Meditación del Martes 03 de Junio 2014

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Meditación del Martes 03 de Junio 2014

 

El Santo de hoy
Carlos Luanga y compañeros, SantosEl Santo de hoy
Mártires, Junio 3

Hoy también se festeja a:
Carlos Luanga y compañeros, Santos
Morando, Santo
Juan XXIII, Beato
Clotilde, Santa
Juan Grande Román, Santo

Autor: P. Fintan Kelly | Fuente: Catholic.net
Recibid el Espíritu Santo…
Cuando rezo, abro la ventana de mi alma al Espíritu y Él podrá influir en mi inteligencia, mi voluntad y mi corazón.
Recibid el Espíritu Santo...

Fruto de esta meditación:

Colaborar con el Espíritu Santo en nuestra santificación es escoger siempre el camino que nos enseña Jesucristo.

1. El don mayor de Cristo resucitado es el Espíritu Santo. Sus primeras palabras a sus apóstoles, reunidos en el cenáculo fueron: “Recibid el Espíritu Santo”. Era el cumplimiento de una promesa que les había hecho en la Última Cena: iba a mandar al Espíritu Consolador.

El Espíritu Santo les dio un poder espiritual: el de perdonar los pecados. Aquí vemos cómo el Espíritu Santo les da la facultad de hacer lo que Cristo hacía durante su vida. Es el Espíritu Santo quien les dará el poder de predicar y de santificar como hacía Cristo. La misión de la Tercera Persona es secundar la obra de Cristo, llevar a los hombres a transformarse en Cristo.

2. Ser devoto del Espíritu Santo es ser un hombre “espiritual”, que quiere decir dejarse guiar por Él, y no ser un hombre “carnal”, que significa dejarse arrastrar por las propias pasiones.

¿Hasta dónde me guía el Espíritu? El punto de llegada siempre es el mismo: Cristo. Cristo era el hombre del Espíritu porque siempre se dejaba iluminar por sus inspiraciones.

¿Cómo sé que me estoy dejando “mover” por el Espíritu? Es muy fácil: cada vez que opto por el bien y rechazo el mal, estoy colaborando con Él. Donde hay un ser humano que está haciendo el bien, allí está obrando el Espíritu de Dios.

3. ¿Cómo aumentar el influjo del Espíritu Santo en mi vida? Cada vez que recibo un sacramento el Espíritu Santo viene a mi alma. El acercarme frecuentemente al sacramento de la reconciliación y a la Eucaristía es una manera óptima para incrementar su presencia dentro de mi.

Cuando una persona ora abre la ventana de su alma al Espíritu. Así Él podrá influir en mi inteligencia, mi voluntad y mi corazón. Dios no rehusa su gracia a la persona que se dispone a recibirla.

Propósito:

Revisar mi vida para ver si soy un “hombre espiritual” o un “hombre carnal”.

El Papa en Sta. Marta: el matrimonio cristiano debe ser fiel, perseverante y fecundo

Francisco ha hablado de las características de un auténtico matrimonio cristiano durante la homilía de esta mañana en la misa de la Casa Santa Marta. “Fiel, perseverante y fecundo”, son las características del amor que Jesús tiene hacia la Iglesia, su Esposa; así como son también las características del matrimonio cristianos.
Unas quince parejas, quince historias matrimoniales, de familia, que comenzaron hace 25, 50 y 60 años se encontraban hoy frente al altar, junto con el papa Francisco, para dar gracias a Dios por su camino. Ha sido una escena insólita en la capilla de la Casa Santa Marta, que ha ofrecido al Papa la ocasión de reflexionar sobre los tres pilares que en la visión de la fe deben sostener un amor conyugal: fidelidad, perseverancia, fecundidad. Modelo de referencia, explica el Papa, son los “tres amores de Jesús” por el Padre, por la Madre, por la Iglesia. “Grande” es el amor de Jesús por esta última, ha afirmado el papa Francisco. “Jesús se casó con la Iglesia por amor”. Es “su esposa: bella, santa, pecadora, pero la ama igual”, ha añadido. Y su forma de amarla demuestra las “tres características” de este amor.

Lo ha explicado así: “es un amor fiel; es un amor perseverante, no se cansa nunca de amar a su Iglesia; es un amor fecundo. ¡Es un amor fiel! ¡Jesús es el fiel! San Pablo, en una de sus Cartas, dice: ‘Si tú confiesas a Cristo, Él te confesará a ti, delante del Padre; si tú reniegas a Cristo, Él te renegará a ti; si tú no eres fiel a Cristo, Él permanece fiel, porque ¡no puede renegarse a sí mismo!’ La fidelidad es precisamente el ser del amor de Jesús. Y el amor de Jesús en su Iglesia es fiel. Esta fidelidad es como una luz sobre el matrimonio. La fidelidad del amor. Siempre”.

Fiel siempre, pero también incansable en su perseverancia. Precisamente como el amor de Jesús por su Esposa. Por ello, el Pontífice ha explicado que “la vida matrimonial debe ser perseverante, de ser perseverante. Porque al contrario el amor no puede ir adelante. La perseverancia en el amor, en los momentos bonitos y en los momentos difíciles, cuando hay problemas: los problemas con los hijos, los problemas económicos, los problemas aquí, los problemas allí. Pero el amor persevera, va adelante, siempre buscando resolver las cosas, para salvar la familia. Perseverantes: se alzan cada mañana, el hombre y la mujer, y llevan adelante la familia”.

El tercer rasgo comentado por el Santo Padre ha sido la “fecundidad”. El amor de Jesús “hace fecunda la Iglesia con nuevos hijos, bautismos, y la Iglesia crece con esta fecundidad nupcial”. Asimismo, ha subrayado que en un matrimonio esta fecundidad puede ser a veces puesta a prueba, cuando lo hijos no llegan o están enfermos. En estas pruebas, ha añadido, hay parejas que “miran a Jesús y toman la fuerza de la fecundidad que Jesús tiene con su Iglesia”. Mientras, del lado opuesto, “hay cosas que a Jesús no le gustan”, los matrimonios estériles por elección.

Y concluye el Papa: “estos matrimonios que no quieren hijos, que quieren quedar sin fecundidad. Esta cultura del bienestar de hace diez años que nos ha convencido: ‘¡Es mejor no tener hijos! ¡Es mejor! Así tú puedes ir a conocer el mundo, de vacaciones, puedes tener una casa en el campo, tú estás tranquilo…’ Pero es mejor quizá -más cómodo- tener un  cachorro, dos gatos, y el amor va a los dos gatos y al cachorro. ¿Es verdad o no esto? ¿Lo habéis visto vosotros? Y al final, este matrimonio llega a la vejez en soledad, con la amargura de la mala soledad. No es fecundo, no hace lo que hace Jesús con su Iglesia: la hace fecunda”.

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