Basilio Magno, Santo
Memoria Litúrgica, 2 de Enero…
Hoy también se festeja a:
- • María Anna Blondin, Beata
- • Marcolino Amanni de Forli, Beato
- • Guillermo Repin, Beato
- • Gregorio Nacianceno, Santo
- • Telésforo, Santo
Tu identidad en Cristo..
Por: H. José David Parra, LC | Fuente: www.somosrc.mx
En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo.
Amén.
Cristo, Rey nuestro.
¡Venga tu Reino!
Oración preparatoria(para ponerme en presencia de Dios)
Gracias, Señor, por concederme la oportunidad de iniciar este nuevo año 2020. Ayúdame a aprovecharlo al máximo para gloria de tu nombre y la salvación de las almas que me has encomendado. Tú conoces, Señor, el valor del tiempo, enséñame a vivir este don tan grande de cara a la eternidad.
Evangelio del día(para orientar tu meditación)
Del santo Evangelio según san Juan 1, 19-28
Éste es el testimonio que dio Juan el Bautista, cuando los judíos enviaron desde Jerusalén a unos sacerdotes y levitas para preguntarle: «¿Quién eres tú?».
Él reconoció y no negó quien era. El afirmó: «Yo no soy el Mesías». De nuevo le preguntaron: «¿Quién eres, pues? ¿Eres Elías?». Él les respondió: «No lo soy». «¿Eres el Profeta?». Respondió: «No». Le dijeron: «Entonces dinos quién eres, para poder llevar una respuesta a los que nos enviaron. ¿Qué dices de ti mismo?». Juan les contestó: «Yo soy la voz que grita en el desierto: ‘Enderecen el camino del Señor’, como anunció el profeta Isaías».
Los enviados que pertenecían a la secta de los fariseos, le preguntaron: «Entonces, ¿por qué bautizas, si no eres el Mesías, ni Elías, ni el Profeta?». Juan les respondió: «Yo bautizo con agua, pero en medio de ustedes hay uno, al que ustedes no conocen, alguien que viene detrás de mí, a quien yo no soy digno de desatarle la correa de sus sandalias». Esto sucedió en Betania, en la otra orilla del Jordán, donde Juan bautizaba.
Palabra del Señor.
Medita lo que Dios te dice en el Evangelio
Si alguien te preguntara a lo largo de este día: «¿Quién eres tú?» ¿Qué le contestarías?
San Juan no titubea al responder a los sacerdotes y levitas quién es él. Se conoce a sí mismo y sabe por qué hace lo que hace delante de Dios y de los hombres. A la luz de la oración ha conocido el plan de Dios en su vida y ha abrazado, con amor y pasión, la misión que Dios le ha conferido.
A muchas personas se les dificulta hoy dar una respuesta a esta pregunta con sinceridad y profundidad porque no oran y/o reflexionan lo suficiente. El responder con inseguridad a esta pregunta transluce, a fin de cuentas, en una cierta falta de identidad, pues si no sé ni siquiera quién soy yo, ¿cómo podré saber de dónde vengo y hacia dónde voy? O, ¿por qué razón hago unas cosas y otras no?
San Juan no nació con la conciencia clara de su misión y su llamado. Todo esto es un proceso en el que Dios nos ilumina y nos va inspirando en el corazón a dar nuevos pasos hacia Él, en el amor y en la entrega. Al igual que san Juan, no dudemos en buscar en nuestro día a día el rostro de Dios y su plan en nuestras vidas, pues solamente Él puede enseñarnos a amar verdaderamente y darnos un ideal por quién vivir o por quién morir que dé sentido a nuestras vidas. Solo en Dios podremos saber quiénes somos y qué estamos llamados a ser.
«También Juan esperaba a otro más grande que él. Juan tenía claro que no era el Mesías sino simplemente quien lo anunciaba. Juan era el hombre memorioso de la promesa y de su propia historia. Era famoso, tenía fama, todos venían a hacerse bautizar por él, lo escuchaban con respeto. La gente creía que era el Mesías, pero él era memorioso de su propia historia y no se dejó engañar por el incienso de la vanidad. Juan manifiesta la conciencia del discípulo que sabe que no es ni será nunca el Mesías, sino sólo un invitado a señalar el paso del Señor por la vida de su gente».
(Discurso de S.S. Francisco, 20 de enero de 2018).
Diálogo con Cristo
Ésta es la parte más importante de tu oración, disponte a platicar con mucho amor con Aquel que te ama.
Propósito
Proponte uno personal. El que más amor implique en respuesta al Amado… o, si crees que es lo que Dios te pide, vive lo que se te sugiere a continuación.
Rezar tres avemarías pidiéndole a Jesús, a través de su Madre, que me dé una identidad clara de mi «ser cristiano,» y que me conceda la gracia de ser coherente con lo que soy y lo que profeso ser.
Despedida
Te damos gracias, Señor, por todos tus beneficios, a ti que vives y reinas por los siglos de los siglos.
Amén.
¡Cristo, Rey nuestro!
¡Venga tu Reino!
Virgen prudentísima, María, Madre de la Iglesia.
Ruega por nosotros.
En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo.
Amén.
