Evangelio Meditado martes 15 de octubre 2013

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Evangelio Meditado martes 15 de octubre 2013

 

 

Estimados amig@s, hoy celebramos a Santa Teresa de Jesús, Doctora de la Iglesia, y en ocasión a ello hemos agregado al Evangelio de hoy una breve descripción de algunas de las “Teresas” famosas  que han existido.

 

 

 

Aprovechamos el presente para disculparnos ya que nos han comentado algunas personas que estos mensajes llegan con un día de demora a sus correos, estamos trabajando en ello ya que el servidor envía los mensajes atrasados,  puesto que maneja horario web internacional, por lo que estamos solicitando lleguen el mismo día de su publicación, disculpen las molestias.

 

El Santo de hoy
Teresa de Jesús (de Ávila), SantaEl Santo de hoy
Doctora de la Iglesia, 15 de octubre

Hoy también se festeja a:
Gonzálo de Lagos, Beato
Aurelia de Estrasburgo, Santa
Magdalena de Nagasaki, Santa
Sofía (Suia), Santa
Tecla de Kitzingen, Santa

Autor: María Esther de Ariño | Fuente: Catholic.net
Vidas de fe…las tres Teresas
En este mes de octubre las recordamos porque siempre estarán presentes, como seres humanos ejemplares de vidas de fe.
Vidas de fe...las tres Teresas

Ya no están.

Estuvieron en el concierto de la Humanidad, les tocó estar en diferentes épocas, en diferentes siglos.

Ya no están pero permanecen.

Permanecen entre nosotros por la huella que dejaron, porque sus vidas fueron transcendentales y la luz de sus almas de trayectoria inconmensurable y pura, no se podrá apagar jamás.

El nombre de TERESA fue el de las tres.

La primera, Teresa de Ávila, España, en marzo de 1515 siglo XVI.

La segunda Teresa nació en Alencón, Francia, en enero de 1873 y a los 16 años entra de novicia en el Convento de las Carmelita de Lisieux y toda la aventura y recorrido de su vida la tenemos hace ya dos siglos.

La tercera Teresa nace en Skopje, hoy Macedonia, en agosto de 1910. Su primer nombre, Agnes Gonxha Bojaxha , que luego , al entrar a los 18 años al Convento, cambia por el de Teresa.

El nombre de Teresa tiene magia para ella pues si grande y admirable fue Teresa de Ávila, no menos fue Teresa de Lesieux, que sin salir del Convento es proclamada Patrona de las Misiones por su celo y ardiente afán, en su vida consagrada a orar por las misiones y misioneros en lejanas tierras.

Una fue TERESA DE JESÚS, otra TERESITA DEL NIÑO JESÚS y la tercera, MADRE TERESA DE CALCUTA. Las tres siguieron los pasos del Maestro amado. Las tres vivieron enamoradas y rendidas a ese apasionamiento por Jesús.

A la primera se le atribuye un diálogo, hermoso y muy conocido, con Cristo. Le pregunta Jesús: – “Tú, ¿quién eres? Ella responde :- “Yo, Teresa de Jesús.. ¿y tú? Responde Él:- “Yo, Jesús de Teresa”.

Teresa de Ávila tuvo una vida activa, profundamente humana y espiritual.
Teresita del Niño Jesús tuvo una vida breve, dulce, angelical y de salud muy quebrantada.
La Madre Teresa de Calcuta tuvo una vida larga, entregada y plena de generosidad, pero con la misma tónica de cumplimiento: la heroicidad de sus virtudes, de su fe y de su amor.

Teresa de Jesús, fuerte y tenaz, libro de texto del espíritu, fruto de experiencia e iluminación con estilo clásico y genial.
Teresita, luz de un alma enamorada, miniatura primorosa quebrada por mortal enfermedad y grandes sufrimientos físicos. Espíritu lírico, y llena de gracia.
Madre Teresa, alma gigante en envoltura pequeña , plena de amor y donación total de si misma.

Ellas son encarnaciones magníficas de espiritualidad que las hacen “imán del mundo”. Ascetismo dictatorial hasta llegar a la nada en lo humano para que el alma tenga capacidad para TODO LO DIVINO.

Santas las tres Teresas… pero de carne y hueso. No son ángeles ni seres venidos de alguna otra dimensión. Nacieron en familias como las nuestras, con padres y hermanos como pueden ser los de cualquier hogar, quizá no tan cualquiera, pues en sus hogares aprendieron a orar y a amar a Dios. Ahí puede radicar la diferencia. En eso puede descubrirse el secreto de sus vidas: la oración.

