
Salomón Leclerc, Santo
Religioso Lasallista y Mártir, 2 de septiembre…
- Hoy también se festeja a:
- • Pedro Jacobo María Vitalis y 20 compañeros, Beatos
- • Juan María de Lau d’Allemans y 94 compañeros, Beatos
- • Salomón Leclerc, Santo
- • Justo y Viator, Santos
- • Juan Franquesa Costa, Beato
La confianza que hace al apóstol
Santo Evangelio según san Lucas 5, 1-11. Jueves XXII del Tiempo Ordinario
Por: Roberto Allison, LC | Fuente: somosrc.mx

En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo.
Amén.
Cristo, Rey nuestro.
¡Venga tu Reino!
Oración preparatoria (para ponerme en presencia de Dios)
Señor, hoy me pongo en tu presencia, no como un siervo se pone en presencia de su amo, sino como un amigo se pone en la presencia de su amigo.
Evangelio del día (para orientar tu meditación)
Del santo Evangelio según san Lucas 5, 1-11
En aquel tiempo, Jesús estaba a orillas del lago de Genesaret y la gente se agolpaba en torno suyo para oír la Palabra de Dios. Jesús vio dos barcas que estaban junto a la orilla. Los pescadores habían desembarcado y estaban lavando las redes. Subió Jesús a una de las barcas, la de Simón, le pidió que la alejara un poco de tierra, y sentado en la barca, enseñaba a la multitud.
Cuando acabó de hablar, dijo a Simón: “Lleva la barca mar adentro y echen sus redes para pescar”. Simón replicó: “Maestro, hemos trabajado toda la noche y no hemos pescado nada; pero, confiado en tu palabra echaré las redes”. Así lo hizo y cogieron tal cantidad de pescados, que las redes se rompían. Entonces hicieron señas a sus compañeros, que estaban en la otra barca, para que vinieran a ayudarlos. Vinieron ellos y llenaron tanto las dos barcas, que casi se hundían.
Al ver esto, Simón Pedro se arrojó a los pies de Jesús y le dijo: “¡Apártate de mí, Señor, porque soy un pecador!”. Porque tanto él como sus compañeros estaban llenos de asombro, al ver la pesca que habían conseguido. Lo mismo les pasaba a Santiago y a Juan, hijos de Zebedeo, que eran compañeros de Simón. Entonces Jesús le dijo a Simón: “No temas; desde ahora serás pescador de hombres”. Luego llevaron las barcas a tierra y, dejándolo todo, lo siguieron.
Palabra del Señor.
Medita lo que Dios te dice en el Evangelio
«Maestro, nos hemos pasado la noche bregando y no hemos cogido nada». ¡Cuántas veces nos encontramos en la misma situación de Pedro! Sentimos su frustración cuando vemos que, después de tantos esfuerzos, no hay ningún fruto en nuestra conversión. O cuando nos vemos inundados de problemas y dificultades que parecen no tener solución. Nos fatigamos, luchamos y nos cansamos para nada. Las redes de nuestra vida aparecen, una y otra vez, vacías. Es allí cuando nos topamos con nuestra flaqueza y debilidad. Descubrimos con dolor que no lo podemos todo, que somos limitados.
¡Bendita debilidad! Porque cuando estamos en el fondo de la desesperanza, cuando parece que la frustración asalta toda la existencia, aparece Cristo que nos dice: «Rema mar adentro» Duc in altum! Confía en mí. Jesús nos pide entonces dar el paso con Él. Comenzar a echar las redes junto a Él. Nos exige dejarle el timón de nuestra vida para que Él la dirija completamente porque conoce el mejor camino.
Discípulo es quien se deja guiar por Cristo, quien sigue sus huellas y comparte con Él el camino de la cruz. La confianza es, por tanto, una virtud indispensable para el apóstol de Cristo. Sólo el que confía plenamente en Cristo es capaz de lanzarse en el apostolado, de sufrir con paciencia, de amar hasta el extremo. La confianza es la puerta que nos abre al encuentro con Cristo, pues nos permite ver su misericordia infinita. La confianza en su amor nos impide revolvernos una y otra vez, en nuestros fracasos y pecados, pues, como san Pedro, alzamos la vista y contemplamos su mirada, tomamos de nuevo su mano tendida y nos ponemos a navegar otra vez con Él.
«¡Oh si las almas débiles e imperfectas como la mía sintiesen lo que yo siento, ninguna desconfiaría de llegar a la cima de la montaña del amor. El recuerdo de mis faltas me humilla…, pero me habla más aún de misericordia, de amor. Cuando llena de confianza filial arrojo esas faltas en la ardiente hoguera del amor, no pueden menos de ser consumidas para siempre» (Sta. Teresita de Lisieux).
«Nosotros podemos enredarnos en discusiones interminables, sumar intentos fallidos y hacer un elenco de esfuerzos que han terminado en nada; pero igual que Pedro, sabemos qué significa la experiencia de trabajar sin ningún resultado. […] Como Pedro, también somos capaces de confiar en el Maestro, cuya palabra suscita fecundidad incluso allí donde la inhospitalidad de las tinieblas humanas hace infructuosos tantos esfuerzos y fatigas. Pedro es el hombre que acoge decidido la invitación de Jesús, que lo deja todo y lo sigue, para transformarse en nuevo pescador, cuya misión consiste en llevar a sus hermanos al Reino de Dios, donde la vida se hace plena y feliz».
(Homilía de S.S. Francisco, 7 de septiembre de 2017).
Diálogo con Cristo
Ésta es la parte más importante de tu oración, disponte a platicar con mucho amor con Aquel que te ama.
