Publicado por en Jun 20, 2014 en Noticias | Comentarios desactivados en

 

El Santo de hoy
Mártires InglesesEl Santo de hoy
Fiesta, junio 20

Hoy también se festeja a:
Elia o Eliada de Ohren, Santa
Margarita Ebner, Beata
Nuestra Señora de la Consolación

Autor: Carlos Llaca | Fuente: Catholic.net
Acumular riquezas en el cielo
Mateo 6, 19-23. Tiempo Ordinario. Cristo sea nuestro único tesoro por el cual lo demos todo.
Acumular riquezas en el cielo

Del santo Evangelio según san Mateo 6, 19-23

No acumuléis riquezas en este mundo; las riquezas de este mundo se apolillan y se echan a perder y los ladrones entran y las roban. Más bien acumulad riquezas en el cielo, donde Pues donde tengas tus riquezas, allí tendrás también el corazón. Los ojos son la luz del cuerpo. Si tus ojos son limpios, todo tú serás luminoso; pero, si en tus ojos hay maldad, todo tú serás oscuridad. Y si lo que en ti debería ser luz no es más que oscuridad, ¡qué negra será tu propia oscuridad!

Oración introductoria

Ven, Espíritu Santo, llena mi corazón con el fuego de tu amor para que esta oración me ayude a desprenderme de mí mismo, a desapegarme de todo lo material, y a considerar todo como basura y pérdida con tal de ganarte a Ti.

Petición

Jesús, dame un corazón pobre y libre de egoísmo para que puedas reinar en mí.

Meditación del Papa Francisco

Yo os haría dos preguntas: la primera, todos vosotros, ¿tenéis un corazón deseoso, un corazón que desea? Pensad y responded en silencio en vuestro corazón. Tú, ¿tienes un corazón que desea o tienes un corazón cerrado, un corazón dormido, un corazón anestesiado por las cosas de la vida? El deseo, ir adelante al encuentro con Jesús. Y la segunda pregunta: ¿dónde está este tesoro, lo que tú deseas? Porqué Jesús nos ha dicho que donde está vuestro tesoro, allí estará vuestro corazón. Y yo pregunto: ¿dónde está tu tesoro? ¿Cuál es para ti la realidad más importante más preciosa, la realidad que atrae a mi corazón como un imán? ¿Qué atrae tu corazón? ¿Puedo decir que es el amor de Dios? ¿Qué es el querer hacer bien a los demás? ¿De vivir por el Señor y nuestros hermanos? ¿Puedo decir esto? Cada uno responde en su corazón. (S.S. Francisco, 11 de agosto de 2013). .

Reflexión

En este pasaje evangélico, Jesús quiere enseñarnos la manera de cómo debemos actuar en este mundo para ganarnos el cielo, que es con obras que produzcan buen fruto y también purificando nuestro corazón para amarle a Él en vez del mundo y sus placeres.

Las cosas que hagamos en esta tierra deben estar hechas según Dios, siguiendo sus designios y quereres. No es lo mismo hacer una gran obra de caridad o un muy buen servicio a alguien con el mero objeto de aparecer como el hombre más caritativo o servicial ante los demás, a realizar estos mismos actos con la intención de ser visto sólo por Dios sin querer recibir alabanzas o elogios de parte de los hombres sino con la actitud de darle gloria y agradarle con esas acciones.

La pureza de intención es necesaria para que nuestras obras tengan valor ante los ojos de Dios. Y Él nos dará nuestro justo pago por esas buenas acciones. Nada de lo que hagamos quedará sin recompensa. Sea bueno o malo. Y esa recompensa la recibiremos sea aquí en la tierra o en el cielo.

Para obrar así se requiere que nuestro corazón esté atento a las oportunidades que se nos presentan. Es verdad lo que Cristo dice acerca del corazón. Por ejemplo, está el testimonio de muchos santos que pusieron todo su corazón en los bienes del cielo y obraron de acuerdo a ello. Porque el cielo y Dios era su tesoro. Y así ganaron la eterna compañía de Dios porque toda su persona y su corazón estaban fijos en el cielo.

Purifiquemos, pues, nuestro corazón para que Cristo sea nuestro único tesoro por el cual lo demos todo.

Propósito

Esta semana daré ese donativo que he venido posponiendo y del que no he querido desprenderme.

Diálogo con Cristo

Señor Jesús, si no soy generoso en el apostolado, en la donación de mi tiempo y en el servicio desinteresado a los demás y a la Iglesia, es porque no te he dado el lugar que te corresponde en mi vida. No he sido dócil a tus inspiraciones ni he sabido aprovechar tu gracia. Pero hoy es un nuevo día, una nueva oportunidad, para dejar todas las ataduras atrás y con gran confianza y alegría crecer en el amor.

Autor: P. Fernando Pascual LC | Fuente: Catholic.net
Manos amigas después de un fracaso
En el camino de la vida existen bálsamos que tonifican y dan paz. Llegan desde el corazón mismo de Dios.
Manos amigas después de un fracaso

Casi todos cometemos errores y llegamos a la experiencia del fracaso. Por imprudencia o por prisas, por ser crédulos o por considerarnos invulnerables, por ambiciones o por pereza, por soberbia o por ignorancia.

Tras el fracaso, sobre todo si llega a ser conocido por otros, surge una pena más o menos intensa en el alma. Perdimos una ocasión, dañamos a un ser querido, obstaculizamos el trabajo en la oficina, provocamos gastos perfectamente evitables. Llega la hora de pagar los platos rotos…

En esos momentos, resulta una bendición encontrar a nuestro lado manos amigas. Llegan desde rostros y corazones que comprenden, que respetan, que esperan, que buscan el bien.

Es cierto que también podemos encontrar otras manos que disfrutan por nuestro fallo, que lanzan nuevas piedras al corazón herido, que reprochan con dureza despiadada, que desprecian a quien cae derrotado. Esas manos hieren profundamente, humillan, incluso aumentan los daños del fracaso.

Pero incluso esas manos agresivas quedan neutralizadas ante las otras manos, las de un amigo, un familiar, un compañero bueno. Porque el bien es mucho más fuerte que el mal. Porque el amor y la misericordia cubren una multitud de pecados (cf. 1Pe 4,8). Porque el corazón recupera la paz y sigue adelante gracias a tantas almas magnánimas, acogedoras, honestas, compasivas.

En el camino de la vida existen bálsamos que tonifican y dan paz. Llegan desde el corazón mismo de Dios, que es bueno y quiere lo mejor para sus hijos. Llegan desde hombres y mujeres que irradian ternura y amistad sincera. Llegan en esos momentos oscuros en los que hace falta oxígeno, paciencia, ayuda y cercanía respetuosa y tierna.

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P. Fernando Pascual LC

 

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