a esta presencia suya y a la fuerza de su Espíritu podemos realizar con serenidad la misión que Él nos confía. ¿Cuál es la misión? Anunciar y testimoniar a todos su Evangelio y así dilatar la comunión con Él y la alegría que se deriva. Dios, caminando con nosotros, nos llena de alegría y la alegría es un poco el primer lenguaje del cristiano».
(Angelus de S.S. Francisco, 27 de mayo de 2018).
Diálogo con Cristo
Ésta es la parte más importante de tu oración, disponte a platicar con mucho amor con Aquel que te ama.
Jesús, gracias por este tiempo contigo. ¿Qué ha pasado hoy en este tiempo de oración? Tal vez algo me dio paz o me dejó inquieto. Puede ser que en mí se haya despertado algún deseo o algún rechazo. Espíritu Santo, ven, ilumíname. María, ven, ayúdame a dejar que Jesús me haga un poco más como Él.
Propósito
Proponte uno personal. El que más amor implique en respuesta al Amado… o, si crees que es lo que Dios te pide, vive lo que se te sugiere a continuación.
Hoy voy a hacer un acto de servicialidad oculto.
Despedida
Te damos gracias, Señor, por todos tus beneficios, a ti que vives y reinas por los siglos de los siglos.
Amén.
¡Cristo, Rey nuestro!
¡Venga tu Reino!
Virgen prudentísima, María, Madre de la Iglesia.
Ruega por nosotros.
En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo.
Amén.
¿Cómo aprender a escuchar las inspiraciones del Espíritu Santo?
Por: P. Jacques Philippe | Fuente: Catholic.net
Es un aprendizaje progresivo: se trata de convertirse en aquellas ovejas que reconocen la voz de su pastor en medio de las otras voces que las rodean (Jn 10, 3-5). Para lograr esto, es necesario crear poco a poco un cierto “clima de vida” que comprende los siguientes elementos:
– Estemos firmemente decididos a hacer en todo la voluntad de Dios. Dios habla a aquellos que desean obedecerle.
– Llevemos una vida de oración regular, en la que intentemos principalmente tener una actitud de confianza, de disponibilidad interior a la acción de Dios. La fidelidad a la oración favorece y hace más profunda la disposición de apertura y de escucha.
– Meditemos regularmente las Santas Escrituras: su manera de tocar y hablar a nuestro corazón despierta en nosotros una sensibilidad espiritual y nos acostumbra poco a poco a reconocer la voz de Dios.
– Evitemos lo más posible las actitudes que pueden cerrarnos a la acción del Espíritu: la agitación, las inquietudes, los miedos, los apegos excesivos a nuestra propia manera de hacer o de pensar. La escucha al Espíritu Santo requiere flexibilidad y desprendimiento interiores.
– Aceptemos con confianza los acontecimientos de nuestra vida, aun cuando a veces nos contraríen o no correspondan a lo que nosotros esperábamos. Si somos dóciles a la manera en la que Dios conduce los acontecimientos de nuestra vida, si nos abandonamos entre sus manos de Padre, Él sabrá hablar a nuestro corazón. Mantengámonos – dentro de lo posible – en paz y en confianza, pase lo que pase. Cuanto más nos esforcemos por mantener la paz, más escucharemos la voz del Espíritu.
– Sepamos acoger los consejos de las personas que nos rodean. Seamos humildes de cara a nuestros hermanos y hermanas, no busquemos siempre tener la razón o la última palabra en las conversaciones. Reconozcamos nuestros errores y dejémonos corregir. Quien sabe escuchar a su hermano sabrá escuchar a Dios.
– Purifiquemos constantemente nuestro corazón en el sacramento de la penitencia. El corazón purificado por el perdón de Jesús percibirá su voz con más claridad.
– Estemos atentos a lo que pasa en el fondo de nuestro corazón. El Espíritu Santo no se deja escuchar en el ruido ni en la agitación exterior, sino en la intimidad de nuestro corazón, por medio de mociones suaves y constantes.
– Aprendamos poco a poco a reconocer lo que viene de Dios a través de los frutos que produce en nuestra vida. Lo que viene del Espíritu trae consigo paz, nos hace humildes, confiados, generosos en el don de nosotros mismos. Lo que viene de nuestra sicología herida o del demonio produce dureza, inquietud, orgullo, ensimismamiento…
– Vivamos en un clima de gratitud: si agradecemos a Dios por un beneficio, él nos dará nuevas gracias, en especial las inspiraciones interiores que necesitamos para servirle y amarle.