Propósito
Proponte uno personal. El que más amor implique en respuesta al Amado… o, si crees que es lo que Dios te pide, vive lo que se te sugiere a continuación.
Hoy venceré uno de mis miedos, no confiando en mi propias fuerzas, sino en la gracia de Dios.
Despedida
Te damos gracias, Señor, por todos tus beneficios, a ti que vives y reinas por los siglos de los siglos.
Amén.
¡Cristo, Rey nuestro!
¡Venga tu Reino!
Virgen prudentísima, María, Madre de la Iglesia.
Ruega por nosotros.
En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo.
Amén.
¿Por qué no es válido confesarse por teléfono o por internet?
Una pregunta frecuente de los fieles es ¿me puedo confesar por teléfono o internet?
Por: Pbro. Sergio G. Román | Fuente: Desde la Fe

La experiencia de la pandemia de coronavirus COVID-19 nos ha llevado a una cuarentena que trastornó nuestra vida y que se ha prolongado más allá de cuarenta días, más aún, tal parece que esa enfermedad se va a quedar activa entre nosotros durante mucho tiempo.
Qué impresionante ver las ciudades del mundo y las nuestras con sus plazas y calles vacías. Se cerraron todos los lugares de encuentro entre las personas, playas, estadios, centros nocturnos, restaurantes, jardines y parques.
También se cerraron las iglesias y no se celebraron los Sacramentos a no ser a través de los medios de comunicación y, de esa forma, tenemos la experiencia de las comunidades virtuales en tiempo real. Muchos católicos participan aún de la Santa Misa a larga distancia y para ellos es un consuelo espiritual muy importante… pero no es lo mismo.
Nos quedamos con hambre de la Eucaristía, no podemos acercarnos aún comulgar y tenemos que conformarnos con nuestra comunión espiritual. Sufrimos un ayuno eucarístico y tenemos hambre de la Santa Comunión.
¿Se puede recibir la comunión de forma virtual?
Desde luego que NO. Se puede participar en la celebración de una Misa trasmitida en vivo por televisión o internet, pero el hecho de que no podamos recibir la santa Comunión en ella nos hace ver la necesidad de la presencia real tanto del ministro como la de los participantes en la celebración Eucarística.
Las Misas trasmitidas son un excelente consuelo para los ausentes, pero no se pueden celebrar los sacramentos a larga distancia. La celebración de cada uno exige la presencia física.
Lo mismo pasa con el Sacramento de la Reconciliación.
Aunque ustedes no lo crean todavía hay mucha, mucha, gente que acostumbra confesarse con frecuencia. Para ellos, el no tener sacerdotes disponibles debe ser una experiencia dolorosa, sobre todo porque sienten muy cercano el peligro de la muerte. Indudablemente, al reabrirse las iglesias los sacerdotes tendremos mucho trabajo confesando a los feligreses que también tienen hambre del perdón de los pecados por medio del Sacramento de la Reconciliación.
¿Puedo confesarme por teléfono?
Una pregunta frecuente que los fieles han hecho durante el aislamiento social por la pandemia de COVID-19 es si se puede hacer una confesión por teléfono o por alguna plataforma en internet.
La respuesta también es NO. Y no se trata solamente de la inseguridad de los medios de comunicación que pondrían en peligro el secreto de la confesión, sino del hecho de que para la validez de los sacramentos se requiere la presencia física del ministro y de los que reciben los sacramentos. Así lo pide la Iglesia.
A mí me maravilla la previsión de la Iglesia y su oportunidad en cualquier tiempo de nuestra vida. El 20 de junio de 1602, la Iglesia, a través de un decreto del Santo Oficio, declaraba que no es válido confesarse ante un confesor ausente y recibir la absolución de él, por medio de una carta o de un mensajero.
En 2002 la Iglesia publicó el documento La Iglesia e Internet, en el que leemos (9): “La realidad virtual no sustituye la presencia real de Cristo en la Eucaristía, ni la realidad sacramental de los otros Sacramentos, ni tampoco el culto compartido en una comunidad humana de carne y hueso. No existen los Sacramentos en Internet…”.
Un obispo dijo…
Se supone que los obispos son los maestros de la comunidad, pero no falta por ahí algún obispo que enseña algo diferente a lo que enseñan los demás obispos, lo que no tendría importancia si fuera sobre algo circunstancial.
Lamentablemente alguno ha permitido a sus fieles confesarse por teléfono. Esperamos que la Iglesia lo invite a retractarse. Cabe la posibilidad de que haya sido mal interpretado y que lo que quiso decir es que es posible prepararse a la confesión por teléfono en espera del confesor.
¿Hay confesión espiritual?
Sí. Se llama “un acto de contrición”. La contrición es una respuesta del pecador a la gracia divina que lo lleva a detestar el pecado no por miedo al castigo, sino por el amor de Dios y a Dios. Implica el propósito de no volver a pecar, de satisfacer por los pecados cometidos y la promesa de confesarse lo antes posible.
La Iglesia Católica siempre ha enseñado que, por ejemplo, en peligro de muerte o ante la ausencia de confesores, un acto de contrición perfecta nos justifica delante de Dios en espera de recibir la reconciliación de la Iglesia.
El acto penitencial al principio de nuestras Misas puede llamarse una reconciliación espiritual y lo mismo pasa con otros actos de piedad.
En las escuelas de los jesuitas se enseñaba a los alumnos a hacer un examen de conciencia antes de ir a dormir y a pedir perdón de los pecados.
Los fieles piadosos acostumbran rezar el “Yo pecador” en ocasiones de peligro.
Es bueno ser conscientes de que somos pecadores, y es bueno pedir constantemente perdón a Dios y dar las gracias por su gracia.