El propósito de año nuevo que todo católico debería cumplir
Por: K. Albert Little | Fuente: Patheos // Pildoras de fe
Entre el 8 de diciembre de 2015 y el 20 de noviembre de 2016 vivimos el Año de la Misericordia convocado por el Papa Francisco, ahora los católicos de todo el mundo estamos llamados a demostrar el significado de esta altísima virtud cristiana: La Misericordia.
Y si tú, como la mayoría de nosotros, estás dispuesto a adoptar un propósito de año nuevo, entonces este es el propósito perfecto para ti: tener misericordia.
Tener Misericordia.
Decir que los cristianos deben ser conocidos por su misericordia es, supongo, de lo más obvio. La misericordia, según el Papa Francisco, es «el corazón palpitante del Evangelio» porque está escrita en todas partes del mismo.
Lo mismo sucede con las Epístolas, las cartas de los apóstoles, e incluso, aparece en alguna medida en el Antiguo Testamento, enraizada entre los actos escandalosamente vengativos, por supuesto.
De acuerdo con lo anterior, podría decirse que los cristianos somos realmente conocidos por nuestra misericordia, pero sutilmente, es una exageración extrema. Suena algo forzado. Suena algo así como el final de un chiste malo contado con agrado.
¿Realmente los cristianos se caracterizan por mostrar misericordia?
¡Eso es como decir que los rusos son conocidos por su abstinencia nacional hacia el alcohol! ¿Captas lo que quiero decir?
Imaginar que cristianos como tú o yo somos personas misericordiosas puede requerir un esfuerzo muy grande, lo cual nos hace reflexionar en este Año Especial de la Misericordia, sobre lo que realmente implica ser misericordiosos.
En su declaración del Año Jubilar, el Santo Padre pronunció algunas frases conmovedoras como ésta,
¡Que el bálsamo de la misericordia llegue a todos, a los creyentes y a los distantes, como una señal de que el Reino de Dios ya está presente en medio de nosotros!»
Y, citando a Santo Tomás de Aquino:
Es propio de Dios el ejercer la misericordia y manifestar su omnipotencia particularmente de esta manera»
Y, en otra oportunidad, dijo:
La misericordia de Dios es la entrega amorosa para cada uno de nosotros. Él se siente responsable; es decir, que Él desea nuestro bienestar y quiere vernos felices, llenos de alegría y de paz. Este es el camino del amor misericordioso que los cristianos también debemos recorrer. Así como el Padre ama, también lo hacen sus hijos. Del mismo modo en que es misericordioso, así estamos llamados a ser misericordiosos el uno con el otro.»
Al igual que Dios es misericordioso, dice Papa Francisco, igual debemos ser nosotros. Estamos aquí en la tierra para ser un signo de la misericordia de Dios. Un signo miserable y tangible de su omnipotencia.
¿En serio? Porque esto suena difícil.
Es duro vivir nuestra vida cristiana de una manera más tangible; resulta más fácil pagar la cuota semanal de visitar la Palabra cada domingo.
Pero Dios exige más, sabemos esto, y el Santo Padre tiene la intención de reunirnos a nosotros los católicos responsables. Como Vicario de Cristo, él realiza un importante rol donde nos recuerda que debemos siempre avanzar por el camino que nos lleva a la grandeza. Genial, ¿no?
Así que estamos llamados a mostrar misericordia. Pero no lo hacemos. Ni siquiera en las pequeñas cosas.
Estamos llamados a mostrar misericordia a nuestros vecinos cuyas aceras solo cruzo en mi recorrido con el bebé en el cochecito, o cuando llevo a pasear al perro, pero no le ayudo a quitar la basura que el viento trajo hace dos días.
Estamos llamados a mostrar misericordia al gran caballero que se me adelanta en la fila, aunque hayamos estado formados desde hace media hora mi bebé y yo para pagar las provisiones de la cena de Nochebuena.
Estamos llamados a mostrar misericordia a la cajera cuya destreza en capturar los códigos deja algo que desear, también hacia la mesera que derrama, no solo una sino las dos bebidas calientes que pedí, y hasta con el sacerdote que canta muy desentonado durante la celebración.
Y, quizás lo más difícil de todo, estamos llamados a mostrar misericordia hacia nosotros mismos.
Aquí es donde debemos comenzar: «por la viga en nuestro propio ojo, y luego la astilla en nuestros vecinos»
Como cristianos debería ser evidente que estamos marcados por la misericordia, pero no es así. No somos, por desgracia, la gente con misericordia que hemos estado hablando.
No estamos, por desgracia, practicando la misericordia sin reservas a la que estamos llamados a tener. La verdad es que ni siquiera estamos cerca. Pero podemos empezar a movernos en esa dirección.
La víspera de Año Nuevo, a la luz de la misericordia que Cristo nos ha mostrado, y en el espíritu del Jubileo, podemos hacer el propósito de Año Nuevo que todo católico debe hacer: ¡Tener misericordia!
Y sí, al igual que la dieta que ha comenzado cada año durante una década, podría no durar. Pero tal vez, en un intento y con oración, este año podríamos lograrlo.
Tal vez, si todos trabajamos juntos, podremos reunir una manifestación tangible de la misericordia. Tal vez podamos empezar a cambiar nuestra reputación de Cristianos. Quizás…
Vale la pena intentarlo
