Francisco de Borja, Santo
Memoria Litúrgica, 3 de octubre…
Hoy también se festeja a:
- • Crescencio García Pobo, Beato
- • Francisco de Borja, Santo
- • Uto (u Otón) de Metten, Beato
- • Hesiquio de Maiuma, Santo
- • José María Poyatos Ruiz, Beato
Las características del discípulo
Por: H. Francisco J. Posada, LC | Fuente: www.somosrc.mx
En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo.
Amén.
Cristo, Rey nuestro.
¡Venga tu Reino!
Oración preparatoria (para ponerme en presencia de Dios)
Señor, dame la gracia de responder a tu llamada de amor y que pueda ayudar a otros a escucharla y responder con generosidad.
Evangelio del día (para orientar tu meditación)
Del santo Evangelio según san Lucas 10, 1-12
En aquel tiempo, designó el Señor a otros setenta y dos discípulos y los mandó por delante, de dos en dos, a todos los pueblos y lugares a donde pensaba ir, y les dijo: “La cosecha es mucha y los trabajadores pocos. Rueguen, por tanto, al dueño de la mies que envíe trabajadores a sus campos. Pónganse en camino; los envío como corderos en medio de lobos. No lleven ni dinero, ni morral, ni sandalias y no se detengan a saludar a nadie por el camino. Cuando entren en una casa, digan: ‘Que la paz reine en esta casa’. Y si allí hay gente amante de la paz, el deseo de paz de ustedes se cumplirá; si no, no se cumplirá. Quédense en esa casa. Coman y beban de lo que tengan, porque el trabajador tiene derecho a su salario. No anden de casa en casa. En cualquier ciudad donde entren y los reciban, coman lo que les den. Curen a los enfermos que haya y díganles: ‘Ya se acerca a ustedes el Reino de Dios’.
Pero si entran en una ciudad y no los reciben, salgan por las calles y digan: ‘Hasta el polvo de esta ciudad que se nos ha pegado a los pies nos lo sacudimos, en señal de protesta contra ustedes. De todos modos, sepan que el Reino de Dios está cerca’. Yo les digo que, en el día del juicio, Sodoma será tratada con menos rigor que esa ciudad”.
Palabra del Señor.
Medita lo que Dios te dice en el Evangelio
La misión de la que Dios nos hace partícipes es una tarea común, primeramente, compartida con Cristo y después con los hermanos, porque nos une la llamada que el Señor nos ha hecho para comunicarlo a los demás, no como una idea, sino como una persona viva con la cual nos podemos encontrar. Pero nadie puede hacerlo si antes no ha hecho la experiencia personal de Él.
Evangelizamos en grupo porque Dios se hace presente ahí donde hay dos o tres reunidos en su nombre y, también, porque el testimonio de la comunidad es algo muy valorado y añorado por las personas. Este ejemplo de comunión mueve a la gente y es una prueba para las personas, ya que el motivo de la unión con Cristo es la llamada común.
Parte del mensaje que comunicamos es que ya está cerca el Reino de Dios, que es la recompensa a los justos y el castigo a los pecadores. Pero Él nunca deja a los pecadores sin oportunidad de que se arrepientan, siempre se muestra benigno, pero somos nosotros los que no lo aceptamos. Como predicadores de la palabra de Cristo debemos encarnar lo más posible su misericordia y su justicia. Cristo nos pide nuestras manos para hacerlo presente y esto lo logramos en la medida en que lo imitemos.
Otra parte importante del mensaje de Cristo es la paz que viene de Él y nadie más la puede dar: esa paz que mucha gente anhela y que, como testigos de Cristo. debemos ayudarles a encontrar.
«Cuando envía a los setenta y dos discípulos, Jesús les da instrucciones precisas que expresan las características de la misión. La primera ?ya lo hemos visto?: rezad; la segunda: id; y luego: no llevéis bolsa o alforja …; decid: “Paz a esta casa” … permaneced en esa casa … No vayáis de casa en casa; curad a los enfermos y decidles: “El Reino de Dios está cerca de vosotros”; y, si no os reciben, salid a las plazas y despedíos. Estos imperativos muestran que la misión se basa en la oración; que es itinerante: no está quieta, es itinerante; que requiere desapego y pobreza; que trae paz y sanación, signos de la cercanía del Reino de Dios; que no es proselitismo sino anuncio y testimonio; y que también requiere la franqueza y la libertad para irse, evidenciando la responsabilidad de haber rechazado el mensaje de salvación, pero sin condenas ni maldiciones. Si se vive en estos términos, la misión de la Iglesia se caracterizará por la alegría».
(Ángelus de S.S. Francisco, 7 de julio de 2019).
Diálogo con Cristo
Ésta es la parte más importante de tu oración, disponte a platicar con mucho amor con Aquel que te ama.
Propósito
Proponte uno personal. El que más amor implique en respuesta al Amado… o, si crees que es lo que Dios te pide, vive lo que se te sugiere a continuación.
Rezar por cinco minutos pidiéndole a Dios que aumente el número de vocaciones.
Despedida
Te damos gracias, Señor, por todos tus beneficios, a ti que vives y reinas por los siglos de los siglos.
Amén.
¡Cristo, Rey nuestro!
¡Venga tu Reino!
Virgen prudentísima, María, Madre de la Iglesia.
Ruega por nosotros.
En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo.
Amén.
¿Por qué sufro si soy bueno y hago el bien?
