Meditación del Miércoles 09 de Julio 2014

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Meditación del Miércoles 09 de Julio 2014

 

El Santo de hoy
Verónica Giuliani, SantaEl Santo de hoy
Abadesa, 9 de julio

Hoy también se festeja a:
Nuestra Señora del Rosario de Chiquinquirá
Verónica Giuliani, Santa
Juana Scopelli, Beata
Nicolas Pieck y compañeros, Santos
Mártires de China (Agustín Zhao y compañeros), Santos

Autor: P. Pedro Barrajón, L.C. | Fuente: la-oracion.com
¿Pero Dios realmente nos escucha?
Lo que pasa es que con frecuencia no creemos del todo a las palabras de Jesús. Pensamos que Él se ha olvidado de nosotros.
¿Pero Dios realmente nos escucha?

No pocas personas cuando comienzan a orar o perseveran en un camino de oración se ponen la pregunta si realmente Dios les escucha o más bien toda la vida de oración es un producto de su mente, de su fantasía desorbitada, de su afán de que Dios realmente exista y nos oiga para poder ser consolados y así eludir el drama de la vida en su dureza y realismo. La oración no sería otra cosa que una pía consolación para nuestra existencia, muchas veces tan llena de dolores, sufrimientos, golpes, contratiempos, reveses.

Otros sí creen que Dios existe pero que Él está demasiado “ocupado” para poner atención a nuestras pequeñas cosas, que tienes Él otras muchas más importantes que las nuestras y que nuestras peticiones, a veces ridículas, no le interesan para nada.

La pregunta puede estar ahí en nuestro corazón como algo que lo corroe y le quita fuerzas. La duda puede surgir. Pero hay que responder con fuerza de modo afirmativo: ¡Sí, Dios sí nos escucha! Y el único modo que tenemos de saberlo es por la fe, a no ser que Dios quiera darnos algún signo especial en algún caso extraordinario.

Jesús lo ha dicho claramente en el Evangelio: “Pedid y se os dará, buscad y encontraréis, llamad y se os abrirá, porque el que pide, recibe, el que busca encuentra y al que llama se le abrirá” (Mt 7, 7-8). Él no dijo: “pedid y a lo mejor se os dará, buscad y es posible que encontraréis, llamad y quizás se os abrirá”. No dijo claramente que la petición será oída y tenida en cuenta. Claro todo lo que se pida como favor o gracia concreta que supera las formas ordinarias de acción divina y que son un milagro hay que hacerlo añadiendo: “si es ésta tu voluntad”.

Lo que pasa es que con frecuencia no creemos del todo a las palabras de Jesús. Pensamos que Él se ha olvidado de nosotros, que no le interesamos, que en el fondo que no nos ama. Eso es. Dudamos de su amor. Y no nos sentimos amados por Él. Y esto le duele mucho a Él, porque Él nos ama de un amor infinito. Él ha sido paciente con nosotros, ha sido amable, ha dado su vida por nosotros, nos ha dicho de mil modos que nos ama. Y luego nosotros dudamos de su amor. No le creemos. No lo aceptamos. Sin duda ninguna debe ser ésta una gran herida abierta en su Corazón.

Pero sí, Dios nos escucha. Escucha nuestras palabras, pero sobre todo escucha nuestro corazón, los quejidos de nuestro corazón, los gritos inenarrables de nuestro corazón. ¿Cómo no nos va a escuchar Él que vive en nosotros por la gracia? ¿Cómo no nos va escuchar quien ha querido dar su vida por nosotros? ¿Cómo no nos va a escuchar el que no espera más que un gesto nuestro para hacerse presente en nuestra vida?¡La fe es tan sencilla! Dios en realidad, ¡pide tan poco! No seamos incrédulos sino creyentes. Sintamos el gozo de sentirnos amados por Él, de sentirnos escuchados, de sentirnos sus hijos.