La oración las llevó a una relación con Dios poco común. Fueron fieles a los designios del Señor. Abrieron las puertas del alma para dejar entrar al BIEN AMADO.

La oración fue su escudo, su fuerza, su refugio, su lanza para luchar contra muchas y diferentes tentaciones y sufrimientos. Fue la fuente para dar de beber al sediento, el valor para tener los pies cansados y polvorientos y el alma en las alturas, para acariciar las carnes enfermas de los moribundos, para hacer de la enfermedad y de los dolores un incienso perfumado en alabanza a Dios. La oración las colocó en “contacto directo” con Jesucristo y con la Santísima Virgen y fue el “ancla” más poderosa y mejor en sus vidas de fe.

¿Qué nos pasa a nosotros que no oramos?

Las tres Teresas nos están dando la clave y el grandioso ejemplo de sus vidas. Ellas se fueron pero están presentes y nos dejaron el testimonio de todo lo maravilloso y fascinante que puede ser un alma humana.

En este mes de octubre las recordamos porque siempre estarán presentes, como seres humanos ejemplares de VIDAS DE FE y almas inmensamente grandes.

Autor: Ignacio Sarre | Fuente: Catholic.net
No importa lo exterior
Lucas 11, 37-41. Tiempo Ordinario. Que las buenas obras broten de nuestro interior, de cara a Dios.
No importa lo exterior

Del santo Evangelio según san Lucas 11, 37-41

En aquel tiempo, después de que Jesús hubo terminado de hablar un fariseo le rogó que fuera a comer con Él; entrando, pues, se puso a la mesa. Pero el fariseo se quedó admirado viendo que había omitido las abluciones antes de comer. Pero el Señor le dijo: ¡Bien! Vosotros, los fariseos, purificáis por fuera la copa y el plato, mientras por dentro estáis llenos de rapiña y maldad. ¡Insensatos! el que hizo el exterior, ¿no hizo también el interior? Dad más bien en limosna lo que tenéis, y así todas las cosas serán puras para vosotros.

Oración introductoria

Padre, tu que ves en lo secreto y lo conoces todo, ayùdame a no dar importancia a lo exterior, que cada dìa pueda llenar mi corazòn de tu amor.

Petición

Jesús, llèname de tu amor para nunca juzgar lo que hacen los demás y preocuparme para que mis obras estèn llenas de bondad.

Meditación del Papa Francisco

Así hay que salir a experimentar nuestra unción, su poder y su eficacia redentora: en las “periferias” donde hay sufrimiento, hay sangre derramada, ceguera que desea ver, donde hay cautivos de tantos malos patrones.
No es precisamente en autoexperiencias ni en introspecciones reiteradas que vamos a encontrar al Señor: los cursos de autoayuda en la vida pueden ser útiles, pero vivir nuestra vida sacerdotal pasando de un curso a otro, de método en método, lleva a hacernos pelagianos, a minimizar el poder de la gracia que se activa y crece en la medida en que salimos con fe a darnos y a dar el Evangelio a los demás; a dar la poca unción que tengamos a los que no tienen nada de nada.
El sacerdote que sale poco de sí, que unge poco – no digo “nada” porque, gracias a Dios, la gente nos roba la unción – se pierde lo mejor de nuestro pueblo, eso que es capaz de activar lo más hondo de su corazón presbiteral. (S.S. Francisco, 28 de marzo de 2013).

Reflexión

El Señor reprende a los fariseos porque quiere ayudarles a ver que viven en la hipocresía, que de nada les valen sus “buenas obras” y su observancia de la ley, si por dentro están sucios.

Un hombre captó en profundidad este mensaje de Cristo y entonces dijo: “Quiero escribir el libro de mi vida, no de cara a los hombres, sino cara a cara con Dios”.

Descubrió que no vale la pena vivir fingiendo, vivir de apariencias, para crearse una buena imagen ante los demás, porque podemos engañar a los hombres, e incluso a nosotros mismos. Pero no a Dios, que ve en lo secreto y lo conoce todo.

Descubrió la insatisfacción y el desasosiego en que se vive cuando hay dualidad e hipocresía, cuando se vive con una máscara, se sonríe por fuera y se llora amargamente en el interior. Se dejó convencer al sentir la paz que deja la autenticidad y la coherencia de vida.

Propòsito

Que las buenas obras broten de nuestro interior, de nuestro amor a Dios y al prójimo, que nacen del corazón. Que nuestra intención no sea impresionar a los hombres, sino sencillamente agradar a Dios y ser un testimonio alentador para los que nos rodean.

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