Por: P. José Luis González Santoscoy | Fuente: PadreJoseLuisGS.com
Todos hemos sufrido, en más de una ocasión. En esos momentos de dolor, de sufrimiento, de desesperación por lo que está sucediendo, volteamos a lo alto, con el corazón desgarrado, y le preguntamos a Dios: ¿Por qué me está sucediendo esto? La situación y la angustia se agrandan, cuando he llevado una vida más o menos recta, entonces, nos preguntamos ¿Por qué me sucede esto a mí, que soy bueno y no hago el mal?
Hoy, maravillosamente, se nos presenta la historia del justo Job, un hombre santo, bueno, entregado y generoso, a quien le suceden todo tipo de tragedias, siendo para todos nosotros, una clara respuesta al problema del porqué la existencia del dolor y el sufrimiento de quienes se esfuerzan por obrar con rectitud. En la primera lectura, tomada de Job 1, 6-22, escuchamos un diálogo entre Dios y Satanás.
Un día fueron los ángeles a presentarse ante el Señor y entre ellos llegó también Satanás. El Señor le preguntó: “¿De dónde vienes?”. Él respondió: “De dar una vuelta por la tierra”. El Señor le dijo: “¿Te fijaste en mi siervo Job? No hay nadie como él en la tierra; es un hombre íntegro y recto, que teme a Dios y se aparta del mal”. Satanás le respondió: “¿Y crees tú que su temor a Dios es desinteresado? ¿Acaso no has construido tú mismo una cerca protectora alrededor de él, de su familia y de todos sus bienes? Has bendecido el trabajo de sus manos y sus rebaños se han multiplicado por todo el país. Pero hazle sentir un poco el peso de tu mano, daña sus posesiones y verás cómo te maldice en tu propia cara”. El Señor le dijo: “Haz lo que quieras con sus cosas, pero a él no lo toques”.
Lo que sigue en el texto lo voy a resumir, citando cuáles fueron las 4 desgracias que experimentó Job: le robaron todo su ganado y apuñalaron a sus criados; un rayo quemó a todas sus ovejas y a sus pastores; luego, le robaron todos sus camellos y apuñalaron a sus criados; finalmente, un fuerte viento mató a sus hijos e hijas.
Como podemos ver, al pobre Job, humanamente hablando, le fue como en feria, ya que la desgracia le arrancó sus bienes, sus posesiones y hasta sus seres queridos. Pero, aun así, las terribles pruebas y desgracias que sufre este buen hombre, en lugar de alejarlo de Dios, lo unen aún más a Él. Job, a pesar de no entender sus designios, no sólo no reniega del Señor, sino que, con una fe madura y una gran confianza en Dios, llega a bendecirlo en medio del dolor. El texto de hoy termina diciendo que Job, postrándose en tierra oró, diciendo:
Desnudo salí del vientre de mi madre y desnudo volveré allá. El Señor me lo dio, el Señor me lo quitó; esa fue su voluntad: ¡Bendito sea el nombre del Señor!.
Hermanos, esto nos enseña que el dolor y el sufrimiento es parte de nuestra vida. Cuando el dolor se hace presente, no quiere decir que Dios nos está castigando o que, incluso, sea un Dios que nos quiera ver sufrir. Me parece muy retador para nosotros el planteamiento del demonio, porque dice que, si los hombres aman a Dios, es por los beneficios que nos concede. ¿Será acaso cierto en cada uno de nosotros? Cuántas veces nos hemos alejado de Dios, de los sacramentos o de la oración, cuando algo no sale como queremos, cuando el dolor o la prueba han llegado a nuestras vidas.
No podemos estar pensando ¿Qué he hecho para que Dios me trate de este modo? El sufrimiento y el dolor es parte de nuestra humanidad. Pudiéramos estar cayendo en la trampa del enemigo, quien no cree que el hombre sea capaz de amar y servir a Dios desinteresadamente. El demonio cree que buscamos a Dios egoístamente, le damos para que Él nos dé. En realidad, ¿Cómo y por qué amo a Dios? ¿Amo, sirvo, doy generosa y desinteresadamente?
Debemos trabajar en nuestro interior, para que, el dolor y el sufrimiento, sean un verdadero camino de crecimiento y maduración personal, una forma de llegar a ser mejores personas y mejores cristianos. El hombre, al ser alguien que aspira a la felicidad, el sentido del dolor le parece absurdo y es algo que no se quiere ni se desea, pero es inevitable.
Te comparto 3 acciones concretas para que puedas sacar provecho del dolor y el sufrimiento que lleguen a tu vida:
Acéptalo y no lo rechaces, puesto que ya está ahí.
El dolor y el sufrimiento existen por el simple hecho de que somos seres finitos, con voluntad y libertad. Al pasarnos la vida rechazándolo, vivimos frustrados; y, por el contrario, al asumirlo, el dolor se vuelve una tarea o una misión, la cual nos lleva a lo siguiente.
Mejora tu actitud frente a esa experiencia de dolor.
Deberíamos preguntarnos qué actitud tengo ante él, ésta puede ser negativa o positiva. Al ser negativa, viviré una vida marcada por el egoísmo y la amargura, pues el dolor me encerrará en mi experiencia y no me permitirá abrirme a los demás. Pero, al ser positiva, hago que el dolor sea una experiencia enriquecedora, ya que la madurez del ser humano se adquiere cuando se hace dueño de sí mismo, cuando es verdaderamente libre, cuando no permite que nada lo esclavice, ni el dolor mismo.
El sufrimiento, para tener sentido, no puede ser un fin en sí mismo, eso sería masoquismo.
El sentido del dolor, lo da el motivo por el cual aceptamos padecerlo. Siempre hay un amor detrás del sufrimiento, ya que, si no hay un amor que motive, que dé razón y sentido, el sufrimiento se vuelve absurdo, así como Cristo asumió la cruz, por amor a nosotros.