Autor: Andrea Tornielli | Fuente: vaticaninsider.lastampa.it
Francisco y las víctimas de la pederastia: el significado de un gesto
Un sacerdote que hace esto traiciona el Cuerpo del Señor, porque el sacerdote debe llevar a este niño o a esta niña a la santidad, y, en lugar de hacerlo, abusa de ellos…
Francisco y las víctimas de la pederastia: el significado de un gesto
Francisco y las víctimas de la pederastia: el significado de un gesto

Más allá de lo que el Papa y sus interlocutores se hayan dicho entre sí o de las palabras netas y claras de la homilía de la misa, el encuentro que se llevó a cabo en la Casa Santa Marta, alejado de los reflectores y de las telecámaras, es importante por el simple hecho de haberse llevado a cabo. Francisco rezó, habló y abrazó a seis personas que, cuando eran pequeñas, sufrieron abusos por parte de sacerdotes o religiosos. Son de Alemania, Gran Bretaña e Irlanda. Es la primera vez que sucede, por lo menos oficialmente, desde que Bergoglio fue elegido. Y es también significativo que estas personas, que han vivido marcadas por esos trágicos hechos, hayan sido recibidas en la casa del Papa y no al margen de algún viaje, lejos del Vaticano.

Francisco ha dicho y ha demostrado en diferentes ocasiones que pretende continuar siguiendo la línea marcada por su predecesor. El aporte de Joseph Ratzinger, antes como cardenal encargado de la Congregación para la Doctrina de la Fe y después como Pontífice, fue determinante. Han cambiado las normas jurídicas, se ha instaurado una legislación de emergencia, se han agilizado los procesos. Pero Benedicto XVI impulsó el cambio determinante con los gestos, a partir del que llevó a cabo en 2008 en Washington, en donde por primera vez se reunió con algunas víctimas de la pederastia clerical. Desde entonces, los encuentros se han multiplicado: de Estados Unidos a Australia, Reino Unido, Malta y Alemania.

No hay que menospreciar la importancia de estos gestos papales. Su alcance, de hecho, es mucho mayor de lo que parecería. Las leyes, las normas, son importantes para combatir el fenómeno. Pero esta plaga no podrá ser arrancada de raíz sin el cambio más importante, el de la mentalidad. Hasta que las víctimas y sus padres, en lugar de ser objeto de atención, cercanía y apoyo, sean vistos como potenciales enemigos de la buena reputación de la Iglesia (como, desgraciadamente, ha sucedido durante décadas), no cambiará nada.

Al recibir a las víctimas, después de haber celebrado la misa con ellas y para ellas, Papa Francisco demuestra una vez más la atención hacia los que han sufrido abusos y subraya la necesidad de continuar por el camino emprendido para garantizar la seguridad de los menores que frecuentan las parroquias. El actual obispo auxiliar de La Valletta, en Malta, Charles Scicluna (que colaboró durante una década con Ratzinger y creó una fuerza especial en el ex Santo Oficio especializada para contrarrestar estos delitos), dijo en 2001: «Si el abuso ha sido cometido por un sacerdote, la huella en la víctima será mucho más grande: hay una confianza espiritual hecha añicos, una fe asesinada».

Por este motivo era y es importante escuchar las historias de las víctimas, demostrarles cercanía y comprensión, como sucedió en Santa Marta por parte de un Papa que ha usado palabras durísimas en contra del fenómeno de los abusos: «Un sacerdote que hace esto traiciona el Cuerpo del Señor, porque el sacerdote debe llevar a este niño o a esta niña a la santidad, y, en lugar de hacerlo, abusa de ellos… Es como hacer una misa negra».

Pero, además de este gesto, Francisco también instituyó una comisión para la defensa de los menores, encomendada al cardenal Sean O’Malley, que se debe ocupar de los programas y de las intervenciones para combatir el fenómeno dentro de la Iglesia. Integran esta comisión cuatro mujeres, y, entre ellas, destaca la presencia de la irlandesa Marie Collins, que fue una víctima de abuso. Su presencia en Santa Marta, junto con las seis víctimas del encuentro de hoy, demuestra que la Iglesia seguirá caminando por la vía que emprendió Benedicto XVI.

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